¿Tortillas transgénicas y cancerígenas?



Elena Álvarez-Buylla y Emmanuel González-Ortega*




En días recientes, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hizo un anuncio muy importante que reafirma lo que científicos independientes y multitud de organizaciones civiles han alertado desde hace muchos años: el uso y consumo de cultivos transgénicos puede ser nocivo para la salud y para el medio ambiente, porque, entre otros químicos, la gran mayoría (más de 84 por ciento) de los transgénicos son profusamente rociados con glifosato (componente principal del herbicida Faena), al cual son resistentes.


El glifosato ha sido finalmente enlistado como un compuesto cancerígeno en animales de laboratorio, y probable cancerígeno para los humanos; y será cuestión de tiempo, y también de que se tomen en cuenta los datos de Latinoamérica, para que sea puesto en la categoría más alta como cancerígeno en humanos (La Jornada, 4/4/15). Por ejemplo, un estudio reciente de Argentina reporta que en la población de Monte Maíz, cercana a campos de producción de soya transgénica, donde circu­lan 600 mil litros de glifosato al año, la incidencia de varios tipos de cáncer es 2.67 veces mayor a la media de la provincia en la que se encuentra esta población.

Como se ha alertado en artículos previos (La Jornada, 28/11/14 y 6/2/15), el glifosato que vende Monsanto, la compañía que también comercializa los transgénicos que toleran este agrotóxico, se asperja masivamente sobre los cultivos cuando ya están produciendo frutos o semillas y éste penetra en las células vegetales, lo que impide que podamos lavarlo. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos informó que cerca de 90 por ciento del maíz que se siembra actualmente en ese país es transgénico y tolerante a herbicidas como el glifosato, pudiendo ser una de las causas del aumento de muertes por 22 enfermedades en aquel país. Adicionalmente, se ha filtrado a los medios que hace 34 años Monsanto presentó reportes a la Agencia de Protección Ambiental estadunidense (EPA) informando que el glifosato era cancerígeno:¡Monsanto y el gobierno de Estados Unidos conocían de la toxicidad del glifosato desde 1981!.

Esto tiene implicaciones sumamente preocupantes para México. El maíz importado a nuestro país desde Estados Unidos (10 millones de toneladas al año) es prácticamente todo transgénico, y ya ha sido aprobado para consumo humano y/o animal en nuestro país por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris). Este maíz no trae instrucciones de uso ni de concentraciones del glifosato, y puede estar llegando contaminado con este tóxico a nuestras mesas. Es urgente probar esta hipótesis, y averiguar dónde se está distribuyendo este maíz contaminado. ¿Lo están comprando los grandes monopolios que procesan y comercializan alimentos de maíz? ¿Está distribuyéndose maíz transgénico contaminado con glifosato a través de programas de asistencia social o de las mismas compañías que en años recientes visitan las comunidades mexicanas regalando su maíz en concierto con las autoridades ejidales y municipales? ¿Está llegando incluso a nuestras tortillas? ¡El maíz es nuestro alimento básico! Esto implica, además de un profundo significado cultural e identitario, que el maíz es fundamental en la dieta de los mexicanos: se consume en promedio casi medio kilo de maíz al día; el maíz aporta casi la mitad de la ingesta de calorías y más de la tercera parte del consumo de proteínas diarias. En México el maíz se consume poco procesado y es muy factible que el glifosato llegue a nuestra mesa si proviene de siembras transgénicas.

Dada la asociación clara –que ahora la OMS también reconoce– entre el consumo de alimentos contaminados con tóxicos como el glifosato y el padecimiento de múltiples enfermedades, que el glifosato es un cancerígeno, y que consumimos gran cantidad de tortillas, urge averiguar si este maíz transgénico contaminado con glifosato llega a nuestras tortillas, pues este escenario podría implicar una crisis sanitaria grave e inaceptable. Esto sería responsabilidad de todas las entidades del gobierno encargadas de agricultura, sanidad y bioseguridad, y también de los empresarios dueños de las industrias comercializadoras de semillas y granos de maíz, de su procesamiento y comercialización, que en búsqueda de mayores ganancias podrían estar dispuestos a usar maíz barato contaminado, más que a pagar precios justos por un maíz limpio de alta calidad producido por los campesinos mexicanos. ¿Realmente estamos comiendo tortillas, totopos, tostadas, cereales, memelas, elotes, tamales, atoles, sopes, y tantas otras formas de maíz, hechas con transgénicos contaminados con glifosato? ¿Qué estrategia está adoptando Cofepris para impedir que nuestras tortillas sean transgénicas y cancerígenas? ¿Qué responden Sagarpa o Sedesol para asegurar que el maíz híbrido que distribuyen en el campo o venden las corporaciones y semilleras privadas no esté contaminado con transgenes y glifosato? Si se distribuye maíz contaminado, es sumamente grave, pues implicaría que los campesinos podrían usar ese maíz para sembrar, y así contaminarían sin saberlo sus propios maíces nativos (criollos), o podría consumirse bajo engaño de que es un maíz híbrido elotero y no un maíz contaminado transgénico y con glifosato. Con ello se estaría violandode facto la restricción legal de liberar maíz transgénico al campo mexicano.

