Las guerras del rinoceronte

08 Ene 2015



El disparo del rifle retumbó por el bosque oscuro, justo cuando Damien Mander llegaba a su campamento después de un largo día de entrenar guardabosques-rastreadores en la reserva de Nakavango, en la parte occidental de Zimbabue. 

Sus pensamientos volaron hacia Basta, una rinoceronte negra preñada, y su cachorro de dos años. Esa tarde uno de los guardabosques había descubierto huellas humanas que seguían el rastro del par mientras Basta buscaba la protección de los tupidos arbustos para dar a luz al miembro más reciente de su amenazada especie. 

Damien, un musculoso ex francotirador de las Fuerzas Especiales Australianas con un imponente zoológico de tatuajes, que incluye la leyenda -buscar y destruir- en letras góticas escrita sobre el pecho, volteó tratando de ubicar la dirección del disparo. "Allá, cerca de la frontera este -señaló en la oscuridad-. Sonó como un .223", dijo, identificando posición y calibre, una habilidad que adquirió en sus 12 periodos de servicio en Irak. 

Él y sus guardabosques tomaron escopetas, radios y equipo médico, y subieron a dos camionetas. Salieron a toda velocidad en la noche, con la esperanza de interceptar al tirador. Los guardabosques bajaron las ventanillas y escucharon por si había un segundo disparo, lo que significaría que también habrían matado al cachorro de Basta. 

Los equipos de cazadores ilegales a menudo contratan rastreadores para encontrar a los rinocerontes, los siguen hasta el anochecer y transmiten por radio su ubicación a un tirador con un rifle de alto poder. Después de matar al animal, le arrancan los dos cuernos sobre su hocico en unos minutos y el enorme cadáver queda para las hienas y buitres. 

Si esta pandilla estaba bien organizada, un grupo de hombres fuertemente armados estaría cubriendo la ruta de escape, listos para emboscar a los guardabosques. Por el sonido del disparo, los cazadores furtivos tenían ventaja en cuanto a armas de fuego. 

En el asiento trasero de una de las camionetas, Benzene, un guardabosques de Zimbabue que había pasado casi un año vigilando a Basta y su cachorro y que los conocía íntimamente, cargó tres tiros en su escopeta, puso el seguro y la dejó lista. Mientras rebotábamos en la noche, dijo: "Será mejor que los cazadores ilegales se encuentren con un león y no con nosotros". 

Así transcurre una noche en el frente de la sucia y despiadada guerra de los rinocerontes en el sur de África, que desde 2006 ha visto más de 1,000 rinocerontes asesinados, unos 22 cazadores ilegales muertos y más de 200 arrestados el año pasado tan solo en Sudáfrica. 

En el sangriento centro de este conflicto está el cuerno del rinoceronte, ingrediente muy valioso en la medicina tradicional asiática. Aunque los precios en el mercado negro varían mucho, el verano pasado los traficantes hablaban de entre 33 y 133 dólares el gramo, lo que lo coloca en lo más alto, al doble del precio del oro y llegar a exceder el precio de la cocaína. 

Aunque el ámbito de las dos especies africanas -el rinoceronte blanco y su primo más pequeño, el rinoceronte negro- se ha reducido en el sur de África y en Kenia, sus poblaciones han mostrado un aumento alentador. En 2007, los rinocerontes blancos llegaban a los 17,470 individuos, en tanto los negros casi se habían duplicado, a 4,230 desde mediados de los noventa. 

Para los conservacionistas estas cifras representan un triunfo. En los setenta y ochenta la caza ilegal había devastado las dos especies. Entonces China prohibió el cuerno de rinoceronte en la medicina tradicional y Yemen, su uso para mangos de cuchillos ceremoniales. Pero el número de rinocerontes cazados ilegalmente en Sudáfrica se disparó de 13 en 2007 a 83 en 2008. 

Para 2010 la cifra se elevó a 333, seguida de más de 400 el año pasado. Traffic, una red de monitoreo del comercio de especies silvestres, encontró que la mayoría del comercio del cuerno de rinoceronte conduce hacia Vietnam, un cambio que coincidió con el incremento en los rumores de que un oficial de alto rango en ese país utilizó el cuerno para curarse el cáncer.

