Un elefante vivo vale más que 75 muertos

Nov 2014





La caza furtiva ha acabado con la vida de 100.000 elefantes africanos entre 2010 y 2012. Y lo que es peor, la tendencia dibuja la imagen de una peligrosa pendiente por la que se deslizan hacia la desaparición en el continente. Los elefantes muertos a manos de los furtivos han pasado de ser el 25% del total de muertes a superar el 65%, un ritmo infernal que tiene una explicación sencilla: los elefantes son dinero fácil para organizaciones criminales que operan en África. Boko Haram, el ejército de Joseph Kony y los responsables del genocidio de Darfur emplean sus armas contra los elefantes: una partida de caza furtiva cuesta apenas 200 euros y cada ejemplar unos 22.000 euros en marfil. Poniendo en la balanza los riesgos, gastos y ganancias, el furtivismo africano es más rentable que comerciar con drogas e incluso diamantes.

Matar elefantes es un gigantesco negocio de cientos de millones. Sin embargo, no matarlos es incluso más rentable. Este es el razonamiento que algunas organizaciones conservacionistas quieren que cale entre los gobiernos africanos: mejor vivos. 

El argumento económico: un elefante vivo vale 76 veces más que uno muerto. En concreto, la última estimación asegura que un paquidermo africano puede generar a lo largo de su vida 1,3 millones de euros en beneficios relacionados con el ecoturismo. Son más de 18.000 euros anuales —la esperanza de vida de un elefante ronda los 70 años— que repercutirían en toda la cadena económica que se beneficia del turismo que visita distintos países africanos para disfrutar de sus tesoros naturales. Ahí, la presencia del mayor mamífero terrestre es fundamental.

Hasta agosto, habrían muerto cazados por los furtivos casi 20.000 elefantes en África. En ese contexto, la organización conservacionista David Sheldrick Wildlife Trust pone el argumento económico encima de la mesa para animar a los gobiernos a despertar. "Todavía hay una apatía por parte de los gobernantes para emplear los recursos financieros y humanos realmente necesarios para salvar la especie. Hablan mucho pero se dan pequeños pasos, pero demasiado lentos y demasiado cortos", protesta Rob Brandford, responsable de este informe (PDF). "Nuestro informe pretende añadir otro argumento a por qué los elefantes deben ser protegidos. Para algunos, estas razones financieras tendrán un mayor impacto ya que en última instancia los líderes políticos siempre tratan de cuadrar sus cuentas", justifica.

Es en este contexto en el que llegó una de las mejores noticias de los últimos tiempos para el elefante africano, cuando se prohibió cazarlos en Botsuana, allá donde el rey Juan Carlos I y grandes fortunas acudían a hacerse con estos trofeos. Esta decisión, tomada en 2012, permitió a Botsuana colocar al delta del río Okavango entre los lugares Patrimonio de la Humanidad, lo que sin duda multiplicará las visitas de turistas al país. Unesco había exigido el cese de la caza deportiva en el delta como condición inexcusable para incluirlo en la lista más importante de tesoros naturales del planeta.

"Como conservacionistas, debemos emplear diferentes estrategias para llegar a todos los sectores de la sociedad. Y no esperamos que los responsables políticos aprueben leyes sin ver un beneficio tangible para la sociedad", explica Brandford frente a las críticas de mercantilizar la vida de los animales. Una vez se logre convencer a los gobernantes africanos, el siguiente paso será lograr menguar el mercado chino de marfil, el más interesado en los colmillos de los elefantes. El pasado año se logró convencer a China y Tailandia, y a los mercados intermedios de Vietnam, Filipinas y Malasia, para que aumentaran sus esfuerzos para interrumpir la cadena de comercio del marfil ilegal. Pero, de momento, el mercado chino sigue diezmando las poblaciones africanas: en Tanzania solo quedan 13.000 elefantes de los 70.000 que había en 2006. Con estas cifras, cualquier argumento que proporcione una victoria para la conservación de elefantes parece razonable.


Fuente: El País 
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