La insulina es el arma de un caracol

25 Ene 2015


Un arpón cargado de un veneno tan mortífero que paraliza instantáneamente a cualquier presa y que podría matar a un ser humano. 

Esta técnica de caza no la utiliza una tribu indígena del Amazonas, sino un caracol marino del tamaño de una taza. Ahora, un equipo de científicos ha descubierto que uno de los ingredientes de este cóctel mortal es una hormona tan común como la insulina.

“Una sobredosis de insulina puede matar a una persona”, explica la investigadora de la Universidad de Utah y coautora del artículo publicado en Proceedings of the National Academy of Science, Helena Safavi­ Hemami. “Los caracoles cono utilizan la misma estrategia”.

Por su parte, el coautor del estudio e investigador de la misma universidad, Baldomero Olivera, considera que se trata de un tipo de insulina “único en el reino animal”, y espera que permita desentrañar los secretos de esta hormona, crucial para los enfermos de diabetes.

La insulina que utiliza el caracol no es similar a la humana, sino más bien a la de los peces, sus principales víctimas. A pesar de esto, Safavi­ Hemami pretende descubrir si también funcionaría con seres humanos. “Su alta potencia y rapidez la hacen idónea para analizar enfermedades humanas relacionadas con la insulina”, aclara la investigadora.

Esta hormona es utilizada para regular los niveles de glucosa en sangre de los animales, pero la que utiliza el caracol cono como arma es la más pequeña conocida. Su estructura, de tan sólo 43 aminoácidos, es fruto de una necesidad evolutiva de los caracoles: causar un choque hipoglucémico en su presa que la paralice.

Para estudiarla, el equipo de Olivera consiguió fabricar una copia sintética de esta insulina que probó con peces cebra, cuyos niveles de glucosa cayeron en picada. De hecho, ni siquiera fue necesario inyectarla, ya que el mero contacto con ella a través del agua consiguió disminuir su actividad.

¿El animal más venenoso del mundo?


Los caracoles conos son considerados por algunos expertos como los animales más venenosos del mundo. Inyectan en sus presas una poderosa toxina a través de una especie de arpón que pueden lanzar en cualquier dirección, tras lo cual el pez queda completamente paralizado, lo que facilita que el gasterópodo lo trague entero.

Este veneno tan potente es una necesidad evolutiva para un animal tan lento como un caracol. Si no fuera instantáneo, la presa podría escapar y morir demasiado lejos de su cazador. Se trata de depredadores muy agresivos que cazan gusanos, moluscos e incluso peces.

Lo más tranquilizador es que, entre las 600 especies de caracoles cono conocidas, la picadura de la mayoría no es más molesta que la de una abeja. Pero algunos especímenes como Conus geographus son letales, hasta el punto de que se han registrado más de 30 muertes de seres humanos. 

Este animal también recibe el nombre de caracol cigarrillo, ya que tras una picadura sólo daría tiempo a fumarse un último pitillo antes de morir. No existe antídoto para este veneno, y el tratamiento se limita a mantener con vida a la víctima hasta que ésta expulsa la toxina de su cuerpo. Irónicamente, esta mortífera sustancia ha atraído la atención de los científicos por sus aplicaciones. Gracias a esta peligrosa sustancia se ha logrado sintetizar, por ejemplo, analgésicos mil veces más potentes que la morfina.

El propio Olivera ha logrado utilizar una de las proteínas que conforman el veneno para sintetizar calmantes, y también podría utilizarse en un futuro para tratar la epilepsia, el Párkinson y otras enfermedades neurodegenerativas. 

Ahora, la insulina de este caracol se convertirá en una herramienta para estudiar cómo el ser humano regula su metabolismo. Gracias a los investigadores, una de las sustancias más tóxicas del océano tendrá una aplicación beneficiosa.


Fuente: El Confidencial / Sergio Ferrer
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