Genética y el Síndrome de Down



29 Ene 2015

El síndrome es un trastorno genético ocasionado por la presencia de una copia extra del cromosoma 21 (o una parte de él), en vez de los dos habituales. Por ello se le conoce también como trisomía del par 21. Se caracteriza por la presencia de un grado variable de discapacidad cognitiva y unos rasgos físicos peculiares.

El médico británico John Langdon Haydon Down lo describió en 1866, aunque nunca llegó a encontrar las causas que lo producían. En 1958, el investigador francés Jérôme Lejeune detectó que es consecuencia de una alteración en el mencionado par de cromosomas.

Las personas con este padecimiento tienen más probabilidades de sufrir ciertas enfermedades, especialmente del corazón, del sistema digestivo y del sistema endocrino, debido al exceso de proteínas sintetizadas por el cromosoma de más. Hasta la fecha no existe ningún tratamiento farmacológico que haya demostrado mejorar las capacidades intelectuales de estas personas.

“Evidentemente, en madres no añosas y que tienen un hijo Down, el factor de riesgo es diferente del que representa la edad materna”, indicó Sara Frías Vázquez, del Instituto de Investigaciones Biomédicas (IIBm) de la UNAM, que se dedica, entre otras cosas, a desentrañar la etiología genética de este síndrome.

Otro probable factor de riesgo que estudia la universitaria, es el llamado mosaicismo cromosómico en los padres, es decir, la alteración genética en la que, en un mismo individuo, coexisten dos poblaciones de células con distinto genotipo: unas normales y otras con una trisomía (existencia de un cromosoma extra en un organismo diploide).

Si las células afectadas se encuentran en un porcentaje muy bajo, las personas pueden ser normales, físicamente sanas, pero existe la posibilidad de que en sus gónadas presenten la línea celular anormal que genere un niño con el padecimiento.

“Así pues, si un hombre o una mujer es mosaico, con una línea celular que tenga un cromosoma extra (47, XX, +21), podría procrear un ser con el síndrome”.

En un estudio con un número limitado de parejas, realizado en el Instituto Nacional de Pediatría, Frías Vázquez observó que el mosaicismo cromosómico es un factor de riesgo para tener un descendiente Down, que alcanza por lo menos cinco por ciento.

No disyunción


En su búsqueda de factores de naturaleza genética, la investigadora estudia la segregación cromosómica llamada no disyunción, (defecto en la separación de los cromosomas homólogos que incide en células germinales y provoca trisomías).

Una hipótesis es que la edad de la abuela materna o paterna cuando tuvo a su hija o hijo, podría influir en el número de células germinales con esta segregación cromosómica, que presenta la madre o el padre del producto.

Por otro lado, con estudios citogenéticos en cromosomas de padres con un niño con el padecimiento, tratan de determinar si hay un factor que haga que en ellos se presente con más frecuencia la no disyunción.

“Buscamos también translocaciones crípticas (llamadas así porque con un cariotipo normal no pueden detectarse) en los cromosomas acrocéntricos, como el 13 o el 21. Aunque el estudio no está completo, ya hemos encontrado que sí hay estas translocaciones en los padres de parejas que han tenido hijos con una aneuploidía, esto es, con un cambio en el número de cromosomas.”

Las translocaciones crípticas, presentes en gente normal, reciben el nombre de polimorfismos porque no generan una patología directamente relacionada con ellas.

“En un estudio llevado a cabo con dos poblaciones: una de padres de hijos sanos y sin abortos espontáneos, y otra de padres de niños con trisomías 21, 13 y otras no conocidas, encontramos el doble de translocaciones crípticas en esta última población”.


Cigotos aneuploides


Otra vertiente del trabajo de la investigadora –“Detección de diferencias genéticas relacionadas con pérdida gestacional o supervivencia en productos con trisomías”–, se orienta a encontrar respuestas a la pregunta de por qué llegan a nacer niños con el síndrome.

“La especie humana es una de las que presenta más no disyunción. De todos los cigotos (células resultantes de la unión de un espermatozoide y un óvulo) que produce, hasta 30 por ciento puede ser aneuploides; sin embargo, más de 90 por ciento (en algunos casos 95 e incluso 99) de lo que serían cigotos aneuploides se abortan”.

Se sabe que las aneuploidías (trisomías y monosomías) son un factor de morbi-mortalidad muy alto, y que los desbalances genéticos tienden a abortarse. Lo que no se sabe es por qué ese número reducido de cigotos aneuploides progresa en el desarrollo embrionario y llega a nacer.

“La regla de la aneuploidía debería de ser la letalidad completa, es decir, que todos los cigotos aneuploides murieran. Y sí, la inmensa mayoría de ellos se abortan como resultado de la selección natural. Sin embargo, ¿qué hace que algunos nazcan? Saberlo podría ayudarnos a explicar por qué hay una gran cantidad de pacientes”.

La hipótesis de la investigadora, es que dentro del genoma varias regiones llamadas CNV (Copy Number Variation), pueden estar representadas de manera diferente en los nacidos con el síndrome y en los productos con Down abortados.

Al buscar CNV en Down vivos y abortados, no se limita a las variaciones en el número de copias dentro del cromosoma 21, porque dentro del genoma se dan muchas relaciones de función entre genes y segmentos de todos los cromosomas.

“La especie humana tiene en su genoma una gran cantidad de CNV, y aún no se sabe cuáles variaciones en el número de copias son patológicas y cuáles benéficas. Si no hay estudios a fondo de las CNV que presenta una población normal, menos de las CNV relacionadas con las aneuploidías. La tarea es difícil porque hemos tenido que empezar desde cero”.


Fuente: UNAM
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