Cloropicrina: el arma química para cultivar fresas

 Ene 2015


Rojas, suaves, jugosas... y cultivadas con una sustancia que una vez se usó en la guerra. Son las fresas de California, ahora en medio de un debate nada dulce que involucra elementos de salud pública, economía y sustentabilidad.

Si ve esta fruta en un supermercado de cualquier parte de Estados Unidos es muy probable que provengan de California. Pero también es posible que llegue a ellas si las compra en Canadá, México, Japón o Hong Kong, algunos de los principales destinos de exportación.

Y es que de esta región de clima templado y soleado sale cerca del 90 por ciento de las fresas que se producen cada año en todo el país, en una industria que genera alrededor de dos mil 600 millones de dólares anualmente. Mientras, cerca del 16 por ciento de la producción local se vende al extranjero.

La principal razón de que California se haya convertido en el lugar de Estados Unidos y del mundo en el que más fresas se cultivan se encuentra en que sus campos tienen una altísima productividad. Ello se debe a una conjunción de factores, como la manipulación genética de las plantas de las que nace esta fruta y el uso intensivo de pesticidas; en particular, de los llamados fumigantes, que permiten que los agricultores se deshagan con relativa facilidad de las plagas que podrían arruinar sus cosechas.

Este uso extendido de los fumigantes -que también se da en otro tipo de cultivos, aunque según los expertos no en una proporción tan alta- hizo que recientemente el Centro para el Periodismo de Investigación (CIR, por sus siglas en inglés), le dedicara un extenso reportaje al tema.

Los responsables de la investigación señalaban, entre otras cosas, que los cultivadores de fresas de California "están enganchados" al uso de pesticidas tóxicos, que presentan riesgos para la salud de los habitantes de las localidades cercanas a los campos.

Esos riesgos son mayores en California, porque para la producción de fresas es necesario un clima benigno: los cultivos se encuentran en áreas cercanas a la costa en las que hay una alta densidad poblacional, lo que hace que los pesticidas estén siendo utilizados en las inmediaciones de casas, escuelas y negocios. Se ha comprobado que en algunos casos estas sustancias químicas son carcinógenas y pueden provocar problemas en el sistema endocrino.

Un arma química

Uno de los pesticidas que más se usa en el cultivo de fresas en California es la cloropicrina que, como los otros fumigantes, se inyecta en la tierra antes de la siembra para eliminar a los hongos, microbios, insectos y otras plagas que pueden dañar las cosechas.

Lo que llama la atención sobre la cloropicrina -sobre la que no existe consenso entre los científicos sobre si es causante de cáncer o no- es su origen: durante la Primera Guerra Mundial se utilizó como arma química. Esta sustancia causaba vómitos en los soldados. Los obligaba a quitarse sus máscaras antigás, lo que los dejaba expuestos a armas químicas todavía más letales.

El ejército de Estados Unidos envió reservas sobrantes de esta sustancia a Hawái, donde los agricultores de piñas las utilizaron para fumigar sus tierras, en un intento de acabar con una plaga. Los resultados fueron sorprendentes. De la noche a la mañana las tierras tratadas con cloripicrina multiplicaron su producción y de esta manera nació una nueva generación de pesticidas.

Los fumigantes como la cloropicrina o el 1,3-Dicloropropeno (1,3-D), cuyo uso está muy extendido en el cultivo de fresas en California, se inyectan en la tierra, normalmente en combinación con otros pesticidas, antes de la siembra.

Estos químicos no acaban en la fruta, por lo que no representan un riesgo para los consumidores. El peligro está en el momento de su aplicación, ya que en algunos casos, son inodoros e incoloros y pueden esparcirse por el aire, afectando a los trabajadores del campo y a los habitantes de las comunidades vecinas.

Uno de los fumigantes más potentes, el bromuro de metilo, dejó de utilizarse en la mayor parte de Estados Unidos y del resto del mundo hace una década, debido al daño que causa en la capa de ozono.

En California se ha seguido usando por las exenciones otorgadas por la Agencia de Protección Medioambiental de Estados Unidos, aunque se acerca su fin, por lo que los agricultores deben recurrir a otras sustancias como la cloropicrina o el 1,3-D.

¿Peligrosos para la salud?

"California tiene una base de datos única en Estados Unidos sobre el uso de pesticidas y al analizarla nos sorprendió ver que la utilización más intensiva de estas sustancias se da en la costa, precisamente en las regiones donde se producen principalmente fresas", explicó Bernice Yeung, coautora del reportaje del CIR sobre el uso de fumigantes.

"Las fresas son una fruta muy difícil de cultivar porque son muy frágiles. Además, de entrada se necesita una inversión importante, así que los agricultores quieren asegurarse de recuperar su dinero usando pesticidas".

Según Yeung, uno de los principales problemas de los fumigantes es que es muy difícil establecer la relación causa-efecto entre su uso en una determinada comunidad y un caso concreto de cáncer.

"Es casi imposible porque hay muchos otros elementos en juego, como otros factores medioambientales o incluso la genética", señala la periodista.

"La gente que vive cerca de los campos donde se cultivan fresas quiere más información, ya que no tienen claro cuáles son los riegos a los que están expuestos o si las reglas se están cumpliendo", asegura Yeung.

Desde la Comisión de la Fresa de California (CSC, por sus siglas en inglés) -que representa a los productores de esta fruta- aseguran que el reportaje del CIR es "sesgado" y en él no se habla de las investigaciones que están llevando a cabo "para desarrollar métodos alternativos que reduzcan la dependencia de los agricultores de los fumigantes".

"Nos preocupa el bienestar de las comunidades cercanas a los campos y de los trabajadores agrícolas. Los productores de fresas nunca llevarían a cabo actividades que pudieran dañar a sus vecinos o a los habitantes de las áreas cercanas a los campos", aseguró en conversación con BBC Mundo Carolyn O’Donnell, portavoz de la comisión.

"La cercanía entre las casas y los campos ha hecho que los agricultores hayan modificado sus prácticas y que las autoridades hayan implementado nuevas restricciones sobre el uso de fumigantes", señaló la representante de la CSC.

Mientras, fuentes del Departamento de Regulación de Pesticidas de California (CDPR, por sus siglas en inglés) aseguraron que todas las decisiones que toman sobre la autorización del uso de fumigantes están basadas en información rigurosa.

Fuente: BBC Mundo / Jaime González
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