Mientras tanto en Sudáfrica, atraídos por los precios que se incrementany por las ganancias, los sindicatos del crimen empezaron a agregar la caza furtiva de rinoceronte a sus actividades. Gideon Van Deventer sabe cuál es el lugar exacto -15 centímetros detrás del ojo y cinco delante de la oreja- para acertar con una bala de 300 granos de modo que perfore el cerebro del rinoceronte, lo que causa que el animal se desplome sobre su pecho.

Señala el lugar en su propia cabeza con el dedo índice, justo detrás de su pómulo. "Tienes que darles justo aquí. Tienen un cerebro pequeño -explica-, pero también están casi ciegos, así que puedes acercarte. Te pueden oler, así que mantente en la dirección del viento. Tienen muy buen oído, así que vigila sus orejas. Si una de ellas se mueve hacia ti, habrá problemas".

Recibo este curso introductorio de cacería ilegal en la prisión de Kroonstad, a unas dos horas al sur de Johannesburgo, y Van Deventer, de 42 años, a quien llaman Deon, es un profesor altamente calificado. Admite haber matado 22 rinocerontes, cantidad que lo convierte en el cazador ilegal de rinocerontes más prolífico de Sudáfrica y posiblemente de todo el mundo. 

Deon, un amasijo de energía nerviosa de 1.70 metros, se sienta en su traje anaranjado de prisionero El padre de Deon se mudó a Sudáfrica de Kenia, donde había sido, cazador de presas mayores. Deon y sus dos hermanos prácticamente vivieron en la selva; a la edad de ocho años ya se salía de la escuela para rastrear presas para los cazadores. "Llegué a conocer a los animales mejor que a las personas", explica. 

Con el tiempo se convirtió en un profesional de caza mayor. "La preparación y el rastreo, eso era lo mío", dice. En 2005, Andre, el hermano de Deon que había trabajado para un conocido operador de safaris llamado Gert Saaiman, le preguntó si le interesaba cazar rinocerontes. 

Deon nunca había cazado rinocerontes y empezó a investigar sobre el animal, dice. Los machos pisotean alrededor de su propio estiércol para esparcir su aroma y marcar su territorio, explica. "Eso los hace fáciles de rastrear". Reducir el sonido de la matanza era crucial, así que construyó un silenciador con un tubo de metal con rondanas soldadas en el interior y lo ajustó al cañón de un rifle .30-06. 

"Hace el ruido de un rifle de aire: pop -explica-. Maté un macho, y una hembra que estaba a dos metros de distancia ni parpadeó antes de que la matara también". Los hermanos viajaron por toda Sudáfrica, matando rinocerontes en parques nacionales y reservas privadas. 

Debido a programas de crianza exitosos, había muchos rinocerontes y la seguridad era muy poca o fácil de evadir. Después de la matanza, les pasaban los cuernos a otros para que los vendieran. "Pero yo ganaba poco dinero", me dice, señalando que él, Andre y otras dos personas tenían que repartirse 11,000 dólares por un par de cuernos que pesaban seis kilos. 

Al final, el descontento de Deon con su tajada fue lo que hizo que lo arrestaran. Mató un rinoceronte por su cuenta y lo atraparon cuando lo vendía. Ahora Deon es la presa. La policía lo presiona para que testifique contra Saaiman y otros. La perspectiva lo atemoriza. Apenas unos días después del arresto de Deon, a la esposa de Saaiman le dispararon en la garganta a la entrada de su casa y murió frente a sus hijos. 

Hace seis meses violaron a la ex esposa de Deon en su hogar. Desde entonces, ella y sus hijos entraron al programa de protección de testigos. No mucho después, hombres que dijeron ser investigadores privados visitaron a Deon en prisión y le ofrecieron un camión nuevo, 100,000 dólares y trabajo como cazador profesional para que no testificara. 

No ha decidido si va a cooperar con la policía cuando lo liberen en cuatro meses. "Me pueden encontrar incluso si los meten a la cárcel -dice Deon, refiriéndose a sus cómplices-. Y estoy seguro de que me van a matar". La hora de visita termina y un guardia lo llama: "Rinoceronte, ya es hora -Deon me mira y sonríe-. Aquí mi apodo es 'Rinoceronte'". 

No importa qué tan buen rastreador sea Deon van Deventer, él nunca podría encontrar rinocerontes salvajes en Vietnam. En 2010 los cazadores furtivos mataron al último. Aun así, en Vietnam no hay escasez de cuerno de rinoceronte. 

