La estrategia de caza del puma

26 Feb 2015


Un puma y sus crías miran desde las montañas hacia los desarrollos de Santa Cruz, California.
Un puma y sus crías miran desde las montañas hacia los desarrollos de Santa Cruz, California.
Foto: Cortesía de Chris Wilmers, UC Santa Cruz



Los pumas hembra matan más presas, pero consumen menos si sus territorios se topan con el desarrollo humano, reportan investigadores de la Universidad de California en Santa Cruz, en un nuevo estudio basado en el seguimiento de más de dos docenas de pumas en las montañas de Santa Cruz.

La presencia de humanos —a través de casas, carreteras y otras expresiones del desarrollo— supone que los pumas experimenten temor y se mantengan en movimiento, en lugar de que vuelvan al lugar en que capturaron a sus presas, para consumirlas por completo, encuentra el estudio.

“Investigamos cómo las densidades habitacionales más elevadas influyen en el comportamiento de los pumas en cuanto a sus ataques y la frecuencia con que matan”, explicó Justine A. Smith, aspirante a doctorado en el Departamento de Estudios Ambientales de la Universidad de California en Santa Cruz. “Descubrimos que los pumas hembra pasaban menos tiempo alimentándose en los sitios donde mataban a sus presas a medida que había más viviendas”.

Los efectos pueden afectar a las poblaciones de ciervos, así como el éxito en la reproducción de pumas, advierten Smith y coautores en Proceedings of the Royal Society B (también en línea). “Las hembras mataron 36% más ciervos por año en hábitats desarrollados que en zonas con poca vivienda”, dijo Smith.

“El aumento en las tasas de depredación puede conducir a los carnívoros a malgastar energía y afectar las tasas de supervivencia de presas en paisajes modificados por el hombre”.

"Llegamos a la conclusión de que los costos de la pérdida de alimento y la alta energía asociados a la interferencia humana en los sitios de matanza de presas se compensan mediante el aumento de las tasas de depredación”, informó.

Smith y los coautores Yiwei Wang, recientemente graduado de doctorado en la UCSC, y Chris Wilmers, profesor asociado de estudios ambientales, son parte del Proyecto Puma Santa Cruz, que ha estudiado el comportamiento de ese felino desde 2008.

Para este estudio se analizaron los movimientos de 30 animales que habían sido capturados y luego liberados con collares de monitoreo con sistema GPS. Los collares registraron y transmitieron no sólo la ubicación y los recorridos, sino también aspectos de la caza, como las ráfagas de velocidad o las embestidas.

El equipo encontró que el mayor impacto sobre los pumas se dio cuando sus territorios de caza estaban a menos de 150 metros de distancia de desarrollos humanos. Los investigadores también observaron que las hembras tienen una área de deambulación menor que los machos, pero tasas más altas en cuanto a masacre de presas. Las hembras mataron un promedio de 67 ciervos por año, mientras los machos casi 44, con áreas de distribución aproximadamente tres veces más extensas.

Fuente: National Geographic 
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