Ciencia y región en el siglo XXI

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Para efectos prácticos, una región es una porción de la superficie terrestre, delimitada naturalmente por su clima –flora, fauna, suelos, etcétera– y/o artificialmente, por sus relaciones sociales y étnicas o su economía. Hoy predominan las regiones naturales y las regiones sociales.

Algunas regiones naturales con las que hoy contamos son el bosque de coníferas y encinos, bosque de montaña, pastizal, matorral, chaparral, sabana, selva seca, selva húmeda, cuencas hidrológicas..., las cuales han venido evolucionando a través de los cambios climáticos y geológicos que ha vivido la Tierra.

Las regiones sociales son modificaciones o adaptaciones del ser humano a las regiones naturales que, en algunos casos, resultan ser las denominadas zonas económicas, los territorios delimitados por la presencia de determinadas culturas, las zonas marítimas de cada país, continentes, países, o grupos de estados o municipios, como sucede en México. Las regiones sociales son sistemas complejos cuyas estructuras políticas, económicas, sociales, ambientales y culturales interactúan para facilitar la autorregulación, autoorganización y adaptación de las sociedades a su entorno y a las condiciones cambiantes a las que se encuentran sometidas constantemente. En la práctica, estas regiones han sido generadas y son modificadas por los diversos intereses; en algunos casos, como resultado de conflictos de las sociedades en y por el territorio geográfico que, de igual manera, varía a lo largo de la historia.

Lo curioso de este objeto de estudio es que, aun poseyendo dimensiones medibles (como: tiempo real e histórico, longitud, superficie y volumen), no es posible asignarle medidas exactas; en cambio, se delimita por condiciones históricas y rasgos cualitativos (clima, flora, economía…). Pero sea natural y/o social, la región es el espacio vital en el que se desarrollan las sociedades humanas, ya que éste les proporciona recursos naturales básicos como aire, agua, suelo, un clima determinado.

El estudio de la ciencia regional


Ciencia y región en el siglo XXIAún existen lugares agrestes para vivir. Y hay zonas ya habitadas que, de pronto, parecen volverse contra el ser humano, por estar sujetas a sismos, huracanes, sequías, etc. De hecho, casi ninguna región escapa a estos eventos, pues los efectos naturales negativos de las regiones, según la ciencia, se deben a que éstas (a través de sus capas profundas, su superficie o su clima, entre otros factores) están sujetas a cambios permanentes; no obstante, el ser humano todavía no posee la capacidad suficiente para preverlos en su totalidad, por lo cual, muchos de ellos lo toman desprevenido.

Otro de los factores desestabilizantes en las regiones son los conflictos sociales: guerra, hambre, pobreza, escasez de recursos naturales, desigualdades y cambio climático provocado por la acción humana. Por todo ello, las oportunidades y amenazas permanentes en torno de las regiones han hecho necesario el conocimiento sistemático de sus sucesos, dando origen a la ciencia regional, la cual posee una estrecha relación con otros campos del conocimiento científico, entre los que sobresale, de manera especial, su correspondencia con el urbanismo, la ecología social, y la geografía humana.

Lo que acerca y diferencia estos campos del conocimiento es su objeto de estudio; por ejemplo, el urbanismo es la disciplina que estudia las ciudades y la relación campo-ciudad para facilitar su conocimiento, funcionamiento y planeación; mientras la ecología social centra su problemática en la relación hombre-medio ambiente para facilitar el manejo humanista de la Naturaleza, y la geografía humana estudia la interacción hombre-territorio, para lo cual aporta el conocimiento científico de los paisajes humanos y su distribución en el globo terrestre.

El propósito de la ciencia regional es crear conocimiento orientado a elevar el bienestar y la calidad de vida de los seres humanos, procurando la preservación de la armonía, así como de la diversidad social y natural de las regiones. Su objeto de estudio se centra en la región, pero particularmente, en la interacción sociedad-territorio-medio ambiente para conocer sus efectos en el bienestar y la calidad de vida de la gente. Su complejidad la obliga a abarcar conocimientos del campo, la ciudad, el medio ambiente y, particularmente, del proceso de desarrollo, sea éste económico, social, urbano o propiamente regional. Por este motivo, involucra ciencias reconocidas como geografía, economía, sociología, demografía, ecología y urbanismo, además de aplicar conocimientos de otros campos como estadística, matemáticas, teoría de sistemas, administración, planificación, y teoría política.


