La vida de Alfonso Serrano: uno de los mas destacados científicos mexicanos

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Podemos hacer las cosas tan bien como cualquier país del primer mundo. 
Alfonso Serrano.

El astrónomo mexicano Alfonso Serrano Pérez-Grovas, quien falleciera recientemente, fue el principal impulsor del Gran Telescopio Milimétrico, que colocó a México en la frontera del conocimiento de punta. Gran parte de su trabajo de investigación se centró en las ramas galáctica y extragaláctica. Estudió ampliamente la evolución química del Universo, con especial énfasis en la formación de las estrellas y su vinculación con los sistemas planetarios.

Ofrecemos aquí una semblanza de este destacado científico.

Alfonso Serrano Pérez-Grovas estuvo entre nosotros poco más de seis décadas. Colegas, amigos y su propia esposa coinciden acerca de los atributos que lo caracterizaron como persona a lo largo de su existencia: un gran sentido del humor hasta en los momentos más álgidos, hombre solidario y noble como amigo; muy humano, sencillo, poseedor de una inteligencia sobresaliente, con una sed insaciable de conocimiento; guerrero de ánimo indomable cuando se trataba de defender sus ideales y muy exigente en el trabajo, al cual era adicto; pero quizá lo más reconocido en él es su fe inquebrantable en el mexicano, ser colectivo al que consideraba capaz de grandes proezas con sólo proponérselo.

A QUIEN MIRÓ LA DISTRIBUCIÓN DE LOS MUNDOS EN EL CAOS
Doctores: A. Poveda, A. Serrano y Ahmed Meers, en la Reunión del Comité Asesor del Proyecto GTM (1996).
¡Oh inteligencia, soledad en llamas que todo lo concibe sin crearlo!*
El doctor Serrano Pérez-Grovas vivía la vida intensamente; profesaba un gran amor por su país, y siempre mantuvo su firme convicción de que la ciencia y la tecnología deberían ser las palancas impulsoras del desarrollo nacional. Pugnaba por que el conocimiento generado por investigadores, científicos y tecnólogos mexicanos se aplicara a resolver los grandes problemas que aquejan a México, postura que sostuvo aun desde su área de desarrollo, que era una ciencia básica: la astrofísica.

En el campo del conocimiento universal, este científico mexicano –aquilatado en el ámbito internacional por sus investigaciones en astronomía y sus numerosas distinciones en México y el extranjero– fue reconocido por uno de sus mayores logros: haber impulsado la creación del Gran Telescopio Milimétrico (GTM), único en su tipo en el mundo; proyecto mexicano-estadounidense, coordinado por el INAOE, en México, y la Universidad de Massachusetts, en Estados Unidos; financiado con fondos públicos tanto del Conacyt como de la National Science Foundation, el cual ha permitido colocar a nuestro país en los más altos niveles de la ciencia y la tecnología de punta.

Nacido en la Ciudad de México el 1 de febrero de 1950, Alfonso Serrano Pérez-Grovas fue el primogénito de cuatro hermanos (Alfonso, Rafael, Deborah y Mónica). Recibió su educación primaria, secundaria y preparatoria en el extinto Colegio Patria, una institución administrada y conducida por sacerdotes jesuitas, donde destacó por su inteligencia, espíritu competitivo y curiosidad por saberlo todo.

En una ocasión –cuenta su esposa, Leticia Vázquez Marrufo–, a los ocho o nueve años de edad, fue acusado de crueldad animal por abrir el cuerpo de una lombriz para ver qué tenía en su interior. “Compañeros de primaria muy cercanos a él, me refirieron que era el más inquieto, el que más preguntaba, el que sacaba los primeros lugares. Sin duda, mi esposo fue el alumno más brillante que tuvo el Colegio Patria”.

En secundaria y preparatoria, Alfonso Serrano Pérez-Grovas llegó a ganar maratones atléticos y concursos de oratoria organizados por el colegio. “Leía poemas como nadie. A mí me conquistó mi marido con la poesía –refiere doña Leticia–. Leíamos mucho Muerte sin fin, de José Gorostiza. Era un hombre que podía conmoverse hasta las lágrimas, sin la menor pena, con un poema, con una ópera, con una historia vivida o contada, tenía un alma sensible.

“Era un lector voraz, siempre estaba leyendo dos o tres libros a la vez, sobre temas actuales, históricos o de narrativa contemporánea, no nada más de temas científicos. Le gustaba conocer la historia, la cultura y las costumbres de los países en los que había estado. Le gustaba entender su entorno, su mundo, su época, para lo cual volvía la mirada al pasado, con el fin de entender su presente”.

