El peor veneno para el avance de la ciencia

Javier Flores 



Los recortes presupuestales pueden ser muy nocivos para el desarrollo de la ciencia y la tecnología, pero nada comparable con la expansión inmoral e inmoderada de un poder burocrático que carcome todos los espacios de trabajo dentro del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología.

"El peor veneno para el avance de la ciencia en México es la burocracia"

Las universidades, centros de investigación, organizaciones científicas, etcétera, ven crecer los seudópodos de una casta burocrática que decide por encima de los investigadores y de quienes realizan las tareas sustantivas para el avance de la ciencia y del país. Desde la más completa ignorancia, interpretan las leyes internas a su antojo, deciden qué insumos deben adquirirse y cuáles no, qué proyectos hay que impulsar y cuáles rechazar, cómo evaluar el trabajo, a quién expulsar y a quiénes contratar…

Desde luego hay excepciones a las que me referiré adelante, pero me parece importante identificar entre los orígenes de este complejo fenómeno algunos elementos que nos permitan entenderlo cada vez mejor y algunas medidas para frenarlo.

La burocracia se alimenta de las regulaciones, entre más excesivas requieren de más personas que las apliquen, con lo que se llega a desplazar incluso a quienes realizan las actividades sustanciales. Una manera de medir la expansión de la burocracia es observando el tamaño y el costo de las áreas administrativas. Surgen así secretarios, subsecretarios, vocales A, B y C, y puestos administrativos de todo tipo que terminan adueñándose de las instituciones. Con la agravante de que cada personaje en su respectiva posición puede convertir en un infierno la vida de alguien que de verdad trabaja.

Las regulaciones se alimentan a su vez de la desconfianza. Por ejemplo, la corrupción de nuestros políticos y gobernantes hace que surjan a cada momento nuevas y más sofisticadas reglamentaciones, las cuales por supuesto ellos eluden con facilidad, pero éstas luego se convierten en medidas de aplicación obligatoria en el resto del sistema. Entonces las instituciones y organizaciones científicas tienen que contratar personal al que encargan la aplicación de las nuevas reglas, tratando a quienes realizan las tareas científicas como delincuentes.

Así, los científicos dedican semanas y meses a cumplir con toda suerte de requisitos y llenado de formularios que bien podrían emplear en dirigir tesis, publicar artículos o crear innovaciones. Todos tienen más de una anécdota que contar.

En ocasiones los aparatos burocráticos son usados deliberadamente para acabar o deshacerse de personas no gratas para el poder en turno, o peor aún, contra personas indeseables ¡para los burócratas!

Otro elemento que explica el desarrollo burocrático es el descuido; por ejemplo, cuando se nombra en los puestos directivos de instituciones científicas a personas que no son investigadores, pues, como veremos, uno de los mejores antídotos contra la expansión y poderío burocráticos es colocando en los puestos directivos a científicos con gran trayectoria y capacidad de liderazgo.

Esto nos lleva a las excepciones: aunque no se escapan del todo al monstruo burocrático, entre éstas se encuentran las instituciones que para su funcionamiento han definido mecanismos para la toma de decisiones basadas en los órganos colegiados integrados por académicos. Esto limita las posibilidades de que se cometan arbitrariedades burocráticas. Desafortunadamente, a lo largo y ancho del país son pocas las que cuentan con estos mecanismos. La revisión por pares es otro de los mecanismos que permiten limitar las prácticas indeseables.

Como señalé arriba, una de las mejores medidas para neutralizar el crecimiento burocrático es colocando a científicos de alto nivel en los puestos de dirección, pero éstos deben tener fuerza y capacidad de liderazgo, pues si se actúa con debilidad, el monstruo burocrático acabará por devorarlos.

Se trata de un tema que debe mantener a las comunidades académicas y científicas en alerta; en mi opinión debe examinarse de manera recurrente, en especial cuando los recursos económicos comienzan a escasear y hay que eliminar los obstáculos que retrasan o impiden el avance de la ciencia y del país.


Fuente: La Jornada
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