Ciencia regional del siglo XXI


El concepto de la región ha variado desde el siglo XIX, cuando comenzó su sistematización en la ciencia, y desde entonces ha logrado proporcionar soluciones para mejorar la localización de actividades, los costos de transporte y las inversiones territoriales, ya que hasta los años ochentas del siglo XX, en el estudio e interpretación de la región predominó la visión económica. A partir de este periodo nació la preocupación por el desarrollo sustentable y, a través del mismo, se ha pretendido que la región sea una realización material y cultural que satisfaga las necesidades de la presente generación sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades (CMMAD, 1987).* 

En los inicios del siglo XXI, también se acepta el concepto de que la región se comporta como un espacio caótico-complejo, con estructuras que la auto-organizan como respuesta al orden y el caos que permanentemente la afectan, factores que repercuten en el bienestar y la calidad de vida de la gente. Hoy se reconoce que la ciencia regional puede aportar conocimientos orientados a:

» Facilitar la medición y el monitoreo del desarrollo, así como el mejoramiento de la calidad de vida.

» Valorar los recursos naturales y plantear que su conservación debe quedar sujeta a su aprovechamiento racional.

» Definir y facilitar el desarrollo de actividades económicas ligadas a la agricultura, el comercio y los servicios.

» Promover el diseño de políticas públicas para propiciar el bienestar de los ciudadanos y eliminar las desigualdades en el territorio.

» Prevenir las repercusiones de los desastres naturales para amortiguar los efectos socioeconómicos de los temblores, los huracanes o el cambio climático.

» Propiciar la valoración del patrimonio histórico y cultural que la humanidad ha acumulado a lo largo del tiempo en su territorio.


En muchas regiones, sobre todo en las pobres o con economías emergentes, estos propósitos, especialmente los relacionados con el mejoramiento del desarrollo social y el combate a las desigualdades, no han logrado concretarse; incluso, es posible que hayan empeorado debido a factores como las crisis económica, ambiental y sociocultural con las que se ha iniciado el siglo XXI. Problemas ancestrales, como la pobreza y las desigualdades que muchas veces devienen en conflictos sociales y guerras, todavía afectan la estabilidad de las regiones y, junto con el cambio climático, están propiciando nuevos desequilibrios socioambientales que, seguramente, afectarán a todas las regiones naturales y sociales de la Tierra.

Existe, no obstante, la esperanza de que la ciencia regional del siglo XXI pueda ayudar a resolver los problemas económicos, sociales y ambientales de las poblaciones de una manera favorable, pues su conocimiento es multidisciplinario, multifuncional y multifactorial, ya que estimula el estudio transdisciplinario y holístico, además de los trabajos en equipos, las redes regionales de investigadores que cada vez más emplean la tecnología moderna satelital, de Internet, de cálculos matemáticos y mapeo…, apoyo que suele ser financiado por múltiples organismos.

Pero su objetivo de origen sigue siendo el mismo: lograr que verdaderamente el desarrollo regional propicie la felicidad y el bienestar de todas las regiones y sus habitantes, además de hacer suyas las palabras del poema náhuatl:

“Amo el canto de zenzontle pájaro de cuatrocientas voces, amo el color del jade y el enervante perfume de las flores, pero más amo a mi hermano: el hombre.”

(Netzahualcóyotl, poema Mi hermano el hombre)


Referencia

CMMAD (Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo, Comisión Brundtland).Nuestro Futuro Común, ONU, 1987.



Los autores son doctores en Planificación de empresas y desarrollo regional, y Ordenamiento territorial. Forman parte del cuerpo académico y de Investigación del Desarrollo Sustentable y Bienestar Social del Instituto Tecnológico de Oaxaca, del cual son profesores- investigadores de tiempo completo.



Fuente: CONACYT
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