Trabajan en proyecto genético contra el trafico de especies

26 Abr 2014.


El Proyecto de Códigos de Barras de la Vida Silvestre (BWP, por sus siglas en inglés) es una iniciativa internacional que busca crear una biblioteca de referencia de secuencias de ADN, para la identificación de organismos que son objeto de tráfico. A algunas especies les quitan ciertas partes, como las plumas, o las venden en polvo o cuando todavía no han desarrollado sus características distintivas, explicó la doctora Virginia León Régagnon, del Instituto de Biología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).


En 2003 Paul Hebert, de la Universidad de Guelph, en Canadá, propuso una herramienta para la identificación de especies, inspirada en los códigos de barras de los productos que se venden en los supermercados. Se dedicó a comparar secuencias de muchos fragmentos de ácido desoxirribonucleico (ADN) de varias especies para encontrar una región que fuera constante entre ellas, y a la vez lo suficientemente variable para reconocer a cada una; al obtener una secuencia de ADN del fragmento apropiado y al compararla con otras ya registradas, se puede identificar al organismo.

Para los animales se utiliza el gen que codifica la proteína citocromo c oxidasa, ya que es del mismo tamaño en todos los animales y se ha planteado que un fragmento de 650 nucleótidos –moléculas que forman al ADN– de dicho gen presenta suficiente variación, lo que permite a los investigadores discernir entre dos especies cercanamente emparentadas. En el caso de las plantas se ha detectado que este fragmento no funciona, por lo cual se emplea un par de genes localizado en el cloroplasto y para los hongos, uno llamado ITS.

“Cada grupo de organismos tiene marcadores específicos que funcionan como códigos de barras genéticos para identificar especies que están emparentadas”, señaló la investigadora. Los códigos genéticos son la secuencia de un fragmento corto y estandarizado de ADN que se puede obtener de cualquier tejido (hojas, músculo, piel, plumas o pelo). Cuando los organismos son traficados en pedazos, como las aletas de tiburón, o en polvo, como a los caballitos de mar, con un trozo de tejido o un poco de polvo se puede hacer la identificación genética.

Los reptiles y anfibios son uno de los grupos sujetos al tráfico en México, por lo que León Régagnon trabaja junto con su equipo en la construcción de una biblioteca de referencia de códigos de barras de esos animales. En dicho proyecto colaboran las autoridades de la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de Flora y Fauna, que en el país están representadas por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio), como autoridad científica; la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, y la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales.

“Colaboramos con ellos y definimos 200 especies prioritarias, pero además vamos a incluir 800 que se parecen a esas 200, y pueden ser confundidas cuando se requiera identificarlas, porque son vendidas ilegalmente; por lo tanto va a ser una biblioteca de referencia de mil especies”, precisó la investigadora.

Se seguirán estándares
La Policía Federal, en su división científica, y la Procuraduría General de la República, también están involucradas en el proyecto con el fin de que la biblioteca de referencia siga los estándares necesarios y pueda ser utilizada para procesar evidencia en casos criminales, ya que el comercio ilegal de especies, señala Conabio, en su Cuarto Informe Nacional de México al Convenio sobre Diversidad Biológica del 2009, es una de las causas de pérdida de biodiversidad en el país.

En el momento en que la biblioteca de referencia de códigos genéticos de anfibios y reptiles mexicanos esté lista, será necesario determinar protocolos para la toma de muestras en el lugar de los hechos y llevarlas bajo una cadena de custodia, para que sea analizada en un Laboratorio Forense de Vida Silvestre, mismo que no existe en México, reconoció León Régagnon.

En 2005 México adoptó el proyecto internacional de Códigos de Barras de la Vida (iBOL, por sus siglas en inglés), y se integró por medio del Instituto de Biología de la UNAM al Consorcio de Códigos de Barras de la Vida (CBOL, por sus siglas en inglés), organismo encargado de promover el uso de esta herramienta y de la construcción de una base de datos global de códigos de barras.

Hace un año Google otorgó el premio Global Impact al CBOL con el fin de que desarrollara un proyecto internacional en el que se utilizaran los códigos genéticos para tratar de controlar el tráfico de especies, y es así como surge el Proyecto de Códigos de Barras de la Vida Silvestre.


Fuente: La jornada
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