Una muerte menos dolorosa para las ballenas varadas



Si vieras un animal agonizando, sin esperanza de poder salvarlo, ¿qué harías? A esa pregunta se enfrentan los investigadores, veterinarios y voluntarios cuando se encuentran con ballenas varadas en playas de todo el mundo.

«La mayoría de las ballenas, cuando llegan a la costa, ya están muertas», afirma Craig Harms, veterinario de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (Estados Unidos).

Sin embargo, aquellas que llegan a la playa vivas y no pueden volver al mar, se enfrentan a una muerte lenta y dolorosa si nadie las ayuda. Algunos grupos recurren al uso de explosivos para acabar con su vida lo más rápidamente posible; otros recurren al desangrado, que supone cortar una arteria principal; otros utilizan medicamentos.

Un nuevo estudio ha identificado una combinación de sedantes, analgésicos y otras sustancias para evitar el sufrimiento del animal.

Cuando una ballena se encuentra en esa situación, la exposición al sol le produce ampollas en la piel y efectos similares a quemaduras de tercer grado. Además, se convierte en presa fácil para carroñeros como las gaviotas. «Las gaviotas van a los ojos, y no les preocupa si el animal está muerto o no», indica Harms.

Para los grupos que recurren a las drogas en estos casos, los problemas medioambientales, de seguridad y logísticos pueden complicar la toma de decisiones.

Un analgésico llamado xilacina puede hacer que el animal se retuerza y dé sacudidas, lo que puede resultar muy peligroso para las personas que estén socorriéndola.

Otro problema es la presencia de un barbitúrico llamado pentobarbital, que primero hace que el animal se quede inconsciente y no sienta dolor, y luego para su corazón. Sin embargo, aparte de que es un medicamento muy controlado, no desaparece, por lo que puede afectar a los carroñeros que se alimenten de una ballena a la que se le ha inyectado la sustancia.

En Estados Unidos, por ejemplo, de utilizarse barbitúricos, el cuerpo debe ser eliminado para evitar la llamada toxicidad secundaria, como nos informa Teri Rowles, del Servicio Nacional de Pesca Marina.

Eso puede ser posible en el caso de ballenas pequeñas, accesibles con camiones, pero no con ballenas grandes.

Rowles y Harms, junto con varios colegas, comenzaron hace años a buscar una solución segura para humanos, animales y el medio ambiente, dando como resultado un cóctel de sustancias y un protocolo que describen en su nuevo estudio.

La mezcla incluye cuatro sustancias: midazolam, acepromazina, xilacina y cloruro de potasio, que pueden provocar la muerte de una ballena varada de forma más humana y sin resultar tóxica para otros animales o el medio ambiente.

Los dos primeros medicamentos son utilizados para calmar a humanos y caballos, respectivamente. Cuando la ballena está tranquila, se le administra la xilacina, que anestesia y evita que sufra, para finalmente administrar el cloruro de potasio, que paraliza el corazón.

Además, el equipo ha diseñado una forma para administrar los medicamentos con una rociador de jardín conectado a unas agujas.

«La eutanasia de ballenas no es algo agradable», afirma Harms, «pero ahora, las personas que se ven obligadas a hacerlo cuentan con una opción menos dolorosa para los animales».
Compartir en Google Plus

    Comentario Blogger
    Comentario Facebook

0 comentarios:

Publicar un comentario