El cortisol como marcador biológico de la depresión en adolescentes


Un equipo de neurocientíficos británicos ha encontrado una asociación dinámica entre los niveles altos de la hormona cortisol y la depresión crónica, especialmente entre muchachos adolescentes.

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La depresión clínica es una enfermedad grave y común, que se caracteriza principalmente por un estado de ánimo persistentemente bajo y la falta de placer en actividades normalmente placenteras, lo que resulta en un deterioro significativo en la vida diaria. También implica alteraciones en las funciones cognitivas y hormonales. Existe una variación sustancial entre los individuos deprimidos en términos de las causas y la respuesta terapéutica, por lo que es difícil identificar a quienes tienen más probabilidades de beneficiarse de la intervención y el tratamiento.

El cortisol (hidrocortisona) es una hormona glucocorticoide, producida por la zona fasciculata de la glándula suprarrenal. Es liberada en respuesta al estrés y los niveles bajos de glucocorticoides en la sangre. Sus funciones principales son aumentar los niveles de azúcar en la sangre a través de la gluconeogénesis, suprimir el sistema inmunológico y ayudar en el metabolismo de la grasa, las proteínas y de los carbohidratos.


Investigadores de la Universidad de Cambridge (Reino Unido; www.cam.ac.uk) trataron de identificar marcadores bioquímicos que podrían estar asociados a la depresión. Con este fin, midieron los niveles de cortisol en muestras de saliva obtenidas a partir de dos grupos de adolescentes. El primer grupo de 660 individuos proporcionó muestras en cuatro mañanas escolares dentro de una semana y luego de nuevo 12 meses después. Un segundo grupo de 1.198 adolescentes dio muestras durante tres mañanas escolares. Durante el período de tiempo, se pidió a los participantes que llenaran un cuestionario diseñado para revelar los síntomas de la depresión.

Los participantes fueron divididos en cuatro subgrupos determinados por la combinación de resultados de cortisol con los datos de los cuestionarios. El grupo I estaba compuesto por individuos con niveles normales de cortisol y bajos síntomas de depresión, mientras que el Grupo IV estaba compuesto por aquellos con cortisol elevado y síntomas graves de la depresión. Los resultados del análisis mostraron que los del grupo IV fueron, en promedio, siete veces más propensos que aquellos en el grupo I, y de dos a tres veces más propensos que en los otros dos grupos, de desarrollar depresión clínica. Un análisis posterior mostró que los niños en el grupo IV tenían 14 veces más probabilidad de desarrollar depresión clínica que aquellos en el grupo I, y de dos a cuatro veces más probabilidades de desarrollarla que los varones en cualquiera de los otros dos grupos.

“La depresión es una enfermedad terrible”, dijo el autor principal, el Dr. Ian Goodyer, profesor de psiquiatría de los adolescentes en la Universidad de Cambridge. Y ahora tenemos una manera muy real de identificar a los adolescentes con mayor probabilidad de desarrollar depresión clínica. Armado con esos conocimientos, los médicos y otros prestadores de salud podrían orientar las estrategias de prevención en los niños vulnerables a la depresión y esperanzadoramente ayudar a reducir su riesgo de episodios graves de la depresión y sus consecuencias en la vida adulta”.


Fuente: Infobioquímica
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