Este giro del comercio ilegal alguna vez orbitó alrededor de los mercados de China, Taiwán, Corea del Sur, Japón y Yemen, pero actualmente se centra en Vietnam, donde es probable que haya entrado más de una tonelada tan solo el año pasado. 

En Sudáfrica, varios ciudadanos vietnamitas, incluyendo diplomáticos, se han visto envueltos en operaciones para contrabandear cuernos fuera del país. No todos los cuernos de rinoceronte entran a Vietnam de manera ilegal. La ley sudafricana, que se ajusta a la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES, por sus siglas en inglés), permite que los cuernos de un rinoceronte se exporten como trofeo. 

En 2003, un cazador vietnamita voló a Sudáfrica y mató un rinoceronte en un safari legal. Poco después llegaron decenas de cazadores asiáticos que pagaban 50,000 dólares o más por una cacería por medio de una organización de safaris certificada. 

De vuelta en Vietnam, un par de cuernos promedio con un peso de seis kilogramos podría cortarse en pedazos, venderse en el mercado negro y arrojar una ganancia que con facilidad rebasaría los 200,000 dólares después de sustraer los gastos. Es difícil señalar qué fue lo que desató esta fiebre por los cuernos. 

Pero más allá de esta explosión publicitaria está un renovado interés por su supuesto poder curativo. Por lo menos durante 2,000 años, la medicina asiática ha recetado el cuerno de rinoceronte "pulverizado" para reducir la fiebre y tratar una serie de enfermedades. 

Los resultados del puñado de estudios realizados en los últimos 30 años sobre sus propiedades para bajar la fiebre no son concluyentes. Aun así, la edición de 2006 de una farmacopea tradicional vietnamita le dedica dos páginas al cuerno de rinoceronte. 

La afirmación más reciente y sensacional es que cura el cáncer. Los oncólogos dicen que no se ha publicado ninguna investigación sobre la eficacia del cuerno como tratamiento contra esta enfermedad. Sin embargo, eso no quiere decir que no tenga efecto en la gente que lo usa, según Mary Hardy. 

"La creencia en un tratamiento, en especial en uno exageradamente costoso y difícil de conseguir, puede tener un efecto muy potente en cómo se sienta un paciente", explica. Para entender la popularidad del cuerno de rinoceronte en Vietnam recorrí el país con una mujer a la que llamaré señorita Thien. Una mastografía reveló un punto en su seno derecho; una ecografía mostró una sombra preocupante en un ovario. 

La mujer de 52 años planeaba buscar tratamiento moderno, pero también quería consultar a los doctores tradicionales. Le pregunté si creía que el cuerno de rinoceronte ayudaría a curarla. "No sé -me dijo-, pero cuando uno cree que se va a morir, no hace daño intentarlo".

Nuestros viajes nos llevaron desde hospitales para tratar el cáncer y clínicas tradicionales en Hanói y Ciudad Ho Chi Minh hasta tiendas herbales, boutiques que vendían pieles de animales exóticos y hogares privados en pueblos pequeños. Encontramos cuerno de rinoceronte en todos los lugares que buscamos. 

La mayoría de los usuarios que conocimos pertenecía a la rápidamente creciente clase media. A menudo las familias juntaban su dinero para comprar un pedazo de cuerno y compartirlo. Las madres se lo daban a los niños con
sarampión. Los ancianos juraban que curaba la mala circulación y prevenía embolias. 

Muchos lo consideraban una especie de supervitamina. Aunque varios doctores vietnamitas con los que hablé dijeron que el cuerno de rinoceronte no era una cura efectiva para nada, ya no digamos el cáncer, algunos otros médicos respetados afirmaban que el cuerno de rinoceronte podría ser parte de un tratamiento efectivo contra el cáncer. 

Tran Quoc Binh, director del Hospital Nacional de Medicina Tradicional, que es parte del Ministerio de Salud vietnamita, cree que el cuerno de rinoceronte puede retrasar el crecimiento de cierto tipo de tumores. "Primero empezamos con la medicina moderna: quimioterapia, radiación, cirugía -explica Tran-, pero después de eso quizá queden algunas células cancerosas. Entonces usamos la medicina tradicional para combatirlas". 

Dijo que una mezcla de cuerno de rinoceronte, ginseng y otras hierbas podría realmente inhibir el crecimiento de células cancerosas, pero no proporcionó ningún estudio avalado por algún colega para apoyar sus afirmaciones. Una tarde en Hanói, la señorita Thien y yo visitamos un concurrido café a la orilla de un lago. 

