Interdependencia global en diversas escalas

11 Feb 2015

El siglo XX concluyó con un gran cúmulo de nuevas situaciones y desafíos para la humanidad. Una de las situaciones y retos, lo constituye sin lugar a dudas, la llamada interdependencia global. Esta interdependencia global, estamos más habituados a escucharla en el discurso de los medios masivos de comunicación y en los textos especializados de intelectuales, en casi todo el orbe. 

Si bien son sólo dos palabras, sus implicaciones e interpretaciones son de diversa índole y significados y no únicamente tienen lugar en las relaciones entre las naciones, sino que dicha interdependencia global va más allá. Está latente, obviamente, la posibilidad de que estas dos palabras, generen situaciones extremas en torno a su significado; existen ciertas personas, para quienes dichas palabras no significan nada o simplemente no les interesa saber nada al respecto. 

Para ellas el mundo (entendiendo por mundo su contexto socio geográfico en el que transcurre su vida) sigue siendo el mismo. Se cierran y niegan, por las razones que sean, a darse la oportunidad de comprender algo respecto a ellas. También, es posible que exista el caso extremo, el de aquél o aquellos, quienes se han preocupado, por tratar de comprenderlas desde diversas aristas del pensamiento científico y que sobre entienden dichas palabras y no encuentran aún nociones o definiciones que les dejen plenamente satisfechos en torno a su significado. Ambos casos extremos, no son los que imperan en la cotidianidad de las relaciones humanas. 

De hecho, la perspectiva con la que entendemos a la interdependencia global, es a partir de dos aristas: el individuo y el ente colectivo, en una interrelación bi y multidireccional (incluyendo en lo colectivo a los grupos sociales, empresas, organismos, gobiernos e incluso sociedades). A final de cuentas, individuo y colectividad, coexisten en este globo en donde lo que prevalece es un cúmulo de interrelaciones en todos sentidos y en todas direcciones, pero cuya lógica, es en última instancia, la ganancia o beneficio individual y/o con pretensiones colectivas. Y es que, desde que a finales de la década de los noventa del siglo XX, sentó sus reales la globalización, de una vez y quizá por un largo periodo de tiempo y dentro de esta o liderándola, la vertiente económica; las interrelaciones entre las personas, empresa y gobiernos, se hicieron algo de la vida común que nos interconecta entre sí, formando un mundo –a partir de la escala en la que me encuentre- de redes, nodos y marañas humanas. 

Esto quiere decir que, en el ámbito de nuestro contexto local-global nos guste o no nos guste, hoy día tenemos que comunicarnos con otros entes individuales, para coexistir en un mundo competitivo en el que las interrelaciones están determinadas por los medios e instrumentos de la comunicación, por la información como insumo de esas interrelaciones y por lo complicado que puede volverse, el realizar cálculos y toma de decisiones en los ámbitos económicos, políticos, sociales y ambientales. Hoy más que nunca, se debe comprender que la interdependencia entre nosotros sí es global y es global, no sólo porque se acepte a-priori que la globalización existe per se, sino porque en efecto, muchas de nuestras decisiones, expresadas en elecciones económicas, políticas, sociales o ambientales, sin lugar a dudas, expresan de una u otra manera, lo que sucede en otras latitudes y escalas del hábitat humano. 

Para decirlo más claramente (espero que así sea) si hoy día, mi situación concreta de mi existencia se torna gris o rosa, es debido a, ceteris paribus, las decisiones que en el pasado he tomado y que en conjunto explican mi statu quo actual. Si, por ejemplo, hoy tengo o no tengo empleo, se debe a las decisiones que tomé en el pasado para prepararme o no, en una actividad que generaría mucho valor económico o social, y que el mercado, hoy global, valora monetariamente bien o mal. Las decisiones que tome hoy, sin lugar a dudas, van a tener repercusiones en el futuro y esas decisiones, van a perfilar ese futuro. 

Una de las tantas virtudes que tiene esa interdependencia global, es que nos está obligando a comunicarnos más, a intercambiar puntos de vista someros o irreflexivos en torno a situaciones de lo cotidiano de nuestro mundo circundante o externo. Nos está dando presencia y opinión respecto a asuntos no sólo de mi acontecer individual, sino de mi comunidad, nación y el mundo. De esta manera, la interdependencia global, es un conjunto de hechos e interrelaciones, que comunicadas entre sí, mediadas por los entes individuales y colectivos, dan orden, lógica y sentido a nuestras decisiones e interacciones repetitivas. 

Su importancia y potencialidad, aún está en ciernes y no termina en lo que hasta ahora ha prevalecido en el mundo, que sólo la entiende como la interdependencia global de la economía, donde las decisiones de consumo, inversión, producción y comercio parecen configurarla, no. 

Va más allá, encierra la posibilidad de generar las condiciones para crear un mundo, independientemente de sus escalas, más interconectado y más comunicado, en el que, el ente colectivo, pueda propiciar la emergencia de selecciones y toma de decisiones, más humanas, que no estén únicamente regidas por la lógica de la ganancia material. Este, es verdaderamente el gran desafío de este aún naciente siglo XXI. Hacer posible que realmente exista una interdependencia global, que compagine el interés individual con el social.


Fuente: Universidad de Colima
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