Análisis de sangre podría predecir la velocidad de recuperación tras una cirugía

El estudio halló que un nivel alto de actividad en ciertos glóbulos blancos predecía una peor recuperación en las personas que acababan de someterse a una cirugía de reemplazo de cadera.

Los investigadores planifican evaluar estos hallazgos con otras operaciones, para ver si pueden ser duplicados. Si es así, esperan desarrollar un análisis sanguíneo sencillo y barato que podría guiar a pacientes y a médicos en la predicción de la recuperación y en la planificación de la atención médica tras una operación, según el investigador líder, el Dr. Brice Gaudilliere, profesor clínico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.

“Sorprendentemente, no hay mantera de decirle a un paciente cuánto tiempo tardará en recuperarse”, comentó. “Cada año, más de cien millones de pacientes se someten a cirugías en Estados Unidos y Europa. Así que no estamos estudiando algo que sea poco común”, añadió.

Para el estudio, el equipo de Gaudilliere analizó la recuperación de 32 pacientes que se sometieron a una cirugía de reemplazo de cadera. Se eligió a esos pacientes porque no tenían ninguna otra afección médica que hubiera podido afectar a los resultados.

Algunos pacientes se recuperaron en cinco a siete días, pero otros tardaron un mes o más en recuperarse, comentó Gaudilliere. La recuperación se midió según qué tan rápidamente se redujeron la fatiga y el dolor, y mejoró la función de la cadera.

Para ver si podían predecir la recuperación de los pacientes, los investigadores midieron la actividad de un grupo especial de glóbulos blancos. Esas células tienen un rol en qué tan bien sana el cuerpo tras un traumatismo, explicó Gaudilliere. Provocan inflamación, que al principio es algo bueno y puede ayudar a la sanación, pero un exceso de inflamación puede impedir la recuperación, según los autores del estudio.

Los investigadores hallaron que cuando esas células tenían mucha actividad el día después de la cirugía, los pacientes tardaban más en recuperarse que si la actividad era baja o se había reducido.

“Su nivel de actividad se correlacionó de forma muy firme con cómo se recuperaron los pacientes de la cirugía. Mientras más activas están esas células, peor es la recuperación”, afirmó Gaudilliere.

“Si alguien se va a someter a una cirugía mayor, debe prepararse para la recuperación”, explicó. “Hasta ahora, no hay mucho que nadie pueda decir. En el futuro, quizá los pacientes sepan cuánto tardarán en recuperarse”, dijo.

El informe aparece en la revista Science Translational Medicine (DOI: 10.1126/scitranslmed.3009701).

La Dra. Cathy Burnweit, jefa de cirugía pediátrica del Hospital Pediátrico de Miami, dijo que “dado que hay determinantes genéticos para casi todas las características humanas, es de esperar que la recuperación tenga una firma característica”.

Burnweit cree que conocer la base biológica de la recuperación podría conducir a formas de cambiarla y mejorar la recuperación tras un traumatismo.

Se trata de un estudio muy inicial sobre las complejidades del proceso de sanación, señaló. “Es un primer paso, pero ahora podemos observar el patrón de recuperación y alterarlo para intentar que todo el mundo imite la mejor recuperación”, sugirió Burnweit.

No está claro si la actividad de esas células está genéticamente determinada en los sistemas inmunitarios de los pacientes, o si su actividad es una respuesta al trauma, comentó Gaudilliere.

Según Gaudilliere, la respuesta al traumatismo (de un accidente o de una cirugía) está altamente estructurada. Si los investigadores pueden predecir la respuesta del sistema inmunitario antes de que ocurra, quizá puedan desarrollar un análisis sanguíneo que informe de forma confiable qué pacientes se recuperarán con mayor rapidez y qué pacientes tardarán más.

Gaudilliere cree que estos hallazgos podrían usarse para predecir la recuperación tras cualquier trauma, no solo la cirugía.

“Ahora mismo tenemos un estudio sobre la cirugía abdominal, y queremos ampliarlo a otros tipos de trauma, como el trauma de la guerra, quizá la lesión cerebral traumática, e incluso el ataque cardiaco y el accidente cerebrovascular”, comentó.


Fuente: Infobioquímica 
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