Ella le explicó la situación al dueño y este sacó un pedazo de cuerno color ámbar casi del tamaño de una barra de jabón y un plato de cerámica. El fondo del plato era áspero, como lija fina. Vertió unos 10 centilitros de agua en el plato y empezó a frotar el cuerno contra el fondo en un movimiento circular. Después de unos minutos, del cuerno se desprendió un aroma acre y el agua se volvió de un blanco lechoso. 

Mientras lo frotaba, el dueño del café explicó que él y un amigo habían comprado el cuerno como un complemento de salud y para prevenir la resaca, y pagaron 18,000 dólares por unos 180 gramos. Su interés se había despertado en parte por uno de los ex secretarios de Ho Chi Minh, cliente habitual del café, quien les dijo que Ho, un firme creyente de la medicina tradicional, había tomado cuerno de rinoceronte todos los días. 

Después de 20 minutos de frotar, el hombre vertió el líquido en dos vasos pequeños y le dio uno a la señorita Thien y otro a mí. Tenía una textura ligeramente arenosa, pero fuera de eso no tenía sabor. La señorita Thien vació su vaso y lo puso sobre la mesa. "Espero que funcione", dijo. 

John Hume cree que no es necesario que los rinocerontes mueran para proporcionar todo el cuerno de rinoceronte que Vietnam desea. El empresario de 69 años, que hizo una fortuna con hoteles y taxis antes de dedicarse a criar presas de caza mayor, ha reunido una de las manadas privadas de rinocerontes más grandes del mundo. 

Actualmente tiene más de 700 rinocerontes blancos y negros en dos granjas en Sudáfrica, y quiere más. Obtenemos la lana de las ovejas, ¿por qué no el cuerno de los rinocerontes?, pregunta una tarde, sentado en la oficina de una de sus granjas al tiempo que un papagayo albino de nombre Sebastián le mordisquea la oreja. "Si se corta el cuerno a unos 80 milímetros por encima de la base, le volverá a crecer en dos años. Eso significa que hay un suministro interminable de cuerno de rinoceronte si somos lo suficientemente listos como para mantener a los animales vivos". 

Casi cada semana, el administrador y un veterinario, observados por un funcionario de vida silvestre, anestesian uno de los rinocerontes y le quitan los cuernos con una sierra eléctrica. Veinte minutos después, el animal está de nuevo pastando y los cuernos, con un microchip implantado, van a una caja de seguridad. 

Hume se rehúsa a decir qué cantidad de cuernos ha acumulado desde 2002, pero un cálculo conservador sería que su valor es de decenas de millones de dólares. La idea de Hume de cultivar cuerno de rinoceronte a gran escala parecería una más en una serie de prácticas innovadoras de administración de la vida silvestre que vienen de Sudáfrica. 

En 1961, autoridades de la provincia de Natal fueron pioneras en la transferencia de rinocerontes a tierras privadas para incrementar su reproducción y la diversidad genética. En 1986, la Junta de Parques de Natal permitió que el excedente de rinocerontes en las reservas de las provincias se subastara a un precio de mercado justo, lo que le dio millones de dólares a los esfuerzos conservacionistas locales y elevó el valor del animal entre los criadores de presas y los cazadores. 

Hume sugiere que cosechar cuerno de rinoceronte es el siguiente paso sensato en la conservación y la valoración de los animales. A medida que nuestra conversación continúa, Hume se inquieta. Un cazador vietnamita estaría feliz de sedar al animal, tomar los cuernos y dejarlo vivir, afirma. "Pero la ley sudafricana requiere que el cazador mate el rinoceronte para exportar el cuerno como trofeo". 

Sacude la cabeza ante la falta de lógica. Entre los malentendidos, dice Hume, está la idea de que el marfil y el cuerno son lo mismo. El marfil es el colmillo del elefante, en tanto que el cuerno del rinoceronte es de queratina, parecido a la pezuña de un caballo. Cuando a un elefante le cercenan un colmillo, el nervio se puede infectar y matar al animal. 

Los conservacionistas alegan que legalizar el cuerno de rinoceronte no cambiará la economía esencial de la caza ilegal: el cuerno obtenido por la caza ilegal siempre será más barato que el cultivado. Hume no está de acuerdo: a medida que los compradores ganen confianza por la disponibilidad del cuerno legal, los precios bajarán, lo que hará que las organizaciones criminales dejen el negocio. 

