Los textos científicos mas citados de la historia

26 Nov 2014.



Oliver H. Lowry, Nira J. Rosebrough, A. Lewis Farr y Rose J. Randall. Lo más probable es que estos nombres te resulten completamente desconocidos, pero te sorprenderá saber que estos cuatro investigadores son los autores de la monografía científica más citada –o para ser más precisos, con más referencias bibliográficas en textos de otros científicos– de la historia.
Las referencias, en las que un texto se remite a un trabajo anterior, son el medio estandarizado por el cual un autor reconoce la fuente de su metodología y sus ideas, pero también sirven para determinar a grosso modo la importancia de un estudio.

Publicado en 1951, el texto que encabeza la lista con 305 mil referencias, explica cómo medir la cantidad de proteínas en una solución.

En segundo puesto le sigue un estudio de U. K. Laemmli, de 1970 -otro análisis de proteínas- y, en tercer lugar, por qué no, otro estudio de 1976 que también tiene que ver con las proteínas, de Marion M. Bradford.

Los famosos, los grandes ausentes


El ranking fue elaborado por el Science Citation Index (SCI), una base de datos que este año cumple 50 años y que registra las referencias bibliográficas de los artículos publicados en miles de revistas científicas.

Para marcar su aniversario, la revista Nature le solicitó a los dueños de este listado (la agencia Thomson Reuters) crear una lista con los 100 textos más citados.

Los resultados dejaron sorprendidos a más de uno.

Según explica Paul Wouters, director del Centro de Estudios Científicos y Tecnológicos de Leiden, Holanda, muchos textos académicos, sobre todo los que se centran en metodologías, "se han vuelto una referencia estándar que uno cita para comunicarle a otros investigadores qué clase de trabajo está haciendo".

La gran mayoría de los textos que lideran la lista, entonces, describen métodos experimentales o software que se han tornado esenciales en su campo.

Por otra parte, muchas monografías famosas reciben menos referencias de las que se merecen precisamente porque lo que dicen es tan importante que los conceptos se incorporan rápidamente a los libros de texto, como términos familiares que ya no necesitan una referencia.

"Un fenómeno conocido como eliminación por incorporación", le dice a BBC Mundo Richard Van Noorden, coautor del artículo de Nature.

Yo te cito a ti, tú me citas a mí


Otro dato curioso que arroja la lista, que incluye textos publicados desde el año 1900 hasta la fecha: para figurar entre los primeros 100 hacen falta 12.119 citas.

¿Pero en qué medida el prestigio de un investigador depende de la cantidad de referencias bibliográficas que hagan otros autores?

"Los científicos quieren que los citen, porque mostrar que uno tiene muchas referencias quiere decir que uno está haciendo una investigación importante", explica Van Noorden.

"Además, es una cifra que uno puede presentarle fácilmente a sus directores o a quienes lo financian para demostrarles que uno es influyente", añade Van Noorden, quien reconoce que sí, en ocasiones, hay una suerte de convenio tácito entre científicos de si tú haces una referencia a mi trabajo yo haré una referencia al tuyo.

"Un estudio, por ejemplo, notó cómo es más probable que los científicos que citan ciertos textos de colegas, encuentren que estos hacen referencia a sus trabajos. Pero creo que todo esto no le quita valor a la utilidad de las referencias como un indicador de la influencia que tiene una investigación", dice Van Noorden.

"Tampoco hay que poner demasiado énfasis en eso, la mayoría de los científicos no están obsesionados contando cuantas referencias bibliográficas tienen sus trabajos".

"No obstante", le aclara Van Noorden a BBC Mundo, "ningún estudio logrará cientos de referencias a menos que sea verdaderamente influyente".

Al final, lo mejor para que otros investigadores incluyan una referencia bibliográfica a tu trabajo es "escribir una monografía que lean y en la que confíen muchos otros científicos", dice Van Noorden.

En síntesis, es hacer investigaciones que valgan la pena.



Fuente: BBC Mundo / Laura Plitt
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