El jardín 


Dr. Serrano Pérez-Grovas y Leticia Vázquez Marrufo, su esposa
Alfonso Serrano y Leticia Vázquez Marrufo compartieron 14 años de su vida; ambos habían tenido sendos matrimonios anteriores en los cuales procrearon, él, dos hijos –Fidel y Tania–, y ella, uno, Roberto. No tuvieron hijos en común. “Estamos en nuestra segunda administración”, solía decir el doctor Serrano a familiares y amigos. “Tenía un gran sentido del humor, un enorme amor por la vida, era una persona feliz y un hombre sencillo”, reitera doña Leticia.

“Mi marido decía que el 30 por ciento de su felicidad era tener aquí en casa un pequeño jardín –en una ciudad como la de México–, y el otro 70 por ciento, se lo daba yo, su esposa. A este jardín acostumbrábamos invitar a nuestros amigos los fines de semana, para departir en comidas que, con frecuencia, se prolongaban hasta altas horas de la noche, pues la amena conversación de Alfonso hacía que no advirtiéramos el paso del tiempo”.

Luego de calificar a su esposo como un torbellino de actividad, doña Leticia comenta que era profundamente amoroso como compañero. “Y con esa generosidad que solamente se da a los grandes de corazón y de espíritu, Alfonso comentaba a sus amigos, sin ningún pudor: ‘Yo soy mejor persona gracias a Lety’; y yo decía que él también me había hecho mejor persona a mí. Nos queríamos y nos aceptábamos tal como éramos, con nuestros defectos y nuestras virtudes”.

También refiere que el doctor Serrano se sentía muy comprometido con el país, en cuanto a aportar su granito de arena para mejorar la calidad de la educación y contar con recursos humanos mejor calificados, así como con políticas públicas que permitieran impulsar proyectos encaminados a la resolución de problemas nacionales. “Se empeñó siempre en que el conocimiento científico generado tuviera una utilidad y una aplicación práctica. No solamente veía el país que somos, sino el que podíamos y debíamos ser”.

Mentalidad de primer mundo



Gran telescopio milimétrico 
En el desarrollo del Proyecto GTM, el doctor Serrano Pérez-Grovas decía que se realizaron grandes hazañas; desde elegir el lugar idóneo para su instalación (se estudiaron más de 160 cumbres en todo el territorio nacional) y construir el camino de ascenso a la montaña, hasta realizar una cuidadosísima obra de ingeniería a 4,581 metros sobre el nivel del mar, pues a esa altura se encuentra el GTM, en la cima del Tliltépetl, o Volcán Sierra Negra, en el estado de Puebla. Pero lo que más trabajo costó –llegaría a comentar– fue convencer a la gente de que los mexicanos podemos hacer las cosas tan bien como las hacen en cualquier otro país del primer mundo.

El doctor Serrano, por fortuna, llegó a ver terminado y en operación el telescopio. “En diciembre pasado estuvo unas noches observando el espacio con un grupo de colaboradores: me llamó por teléfono y comentó emocionadísimo: ‘Para fines prácticos, el telescopio funciona a la perfección’. Me decía también que una noche de observación en el telescopio podía proporcionar información para procesarse en semanas y meses”, comentó su esposa y compañera.


Al respecto, el doctor José Guichard Romero, ex director del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE, un centro público de investigación del Conacyt), refiere que en diciembre de 2010, él y el doctor Serrano probaron el telescopio con unos instrumentos desarrollados en el INAOE, en espera de los definitivos, procedentes de Estados Unidos. “Estuvo padrísimo y dijimos, ‘¿sabes qué?, este aparato sí funciona y funciona perfectamente’; sin embargo, la explotación científica del telescopio, propiamente dicha, ya no la disfrutó”.

Alumno, compañero de trabajo y amigo de Alfonso Serrano, José Guichard lo define como un guerrero de convicciones profundas, que peleaba a muerte por lo que quería. “Desde que era mi maestro en la Facultad de Ciencias de la UNAM, hace ya 30 años, y siendo alto directivo del Conacyt, se afanaba por convencer a los jóvenes, a la sociedad y al gobierno de la importancia que tenían la ciencia y la tecnología para el desarrollo de México.

“En el caso del GTM, él siempre dijo que no era nada más un gran telescopio para los astrónomos, sino que podía convertirse en una herramienta de derrama tecnológica para el país y, efectivamente, a lo largo de su construcción se aprendieron muchas cosas, de telecomunicaciones de alta frecuencia, de metrología, de materiales avanzados, de grandes superficies ópticas… Él decía, con mucho orgullo, que más del 85% de la infraestructura con la que cuenta el telescopio fue hecha por compañías mexicanas, lo cual significa que 85% del dinero invertido se quedó aquí en México”.


