Creatividad: catalizador de la investigación científica

Israel Hernández Romero (1968) es ingeniero químico del Instituto Tecnológico de Ciudad Madero, donde también estudió la maestría en Tecnología del Petróleo y Petroquímica, y el doctorado en Ingeniería Química. Es profesor de la Facultad de Ciencias Químicas (Universidad Veracruzana Zona Poza Rica-Tuxpan) y pertenece al Sistema Veracruzano de Investigadores y al PROMEP. Su área de especialidad son los catalizadores orgánicos y tratamiento de agua.
Interesado en el medio ambiente desde muy joven, Israel Hernández Romero ha dedicado su tiempo a la docencia y al diseño de soluciones ambientales; con ello ha motivado a sus estudiantes para que se acerquen a la ciencia en una forma exitosa, como lo demuestra la obtención del premio Cinvestav 2013.


"Desde que cursé el bachillerato, tuve curiosidad por los temas científicos, ya que estudié una carrera técnica agropecuaria y nos dedicábamos a sembrar y mejorar los métodos de siembra y fertilizantes. Después, como me gustaba mezclar cosas, nació la inquietud por estudiar la química, así que indagué con mis maestros y supe de la carrera de ingeniería química”, comenta el doctor Hernández, quien reconoce que siempre ha estado interesado en el cuidado del medio ambiente y en mejorar la calidad del agua, porque los considera asuntos muy importantes, de ahí que decidiera buscar mejores tecnologías y al mismo tiempo trabajar con coagulantes orgánicos de fácil degradación en el ambiente.



“Cuando terminé un doctorado en el Tec de Ciudad Madero —donde me formé desde la licenciatura–,* empecé a hacer un poco más de investigación. En esa institución tienen una forma de trabajo con catalizadores químicos muy establecida. Para mí, el hecho de que fueran químicos seguía siendo un problema, por lo que me propuse buscar alternativas orgánicas: sustancias que se pudieran degradar en el medio ambiente, que no causaran otro daño más o que requirieran un proceso adicional”, apunta el experto.


Con respecto a su espacio de trabajo —la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad Veracruzana—, el investigador señala que están “tratando de abrir un lugar de investigación en sí, ya que estamos contratados como maestros de tiempo completo; esto significa que dividimos nuestro tiempo entre la docencia, la investigación, la gestión y las tutorías. Gracias a ello he tenido oportunidad de involucrar a mis alumnos en la investigación que se está desarrollando”.

El impulso a los jóvenes hacia la investigación

En cuanto a su experiencia en la formación de estudiantes, Hernández Romero detalla: “Dirigí la tesis de Reyna Martínez, en la cual buscamos una alternativa para obtener un producto natural que sirviera como aislante o bolsa biodegradable y que fuera amigable con el medio ambiente; con ese trabajo ganó el premio a la mejor tesis de licenciatura en el Área de Tecnología y Ciencias de la Ingeniería, otorgado por el Cinvestav en 2013. A la mayoría de los chicos les dio mucho gusto que se obtuviera ese premio, y casi todos están tratando de hacer investigación porque quieren participar en otras convocatorias de ese tipo. Ellos saben que para ganar el premio se tiene que trabajar muchísimo, así que continuamos haciendo investigaciones con almidón de plátano, cáscara de huevo, nopal, yuca y lirio acuático”.

El Doctor en Ingeniería Química precisa brevemente el tema de la tesis galardonada: “del árbol del hule se obtiene un plástico natural para hacer bolsas de mandado que no contaminan el ambiente al ser desechadas y que también puede usarse como aislante en cables eléctricos. Actualmente realizamos pruebas para hacer plásticos de ese tipo con la yuca”.

La motivación para hacer investigación e involucrar a los estudiantes nace, probablemente, de la constante interacción en las aulas: “Aunque los recursos son limitados, a veces uno siente la necesidad de demostrarle a los muchachos que sí se puede; que sin nada —porque las carencias en esta parte de Veracruz son bastantes— se puede conseguir algo, que se trata de ser creativos para encontrar soluciones”, afirma.

Catalizadores orgánicos y tratamiento de aguas

“En palabras llanas —dice Hernández— mi área actual de especialidad son los polvos que se puedan tirar en el agua y la limpien. La mayor parte de mis investigaciones están en fase experimental, tenemos preparados bastantes catalizadores, uno de plátano —cuyos resultados ya están publicados en una revista internacional—, y estamos tratando con lirio acuático; también procesamos la cáscara de huevo para remover metales. El trabajo que hemos hecho se ha publicado en revistas especializadas y en congresos estatales, nacionales e internacionales”.

Sobre la relación con otros grupos de trabajo académico, asegura que actualmente colaboran con el Tec de Madero, con la Universidad de San Luis, “y planeamos algo con el IPN, con el Centro de Nanociencias. Estamos en contacto con investigadores de España, de Francia y de Sudáfrica. La investigación en ingeniería ambiental en nuestro país es, por fortuna, bastante amplia, ya que existen muchos investigadores jóvenes trabajando en productos, procesos, catalizadores, etcétera; pero la gran limitación es la falta de inversión para llevarlo al siguiente escalón”.

Del laboratorio a la industria

Igual que muchos otros investigadores, Israel Hernández enfrenta limitaciones, como nos explica:

 “La falta de infraestructura es una de las principales limitaciones que tengo hoy en día. Mi primer reto es montar un buen laboratorio de investigación (aunque formalmente no tengo la contratación de investigador) con los equipos necesarios. Y mi desafío más grande es lograr que los catalizadores orgánicos se usen en nivel industrial, principalmente, en las plantas de tratamiento de aguas. Estamos compitiendo con un catalizador químico muy bueno, que ya probamos y comparamos con el nuestro: resulta que, aunque es más eficiente el químico, tiene la desventaja del costo ya que el orgánico no nos cuesta, lo sacamos de un desecho como la cáscara de plátano, de ese material obtenemos el almidón para hacer el catalizador; ésa sería una ganancia con respecto al químico, y la otra es que es amigable para cualquier ambiente. Hasta donde sabemos, nuestra investigación es novedosa, no hay mucho material publicado al respecto, en Sudáfrica les pareció un buen catalizador. Sé que se ha trabajado en otros lugares del mundo, pero, al parecer, no lo han desarrollado lo suficiente como para aplicarlo. Lo que se necesita para sacar el catalizador orgánico al mercado es hacer pruebas en una planta de tratamiento de aguas en funcionamiento, en una planta industrial”.

El doctor Hernández agradece el espacio para dar a conocer el trabajo que hace su equipo en la búsqueda de soluciones a los problemas más graves de su región y hace una recomendación final, “en Poza Rica nos estamos quedando sin agua, hay mucho desperdicio, por lo que hace falta una cultura del agua; de poco servirán tantos procesos, si no tenemos la cultura de cuidarla, de aprovecharla adecuadamente, de no malgastarla ni contaminarla. Sobre todo, debemos empezar por enseñarle con nuestro ejemplo a los niños”.


Fuente: CONACYT
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