Desentrañando el laberinto del lupus

LupusSe trata de una enfermedad autoinmune que afecta a 28.000 personas en Argentina. Una docente e investigadora de la UNL explica cómo trabaja la ciencia para encontrar tratamientos para estas dolencias.

El lupus es una enfermedad silenciosa, que ataca de a poco el cuerpo humano y deja rastros que confunden a los médicos a la hora de dar un diagnóstico. Las personas que la padecen tienen síntomas variados como dolores articulares, fatiga, erupciones en la piel, anemia, sensibilidad a la luz, problemas de coagulación de la sangre y hasta convulsiones o ataques.

Asociada en la antigüedad con los lobos, (el término lupus significa “lobo” en latín), la enfermedad es autoinmune y se produce cuando el sistema de defensa de un individuo genera una reacción contra sus propias células o tejidos. 

“Existe una gran variedad de enfermedades autoinmunes dependiendo del blanco hacia el cual el sistema dirija su ataque. Por ejemplo, si este blanco se encuentra en la glándula tiroides, la enfermedad será una tiroiditis; si se encuentra en los glóbulos rojos, se podrá producir un tipo de anemia. Cuando el blanco se encuentra simultáneamente en diferentes órganos, la patología que se produce es más generalizada, como es el caso del Lupus Eritematoso Sistémico (LES), que afecta múltiples órganos y sistemas”, explica la Dra. Carolina Veaute, docente e investigadora del Laboratorio de Tecnología Inmunológica de la Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas (FBCB) de la Universidad Nacional del Litoral (UNL). 

En la Argentina se calcula que hay aproximadamente 28.000 personas con lupus, la mayoría mujeres, ya que si bien afecta a ambos sexos, según datos de la Asociación Lupus Argentina, la enfermedad es 10 a 15 veces más frecuente entre mujeres adultas que entre hombres. 

Aunque se trata de una enfermedad crónica benigna, hay casos en que puede causar problemas serios y afectar la vida. La clave para evitar su avance es un diagnóstico a tiempo, algo que no resulta tan sencillo. “Si tenemos en cuenta las numerosas formas de presentación de las enfermedades autoinmunes, es fácil reconocer las dificultades que presenta realizar un diagnóstico”, indica Veaute.

“Esta dificultad está relacionada con una serie de factores. En primer lugar, los síntomas iniciales son relativamente inespecíficos y comunes con otras patologías. A la vez, dado que una gran variedad de órganos pueden estar involucrados, algunos pacientes pueden presentar síntomas muy variados, dependiendo del órgano afectado. Finalmente, la falta de conocimiento y de concientización respecto a estas enfermedades, lleva a que, en muchos casos los pacientes recurran a numerosos especialistas y transcurra mucho tiempo hasta que la enfermedad sea diagnosticada adecuadamente”. 

¿Predisposición o exposición?

Al igual que sucede con otras enfermedades autoinmunes, en el caso del lupus se desconocen las causas que la generan. Sin embargo, en los últimos años se logró detectar ciertos factores ambientales que están asociados con la aparición de la enfermedad.

“Se sabe también que existe relación con la presencia de ciertos genes, lo que estaría indicando una predisposición genética”, indica Veaute. “Otro posible mecanismo, se relaciona con infecciones, en las que el agente infeccioso podría presentarle al sistema inmune componentes que son muy similares a los del propio individuo. A su vez, si esta infección produce un daño en el tejido, se liberan componentes tisulares que, en medio de una inflamación, son considerados potencialmente peligrosos por el sistema inmune y éste decide generar una respuesta hacia ellos”.

La investigadora agrega que en el caso del LES, al ser más frecuente en mujeres que en hombres, posiblemente las hormonas femeninas jueguen un rol importante en el desarrollo de la enfermedad. “En la actualidad se acepta que estas enfermedades son multifactoriales y que se asocian a un conjunto de factores desencadenantes”.

Estrategias terapéuticas 

Tal como sucede con muchas enfermedades autoinmunes o con el cáncer, los investigadores no hablan de cura sino de remisión. “En el caso del LES, que involucra a varios órganos, se aplican terapias que reprimen la actividad del sistema inmune, es decir, drogas inmunosupresoras, como son los corticoides”.
En los últimos años, gracias a los avances en el campo de la inmunología y la biotecnología, se desarrollaron nuevas estrategias terapéuticas que, en muchos casos redujeron las enfermedades a una dolencia crónica y no mortal.

En particular Veaute destaca el desarrollo de anticuerpos monoclonales adaptados para poder ser administrados a humanos. “Estos compuestos son proteínas producidas en el laboratorio que actúan sobre una célula blanco y presentan menos efectos secundarios no deseados gracias a su alta especificidad”.

“En la actualidad, se encuentran disponibles anticuerpos monoclonales dirigidos hacia componentes del sistema inmune que son responsables de los síntomas de la enfermedad. Por ejemplo, un monoclonal dirigido hacia una molécula de la superficie de linfocitos B (un tipo de células del sistema inmune relacionado con la producción de anticuerpos), es usado para el tratamiento de artritis reumatoidea con éxito y se está investigando su aplicación al tratamiento del LES. Con este mismo enfoque, otras estrategias terapéuticas se encuentran en etapas de diseño y evaluación”. 

La investigadora agrega que cualquiera sea el enfoque terapéutico adoptado, en este tipo de enfermedades resulta igualmente importante avanzar sobre los métodos de diagnóstico y pronóstico. 

Hacia el futuro Veaute destaca que resulta imprescindible que la ciencia básica avance tanto en el sentido del desarrollo de nuevos enfoques terapéuticos, como en la identificación de marcadores bioquímicos, inmunológicos o genéticos que permitan realizar un diagnóstico temprano y que también puedan ser utilizados como pronósticos de respuesta al tratamiento.


Fuente: Infobioquímica 
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