Todos formamos parte de un sistema acoplado

Jun 2015


Cuando se da una interacción social entre dos personas, cada una de ellas no es un ente distinto, sino parte de uno solo, sobre todo cuando hay una coordinación mutua de interacción corporal, lo que nos hace parte de la existencia del otro. Dos bailarines pueden sentirse parte de un conjunto, no sólo por el contacto a través de su cuerpo, sino porque mientras bailan, experimentan que su mente no es un ego solitario, sino que forma parte de una misma relación social.

Tom Froese, doctor en el Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas (IIMAS) de la UNAM, explicó que la psicología plantea que dicha experiencia es una ilusión de nuestro cerebro. Para el investigador, esto no tiene que ser así, pues todos formamos parte de un sistema acoplado al compartir un entorno o situación.

Esto se conoce como intersubjetividad en filosofía, una conciencia de una experiencia o situación que tienen dos personas. Froese señaló que la idea de la interacción social, en las ciencias, se basa en la teoría de la comunicación, siendo un modelo lineal donde hay una fuente, un destino y un mensaje que se envía a través de un canal. Esta idea es muy abstracta y no incluye la interacción social, pero es posible que nuestra mente no permanezca encerrada en nuestro cerebro aislado, sino que podamos ser parte de la existencia del otro al compartir una misma experiencia.

El doctor Froese, junto con los doctores David Rosenblueth y Carlos Gershenson, crearon un modelo de simulación computacional, donde dos agentes corporales coordinan la interacción que hay entre ellos. Analizando los cerebros artificiales de ambos se descubrió que formaron un sistema unificado de dinámica neural, además de ello, exhibían propiedades más complejas, las cuales no hubieran podido surgir en el cerebro de un agente en aislamiento. Hay más complejidad cuando las personas interactúan con el ambiente, que contiene otros agentes.

Esta hipótesis fue comprobada por el doctor Froese a través de un experimento psicológico que llevó a cabo con el doctor Hiroyuki Iizuka de la Universidad de Osaka y el profesor Takashi Ikegami de la Universidad de Tokio y posterior a ello realizó un análisis de resultados en el IIMAS. Para este estudio se utilizaron personas que fueron separadas y sólo interactuaban por medio de la realidad virtual.

Cada participante experimentaba una vibración perceptible en la mano al tocar un objeto virtual, el objetivo de la prueba era localizar al compañero evitando los objetos distractores que copiaban el movimiento del otro, pero que no respondían al contacto. La interfaz era sencilla, un mouse de computadora y un pequeño motor de vibración que se enciende o apaga dependiendo de si hay contacto con otro objeto en el espacio virtual.

Froese detalló que buscaba encontrar al otro interactuando de forma táctil con objetos virtuales, pues los participantes no veían nada y sólo sentían la vibración del motor en su mano, lo que les indicaba si habían tocado algo, mientras se movían en el espacio virtual. La única manera de identificar al otro es notando si hay una interacción que no está dirigida sólo por uno mismo.


Cuando se presenta una interacción que depende de tomar turnos en pareja, los participantes deben hacer click cuando están seguros de haber encontrado al otro. La mayoría hacían click al mismo tiempo, un resultado interesante porque puede ser que las dos personas sean parte de una situación, tal vez sienten lo mismo al mismo tiempo. Después de cada intento reportaron que hay una clara conciencia de su presencia.

Con este experimento se demuestra que gran parte de los participantes podían sentir cuando tocaban al interlocutor en la realidad virtual. Además de un reconocimiento del otro, cuando uno reconocía al compañero, el otro también lo hacía. Con dichos resultados se comprueba que es posible ser parte de la existencia del otro y compartir experiencias cuando ambas partes responden a un estímulo.

Hay muchas conexiones en nuestro cuerpo con el de otras personas, por lo que hay un cerebro que está dentro de un cuerpo inmerso en un ambiente, el cual contiene otros cuerpos con otros cerebros y al final, todo está conectado y forma un sistema.





Fuente | Ciencia UNAM
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