Los maíces nativos son, hoy por hoy, la fuente más sana de maíz. Tienen un índice glicémico menor que el híbrido (incluido el transgénico), y por ello su consumo implica menor riesgo de causar obesidad y diabetes; además tienen mayores cantidades de fibra y antioxidantes, que previenen enfermedades como el cáncer. También están, por ahora mayoritariamente, libres de transgenes y glifosato. No menos importante: promover su siembra y consumo preservará la vida campesina en México, que ha generado y regenerado la gran diversidad de maíces nativos durante miles de años, sustento de la soberanía y seguridad alimentaria en nuestro país y en el resto del mundo, que lamentablemente está perdiendo aceleradamente opciones de alimentación sanas e independientes. Es urgente adoptar ya una política precautoria fundada en evidencia científica independiente y rigurosa, y no seguir los lineamientos de las grandes industrias semilleras.

Con profundo cariño, admiración y pena por su partida de este mundo, a la memoria de Eduardo Galeano, quien vivirá siempre en nuestros corazones y pueblos.


* Científicos del Instituto de Ecología de la UNAM y miembros de la UCCS.


Acerca de la UCCS


La Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) es una organización no lucrativa conformada por iniciativa de un amplio grupo de científicos de campos diversos como las ciencias naturales, sociales y las humanidades, dispuestos a asumir su responsabilidad ética frente a la sociedad y el ambiente. Su objetivo es auspiciar la discusión libre y abierta sobre el papel de la ciencia en México, sus políticas, proyectos y líneas de investigación. Asimismo, la UCCS asume el compromiso de coadyuvar a encauzar los frutos de la ciencia y la tecnología en beneficio de la sociedad, y a colaborar en la vigilancia y control de los riesgos que ellas mismas generan, al poner a disposición de la sociedad las habilidades y conocimientos de sus miembros.

Pagina web de la UCCS


Maria Elena Alvarez-Buylla Roces

Miembra del Consejo Directivo de la UCCS.

Programa Agricultura y Alimentacíon, Grupo de Maíz Transgénico de la UCCS.


La doctora María Elena Álvarez-Buylla ejerce uno de los liderazgos científicos más destacados en México en las áreas de genética molecular, desarrollo, ecología y evolución de las plantas, que combina con una actividad constante para coadyuvar a la conservación de la diversidad biológica y a la promoción de una ciencia comprometida con la equidad, la justicia y el beneficio social.

Ha hecho contribuciones primordiales con repercusión internacional en áreas teóricas, experimentales, y otras con base en su trabajo de campo, así como en torno a problemáticas socio-ambientales apremiantes.

Al término de sus estudios de licenciatura y de maestría en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México, fue distinguida con la medalla “Gabino Barreda” en ambos niveles.

En 1982 se tituló como licenciada en biología con tesis sobre el uso de los recursos vegetales en la zona de los Tuxtlas y en 1985 obtuvo el grado de maestría en ciencias con el estudio de la dinámica y genética de poblaciones de un árbol tropical en el contexto del mosaico de regeneración de la selva en la misma región.

En 1986 realizó su doctorado en la Universidad de California, en Berkeley. Su tesis presentada en 1992, Dynamics of Tropical Rain Forests: Models for Populations and Genes, combina enfoques demográficos y genéticos con un componente teórico importante en el estudio de la biología de poblaciones tropicales.

Más tarde realizó una estancia posdoctoral en genética molecular del desarrollo en la misma Universidad de California, en La Jolla, en donde inició proyectos de la genética molecular del desarrollo y el planteamiento de modelos de redes genéticas, publicando a su regreso a México el primer modelo dinámico de una red genética con base en datos experimentales, para explicar la diferenciación celular.

A partir de entonces, su grupo de investigación ha mantenido un liderazgo importante a nivel internacional en el uso de formalismos de sistemas complejos para entender como la información genética se mapea en los rasgos visibles de los seres vivos (fenotipo), y entender la evolución del desarrollo, así como la importancia del mismo en la evolución de los organismos vivos.

