De la curiosidad al conocimiento compartido



Entrevista
Ma. Dolores Correa Beltrán (México D.F., 1959) estudió licenciatura, maestría y doctorado en Investigación Biomédica Básica, en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de la UNAM. Ha sido investigadora en Ciencias Médicas F y jefa del Laboratorio de Inmunología Experimental del INPed. Pertenece al SNI, nivel III. Sus áreas de interés actual son la respuesta inmune durante el embarazo y la estandarización de pruebas de diagnóstico. Ha encabezado las direcciones de Investigación y Desarrollo del InDRE y de Investigación Científica Básica del Conacyt, y actualmente la subdirección de Medicina Experimental del INPed.


María Dolores Correa se inició como cazadora de microbios. Hoy, en colaboración con otros destacados investigadores, extiende su red para observar, pescar y comprender estos “bichos” a nivel molecular.

"Cuando era niña me hacía muchas preguntas y un día decidí averiguar por qué se calentaba la plancha, así que la desarmé completamente”. Como era de esperarse, en ese momento, Dolores no obtuvo una respuesta ni del objeto analizado ni de sus padres al ver el aparato desmontado, pero ellos continuaron estimulando su desarrollo intelectual.

“Todos los humanos somos investigadores, pero a la mayoría se les frustra esta capacidad al crecer”, afirma. “Yo crecí con seis hermanos (incluyendo a mi cuate), de modo que en casa me enseñaron el valor del esfuerzo personal y colectivo. Aprendimos a compartir y es por ello que, aunque mi familia está vinculada con disciplinas diversas –arte, humanidades o ciencia–, todos dedicamos tiempo a la formación de recursos humanos”, apunta Correa.

“Desde los 14 años supe que quería ser investigadora, por lo que me considero muy afortunada de haber alcanzado ese sueño. En aquel entonces mi papá me compartía sus lecturas, que eran muchas. Me gustaba leer poesía, novela… de todo. Cuando puso a mi alcance Cazadores de microbios, supe que quería dedicarme a investigar “bichos”. Posteriormente, un amigo me habló de la licenciatura en Investigación Biomédica Básica de la UNAM, y así fue como supe lo que estudiaría y dónde lo haría. Y no me equivoqué: sólo la experiencia de ser madre superó el placer de ser investigadora”.

“Siempre he hecho investigación en áreas médicas, con pruebas inmunológicas y moleculares. Aunque he trabajado con parásitos, en realidad soy inmunóloga; empecé investigando cisticercosis –bajo la guía de una de las expertas más notables de México–; luego fue triquinelosis y, actualmente, toxoplasmosis”, explica Correa, quien, al concluir el doctorado, se incorporó al Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos, InDRE. Gracias al trabajo allí realizado, se especializó en la estandarización y validación de pruebas de diagnóstico para uso clínico y epidemiológico. Además, durante una década formó parte de un grupo multidisciplinario, donde investigó los procesos inmunológicos posteriores a una lesión en médula espinal.


Sistema inmunológico y toxoplasmosis 


Aunque la labor en el InDRE era productiva y desafiante, ésta terminó en el año 2000, al concluir el sexenio; entonces, la doctora Correa buscó otro centro para continuar. “Afortunadamente, había lugar en el Instituto Nacional de Pediatría, INPed, y en poco tiempo ya estaba de nuevo en un empleo interesante y, esta vez, cercano a mi casa. Allí, me reencontré con varias personas muy queridas”, recuerda.

Aunque tenía experiencia en la cisticercosis, su baja frecuencia en los niños (pacientes meta de esta institución) la llevó a buscar nuevas líneas de investigación. Al mismo tiempo, fue invitada a colaborar en un proyecto del Programa Nacional de Tamiz Neonatal, gracias a lo cual redefinió su trabajo hacia la toxoplasmosis congénita.

“En la Ciudad de México 2 de cada 1,000 niños nacen infectados por Toxoplasma gondii, es una frecuencia muy alta en comparación con otras partes del mundo. Por fortuna, es una parasitosis que no afecta a los adultos inmunocompetentes, pero sí a los niños, sobre todo a los que se infectan durante su gestación o nacimiento.

Su sólida experiencia en diagnóstico le ha permitido aportar otra perspectiva al grupo interdisciplinario de toxoplasmosis congénita, como parte del INPed y del INPer, integrado por pediatras, ginecólogos, infectólogos de adultos y de niños, y oftalmólogos, entre otros. Actualmente participa en un proyecto para medir la frecuencia de varias infecciones congénitas en mujeres embarazadas y neonatos, en el que también se busca hacer un tamiz de infecciones congénitas con una sola técnica que, de lograrse, traerá diversos beneficios sociales.


Investigar es trabajar en equipos 


En opinión de quien fuera consultora externa temporal de la OPS, las enfermedades infecciosas siguen ocasionando serios problemas en el país; por ello es fundamental estudiarlas y combatirlas por todos los medios: investigación, clínica y sobre todo prevención, apoyada en una buena difusión. Por ello, cada año se reúnen tres instituciones de salud perinatal: el INPed, el INPer y el Hospital Infantil de México, para compartir los avances de investigación al personal de salud y, así, ayudar a disminuir las decisiones terapéuticas riesgosas para los pacientes.

La actual subdirectora de Medicina Experimental del INPed ha formado alumnos e investigadores con trabajos muy destacados; aun así reconoce que todavía hay mucho por hacer. “Me gustaría proponer a las autoridades de salud ampliar el programa de tamiz neonatal a nivel nacional, incorporando dentro de poco tiempo las infecciones congénitas. He pensado explorar áreas de control y, en un futuro, colaborar con el Centro de Vigilancia Epidemiológica. A México le urge trabajar en ello”, señala la doctora.

Concluye con un concepto fundamental: “sólo el crecimiento colectivo favorece el individual. Nunca trabajo sola porque la ciencia es una labor de equipo: se requiere de un grupo de mente abierta y franca para discutir, retar, ser retada y crecer; por eso actualmente formo parte de un grupo multicéntrico muy interesante. Estoy convencida de que es necesario compartir conocimiento, ideas, equipos y herramientas tecnológicas para potenciar las posibilidades de generar conocimiento”.


Fuente: CONACYT
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