"La diferencia fundamental es que los cazadores ilegales buscan una ganancia fácil y a corto plazo. Los criadores están en ello por años de ganancias estables". Hume teme que parte de la resistencia sea por una desconexión cultural. "Básicamente decimos a los vietnamitas que está bien matar un animal porque nuestra tradición de colgar una cabeza en la pared como trofeo es aceptable, mientras que la suya de cortar el cuerno para medicina es abominable". 

Después de patrullar toda la noche sin señales de los cazadores furtivos, Damien organizó la búsqueda de los rinocerontes. Los guardabosques buscaban sangre o un cadáver. Para mediodía, Basta y su cachorro seguían perdidos. 

Mientras Damien conducía para verificar las zonas donde a los rinocerontes les gusta comer, me describió cómo sus días en Irak, cuando protegía convoyes de las Naciones Unidas, le dieron un entendimiento especial de la manera en que se sentían los animales ante los cazadores ilegales. 

Varias veces nos pegaron con artefactos explosivos y perdí algunos compañeros -relata en voz baja-. Sé cómo es que los humanos te cacen. Una vez que abandonó la milicia, empezó a buscar una nueva vida y se dio cuenta de que su experiencia entrenando reclutas de la policía iraquí para tomar el control de su caótico país encajaba perfectamente con las caóticas zonas silvestres de Zimbabue, donde los guardabosques están mal equipados, mal pagados y reciben sobornos de los cazadores ilegales. 

Utilizó el dinero que ahorró en sus misiones en Irak para crear la Fundación Internacional en contra de la Caza Ilegal que, de manera gratuita, entrena, equipa y coloca vigilantes en reservas públicas y privadas de Zimbabue. Recluta a los candidatos en las comunidades más pobres porque ahí es donde se forman los cazadores ilegales y donde se necesita arraigar la idea de que los animales silvestres son más valiosos vivos que muertos. 

Pero ¿esos ideales no se verán minimizados ante el atractivo del dinero fácil por la caza ilegal? La gente dijo que Irak no iba a mejorar, y está mejorando -afirma-. Aquí también mi visión es a largo plazo. Cuatro meses después de que entrevisté a Deon lo liberaron de la prisión. Le dijo a la policía que no iba a testificar contra sus cómplices. Después, se retiraron los cargos contra Gert Saaiman. 

Mientras tanto, los cazadores ilegales han matado cuatro rinocerontes blancos de las granjas de John Hume. Los doctores de la señorita Thien determinaron que las manchas en sus senos y ovarios son quistes, a los que ella está tratando con una mezcla de medicina occidental y asiática, incluyendo cuerno de rinoceronte. 

Antes de irme de Zimbabue volví a ver a Damien. Él y Benzene me llevaron a un lugar en las profundidades de la maleza, en donde Basta rumiaba tranquilamente hojas de un árbol de mopani. Estaba parada junto a su nuevo cachorro, cuya piel arrugada se abultaba en su cuello y en sus rodillas. 

Tenía una pequeña protuberancia en donde al paso del tiempo le saldría un cuerno. Nos maravillábamos ante los temblorosos pasos del pequeño rinoceronte que intentaba seguir a su madre entre las altas hierbas amarillas. Damien sacudió su cabeza. "Es sorprendente ver a ese pequeño y pensar que alguien quiere matarlo por esa pequeña protuberancia, sin importar cuánta magia se supone que tenga". 

Le digo que si el trabajo de su nueva vida es proteger rinocerontes, su tatuaje de "buscar y destruir" debería decir "buscar y salvar". Se ríe. "Sí, amigo, voy a tener que hacer que me lo cambien". Un helicóptero levanta un rinoceronte negro que, sedado y con los ojos cubiertos, volará durante 10 minutos de la provincia del Cabo Oriental, en Sudáfrica, hacia su nuevo hogar a unos 1,500 kilómetros de distancia. 

Diseñados para sacar con cuidado a los animales de los terrenos difíciles, estos vuelos son parte de un esfuerzo por reubicar a los rinocerontes negros en peligro de extinción en zonas más apropiadas para incrementar su número y su zona de acción.

Imágenes de la caza furtiva



Fuente: National Geographic
Editado: Bio-Gea
Compartir en Google Plus

    Comentario Blogger
    Comentario Facebook

0 comentarios:

Publicar un comentario