Ha sido invitada como profesor visitante a algunos de los Institutos de investigación en este área más prestigiosos del mundo y recientemente ha colaborado en la fundación del Centro de Ciencias de la Complejidad en la UNAM, en el cual forma parte de la Coordinación Académica.

En 1992 se incorporó al Instituto de Ecología en donde actualmente es investigadora titular “c” de tiempo completo y jefa del Departamento de Ecología Funcional. Desde 2001 tiene el nivel iii en el Sistema Nacional de Investigadores, y cuenta con el nivel máximo dentro del Programa de Primas al Desempeño del Personal Académico de Tiempo Completo.

Su notable trabajo de campo, teórico y experimental, ha cristalizado en modelos matemáticos dinámicos acerca del sistema de regeneración de selvas y los efectos de cosecha y probabilidad de extinción en especies útiles. Estos modelos han resultado instrumentales para la conservación y manejo de las selvas en el mundo, pero sobre todo en Latinoamérica.

Ha coadyuvado al conocimiento de la biodiversidad de las selvas mexicanas, por ejemplo, mediante su colaboración con el Instituto de Biología en el descubrimiento de más de 20 especies nuevas para la ciencia.

La doctora Álvarez-Buylla se ha vinculado a las problemáticas socio-ambientales también al estudiar la dispersión de transgenes en las razas y variedades locales del maíz en México y contribuir a la bioseguridad de este cereal que es fundamental en nuestro país.

También ha realizado investigaciones en la especie mexicana única, Lacandonia schismatica, que ha sido vértice de todos sus intereses científicos y útil para la preservación de las selvas tropicales, o en las relaciones filogenéticas y genética de poblaciones en pinos, con implicaciones en la conservación de bosques templados.

Su producción científica primaria cuenta con más de 155 productos entre los que podemos mencionar: 88 artículos internacionales indizados, dos libros, 12 capítulos de libros, 68 artículos y vídeos de divulgación científica, así como un programa de computación para estudios de poblaciones naturales y manejadas (utilizado por cientos de usuarios en todo el mundo).

El impacto de sus aportaciones a nivel nacional e internacional se refleja en las más de 3,000 citas a su trabajo y los reconocimientos recibidos por varios de sus artículos. Además ha hecho una extensa labor de difusión del conocimiento en entrevistas y artículos en medios diversos.

Ha sido invitada a impartir conferencias magistrales en 125 congresos y simposios nacionales e internacionales. Ha participado en labores editoriales, comisiones y comités científicos como organizadora. Esta destacada académica ha tenido una extraordinaria labor de apoyo al desarrollo de la ciencia en México y en el mundo a través de su participación activa y propositiva en comisiones y comités de evaluación de proyectos, y como editora asociada de revistas muy prestigiadas en su campo, y en la organización de diversos symposia, congresos y reuniones científicas.

En el ámbito de la docencia y la formación de recursos humanos, la doctora Álvarez-Buylla ha titulado a 17 estudiantes de licenciatura, y graduado a ocho de maestría y 14 de doctorado, e impartido 39 cursos de licenciatura y de posgrado. Asimismo, en su laboratorio se han desempeñado 13 investigadores posdoctorantes, cuatro investigadores asociados y cuatro técnicos académicos. Muchos de sus estudiantes y colaboradores han obtenido becas prestigiadas o son ya investigadores.

La preocupación de la doctora Álvarez-Buylla por promover una ciencia comprometida con la sociedad y el ambiente, se refleja en su participación en la delegación mexicana de Pugwash, organización para promover una ciencia crítica y antibélica. Es miembro fundador y coordinadora general desde 2008 de la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad, que se encarga de elaborar expedientes críticos y difundir conocimiento científico, sin que medien intereses que no sean los de la ciencia misma, la responsabilidad ética y el compromiso socio-ambiental en temas nodales para México.

También ha participado en innumerables talleres de colaboración con comunidades y organizaciones indígenas y campesinas y de la sociedad civil, así como en asesorías en diversas instancias gubernamentales.

Su trabajo ha sido reconocido con 26 distinciones y becas, entre las que se encuentran: "Young Investigator Award" de la Sociedad de “American Naturalists”, Estados Unidos, 1994; Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos 1997; Premio de Investigación de la Academia Mexicana de Ciencias (Ciencias Naturales) 1999; Premio Ciudad Capital: “Heberto Castillo Martínez” del Instituto de Ciencia y Tecnología del Gobierno del Distrito Federal y recientemente recibió el Premio Universidad Nacional 2010 en el área de Investigación en Ciencias Naturales.

Fuente: La Jornada
Editado: Bio-Gea
Compartir en Google Plus

    Comentario Blogger
    Comentario Facebook

0 comentarios:

Publicar un comentario