Modificar el ADN: próxima revolución científica

May 2015.

La bioquímica francesa Emmanuelle Charpentier y la bióloga molecular estadunidense Jennifer Doudna, publicaron en 2012 un artículo en la revista «Science» en el que sentaban las bases de una metodología para modificar el ADN de casi cualquier organismo de forma sencilla, barata y precisa. La técnica se llama CRISPR-Cas.

En los tres años que han transcurrido desde entonces, las investigaciones en la materia se han multiplicado hasta el punto de que las opciones parecen estar limitadas solo por la imaginación.

“Como revolución, creo que no ha habido otra parecida. Ya había herramientas para hacer cosas similares, pero la diferencia fundamental es que este sistema es barato, fácil de usar y extremadamente eficaz. Tanto que da miedo”, explicó Francisco Juan Martínez Mójica, microbiólogo en la Universidad de Alicante e investigador fundamental en el descubrimiento de CRISPR-Cas. “Las posibilidades que ofrece son bestiales. Se puede modificar casi cualquier genoma como tú quieras”.

En este sentido, una revisión publicada en la revista «Nature» en enero de 2014 ya recogía algunas de las posibles aplicaciones. Estas van desde la identificación de la función de cualquier gen, a la modificación de organismos de interés agrícola y ganadero o incluso a la corrección de genes para evitar enfermedades hereditarias (lo que se conoce como terapia génica), para acabar en el futuro con las enfermedades raras o el cáncer.

Corregir genes como si fueran palabras

Tal como explica Lluís Montoliu, investigador en el Centro Nacional de Biotecnología del CSIC, y que ha estado trabajando en la nueva técnica casi desde su publicación, CRISPR-Cas, que en origen formaba parte del «sistema inmune» de las bacterias, «funciona igual que en un procesador de texto en el que se coloca el cursor sobre las palabras para corregirlas».

Pero en vez de píxeles y frases, el sistema cuenta con una secuencia guía capaz de reconocer a genes concretos y con unas proteínas que cortan el ADN donde les marca este «lazarillo». El resultado es que el sistema CRISPR-Cas modifica las «palabras» que los investigadores le marquen.

Montoliu dice que la nueva técnica puede permitir reducir drásticamente los tiempos en la investigación genética, pero se muestra prudente: “no hay que perder el norte, estamos en la fase de despegue y es prematuro pensar en aplicar esta técnica en humanos”. Por ejemplo, queda mucho trabajo por delante para poder descartar que CRISPR-Cas no producirá daños en otros genes que no se quieren tocar. Con todo, aún quedaría la tarea titánica de enfrentarse a la compleja base genética de muchas enfermedades humanas y de revisar la legislación.


Fuente: ABC España / Gonzalo López Sánchez
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