Seguimiento al derrame de petróleo en el Golfo de México

Abr 2015



Luis Soto González, del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la UNAM, junto con un grupo de 45 académicos de tres instituciones de educación superior, dieron seguimiento a un vertido accidental de hidrocarburos en aguas profundas del norte del Golfo de México, en abril de 2010.

El derrame petrolero frente a las costas del río Misisipi, acreditado a la empresa British Petroleum (BP), ocurrió a mil 600 metros de profundidad al norte del Golfo, cuyas aguas y recursos son compartidos entre México, Estados Unidos y Cuba.

Aunque el vertido de 4.5 millones de barriles aconteció en zona estadunidense, “no existen fronteras físicas que eviten que estos accidentes afecten a las costas nacionales”, explicó el oceanógrafo universitario.

Por ello, desde julio de 2010 el gobierno federal organizó labores en el Golfo, a través del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), junto a la UNAM, el Cinvestav del IPN, el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP) y el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (CICESE), “para evaluar el grado de afectación ambiental ocurrido a 800 kilómetros de distancia de los litorales mexicanos”.


Seguimiento


Soto González es el coordinador académico de un proyecto multidisciplinario que incluye siete subprogramas de investigación oceanográfica, con el propósito de identificar el daño al ecosistema marino, mantener vigilancia de las condiciones oceanográficas e interpretar la información recabada para generar escenarios de cambio.

“Organizamos un proyecto complejo, porque están incorporados alrededor de 45 investigadores y técnicos, con los que dividimos el Golfo para dichas acciones en tres zonas: la UNAM cubrió la parte norte-noroeste con los litorales de Tamaulipas y Veracruz; el CICESE la zona central y profunda, y el Cinvestav se responsabilizó de los efectos en la Península de Yucatán”.

Los estudios revelaron que aunque el hidrocarburo salió proporcionalmente a la superficie, el mayor volumen sigue concentrado en el fondo del norte del Golfo, el cual puede ser dispersado por las corrientes hacia el sur, es decir, hacia aguas mexicanas.

“¿Cuánto duran las consecuencias de un derrame?, hemos proyectado que más de 25 años, porque el petróleo no se degrada con facilidad y los elementos tóxicos causan efectos severos a largo plazo en el ambiente marino”, abundó.

Una de las problemáticas es precisar qué patrones de dispersión y descomposición tiene el hidrocarburo a mil metros de profundidad. “Ahí, la contaminación por petróleo es muy severa, hay mortalidad de peces, mamíferos y nuestro conocimiento es aún limitado. No tenemos muchas respuestas de cómo un sistema como el Golfo de México responde a un caso catastrófico; pero con optimismo esperamos que se pueda recuperar por sí solo”, agregó el universitario.

Las instituciones académicas responsables de la investigación continúan el procesamiento de la información para dar respuesta y editar una publicación con un primer esquema de interpretación, “porque los efectos del derrame se agravarán”.

En el primero y segundo año no se detectaron valores críticos de contaminación química, pero sí una tendencia a la alza de algunos metales pesados de crudo, lo que probablemente repercutirá (con mayor fuerza en 10 o 15 años) en la cadena trófica, tanto de los organismos que habitan en la columna de agua, como los que se distribuyen sobre el fondo marino, así como de las especies migratorias como tortugas y delfines.

“Es un esquema integrativo que se contrapone a quienes dicen que el problema o consecuencias ambientales se restringen al norte del Golfo”, concluyó.
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