Investigación sobre el pecarí en México

Jul 2015

Considerados como un indicador del buen estado del hábitat debido a su intolerancia a la perturbación, ya que desaparecen rápidamente de áreas que han sido colonizadas por el hombre, el pecarí labios blancos (Tayassu pecari) es considerado una especie en peligro de extinción en México y ha desaparecido en un 84 por ciento del rango de distribución que tenía en el país, según afirmó Rafael Reyna Hurtado, investigador de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur).

Fotografía cortesía del Dr. Reyna Hurtado

El biólogo, quien ha estudiado durante los últimos 15 años los aspectos socioecológicos de esta especie, sus patrones de movimiento en relación con características ecológicas de los hábitats donde viven y cómo el ser humano ha afectado dichos aspectos, aseguró que uno de los principales propósitos de su trabajo es proponer y fortalecer esquemas de conservación y manejo sustentable del hábitat y la vida silvestre.


“Desde el punto de vista científico estamos intentando obtener información para entender por qué se forman grupos de pecaríes de diferentes tamaños y por qué su movilidad es muy diversa. No entendemos muy bien la dinámica de sus movimientos, qué los causa, quién decide cuándo y a dónde moverse. Pero también estamos trabajando en estimar el impacto de los humanos en estas poblaciones; estamos tratando de entender cuál es el proceso entre el cazador, los grupos de pecaríes y las áreas protegidas; si realmente estas áreas los están protegiendo y su situación fuera de ellas, donde hay cazadores”, explicó Reyna Hurtado.





De acuerdo con el especialista, adscrito al Departamento de Conservación de la Biodiversidad de Ecosur, los principales problemas que enfrenta el pecarí de labios blancos son la pérdida de su hábitat y la cacería, que han provocado la reducción de su rango histórico de distribución en el país en los últimos 50 años.

Por ello, este animal es considerado una especie en peligro de extinción en México –de acuerdo con la Norma Oficial Mexicana NOM 059 de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de 2010– y está cerca de considerarse amenazado en todo su rango de distribución, de acuerdo con las listas rojas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

“Esta especie solo sobrevive actualmente en la Reserva de la Biosfera de Calakmul, en Campeche; la región de la Selva Lacandona en Chiapas y en la Reserva de los Chimalapas, en Oaxaca, y ha desparecido del resto del país. Un patrón que ya hemos venido documentando desde hace tiempo es que cuando el humano llega y coloniza un nuevo bosque, los pecaríes labios blancos y el tapir son de las primera especies de mamíferos grandes que desaparecen; son especies de mamíferos muy sensibles”, comentó.

Características biológicas


El pecarí de labios blancos (Tayassu pecari) junto con el pecarí de collar (Tayassu tajacu) son las dos especies de la familia Tayassuidae que se encuentran en México. La distribución histórica del pecarí de labios blancos se extendía desde nuestro país hasta el norte de Argentina. En territorio nacional, la Pecaríes de collar (Tayassu tajacu) distribución original se encontraba desde Veracruz y Oaxaca hacia el sur y sureste del país e incluía toda la península de Yucatán. Actualmente han desaparecido de Tabasco y de casi todo Veracruz, Oaxaca, y Yucatán, y solamente sobreviven poblaciones grandes en Campeche y Chiapas, aseguró el investigador.

En el capítulo “Pecaríes en México”, de Rafael Reyna y un equipo conformado por los investigadores Ignacio March, Eduardo Naranjo y Salvador Mandujano –del libro Fauna silvestre de México, editado por Valdez y Ortega 2014–, se afirma que estos animales desempeñan varias funciones ecológicas, incluyendo la de dispersión y depredación de semillas; son presas de depredadores mayores y son capaces de alterar la estructura y composición de las comunidades vegetales; además de ser una de las especies de presa preferidas de cazadores de subsistencia y deportivos a lo largo de su rango de distribución.

En ese sentido, se explica que para muchas comunidades indígenas, sobre todo de Sudamérica, los pecaríes son la fuente de proteína animal más importante; además de que tienen el potencial de proveer una fuente significativa de ingresos a través de la comercialización de su piel y carne. Ambas especies de pecaríes en México han sido importantes en las dietas y culturas de los pueblos precolombinos. Según se asegura en el texto citado, los primeros exploradores mencionaron que los mayas, aztecas y yaquis, entre otros, cazaban y criaban pecaríes como fuente de alimento; por ejemplo, Bernal Díaz del Castillo describió en 1520 que en México existía “abundante presencia de jabalíes silvestres con el ombligo en su espalda”. Se cree que Moctezuma también crió pecaríes en su parque zoológico descrito por Hernán Cortés a mediados de 1520.

“Los pecaríes son animales parecidos a los cerdos, viven en lugares tropicales; el pecarí de collar es más resistente y flexible, y habita los bosques secos del país; por la costa Pacífico llega hasta Estados Unidos, y el otro, el pecarí labios blancos, solamente vive en lugares húmedos y bien conservados; ambos son sociales. Los pecaríes de collar forman grupos pequeños de menos de 10 comúnmente, pero de labios blancos hay reportes de grupos de hasta 700 y tienen un comportamiento social más variado y diverso. Eso es lo que queremos ver, por qué viven en grupo, si hay alguien que los dirige, cómo deciden visitar áreas especificas, cuándo deciden moverse. Cuando iniciamos este estudio había referentes en Costa Rica y en el Amazonas de Brasil, pero en México hemos sido los primeros”, explicó Reyna Hurtado.

El proyecto actual en el que trabaja, apoyado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), se denomina Movimientos coordinados de pecaríes labios blancos, en el que investigan si estos animales usan la memoria espacial, si van a ciertos cuerpos de agua o árboles de frutas, y si regresan con frecuencia a esos mismos lugares. Si bien, detalló el experto, tienen evidencia empírica de que sí lo hacen, lo que pretenden es documentarlo de manera estadística. Todo esto con el propósito no de prohibir la cacería, pues entienden que esta actividad es importante para los pobladores, que es una fuente de ingresos de personas muy pobres y es también una fuente relevante de proteína animal.

“El campesino va a cazar y de esa manera trae carne a la mesa. Lo que queremos es llegar a elaborar planes de manejo; los biólogos no estamos totalmente en contra de la cacería. Lo ideal sería una cacería organizada, lo cual no me parece tan malo como cuando entra la ganadería a una zona de bosque, en donde se destruye toda la selva y se pierde todo. Lo que estamos buscando nosotros es que las especies no se extingan, que el impacto no sea tan fuerte y que no implique la extinción, aplicando principios de sustentabilidad: consumes pero no acabas. Esos son los planes de manejo a los que queremos llegar”, consideró el experto.




Compartir en Google Plus

    Comentario Blogger
    Comentario Facebook

0 comentarios:

Publicar un comentario