Gran éxito milimétrico

El Gran Telescopio Milimétrico, único en el mundo, posee una antena parabólica diseñada con un área colectora de 50 metros de diámetro, dimensión equivalente al tamaño de media cancha de futbol, y es el proyecto más ambicioso jamás concebido en la historia de nuestro país, el cual debemos al doctor Alfonso Serrano Pérez-Grovas; en él, puso toda su energía y entusiasmo desde 2003, año en que fue designado coordinador general del proyecto.

La idea de crear el mayor y más moderno telescopio del mundo era ver más lejos, más profundo, más allá de lo que habían visto hasta entonces otros telescopios, y adentrarse en aquello que las teorías apenas rasguñaban, según sus propias palabras.


Sin duda –llegó a afirmar el doctor Serrano–, el GTM es el punto de partida de lo que serán años y años de fructífera investigación para México y otras naciones, ya que no sólo aportará vistas de las galaxias más lejanas en el Universo, sino que también permitirá detectar ondas que se encuentran a distancias de 13,200 millones de años luz, así como realizar un estudio detallado de las condiciones que existían tras la Gran Explosión o Big Bang, lo cual representa una enorme contribución a la generación de conocimiento nuevo y original en el campo de la astronomía universal.

Además de los beneficios científicos y tecnológicos derivados del Gran Telescopio Milimétrico, es oportuno señalar el impacto social que ha tenido en las comunidades aledañas (Atzitzintla, Texmalaquilla, Esperanza, Mariano Escobedo, Ciudad Serdán), algo por lo que el doctor Serrano se preocupó desde el momento de elegir el sitio. En este sentido, puede hablarse, entre otros aspectos, de generación de empleos en las ramas de la construcción y de servicios (tiendas y restaurantes), de la conformación de una cultura ambiental (programas de reforestación y elaboración de catálogos de la biodiversidad de la zona), de la realización de diversas actividades de divulgación (conferencias para todo público, concursos y talleres infantiles), y del apoyo del INAOE como gestor y mediador de estas comunidades ante los tres niveles de gobierno.

La otra paternidad

Sin perder de vista que los grandes proyectos no son realizados por una sola persona, sino por un equipo de trabajo, el doctor José Guichard Romero reconoce que sin el empuje, la visión y perseverancia de Alfonso Serrano Pérez-Grovas, el GTM no se hubiera concretado. “Si hay alguien a quien debamos llamar el padre del Gran Telescopio Milimétrico es a Alfonso Serrano; él era el motor. Nos deja un gran vacío, pero también la certeza de que en México sí se puede llevar a cabo grandes obras.

”A Alfonso se le va a recordar por el GTM, pero hizo mucho más: peleó por los fondos sectoriales, por la aprobación de la Ley de Ciencia y Tecnología; trabajó mucho por convencer a los empresarios para que invirtieran en el sector, y realizó un trabajo sensacional como director adjunto de Grupos y Centros de Investigación del Conacyt”.

Por su parte, el doctor Alfonso Larqué, quien empezó una relación cercana con el padre del GTM cuando dirigía el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), en 1998, comenta cómo resultó sorprendente para muchos el desempeño del doctor Serrano como coordinador de este sistema de Centros Públicos de Investigación (CPI) del Conacyt, ya que logró amalgamarlo orgánicamente e impulsó nuevas iniciativas para integrar, de manera natural, los tres grandes subgrupos de los centros, el tecnológico, el de ciencias sociales y humanidades y el de ciencias básicas.

Alfonso Serrano Pérez-Grovas proyectó la imagen, a nivel nacional, de que estos centros tendrían futuro y serían una herramienta valiosísima para implementar cualquier política de ciencia y tecnología en el país; incluso, propició la integración formal de los comités externos de evaluación con el fin de fortalecer el quehacer de los CPI.

“Recuerdo la firma del primer convenio de desempeño académico –señala el doctor Larqué–, mediante el cual se iba a dar presupuesto a los centros, dependiendo del avance que fueran consolidando; el establecimiento de este compromiso me parece histórico, pues en él, Alfonso se mostró como un verdadero visionario. Se trataba de impulsar la mejor calidad de la ciencia en los ámbitos nacional, regional y local, mediante el reconocimiento de las secretarías de Hacienda y de la Función Pública.

”Con ello no sólo favoreció un acercamiento con los gobernadores de las entidades donde operaban los centros de investigación, sino con las principales instituciones nacionales e internacionales, porque los comités externos de evaluación contaban, en muchos casos, con académicos de otros países que venían a evaluar el desempeño y la calidad de lo que se hacía en nuestros centros”.

Cuando fue consejero en la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico (ADIAT), el doctor Serrano jugó un papel muy importante, a decir del doctor Alfonso Larqué, pues impulsó la relación con el sector empresarial, “independientemente de que él fuera un científico de ciencia básica, nunca perdió de vista que la ciencia debía estar cercana y apadrinada por el sector empresarial, para que esa vinculación permitiera potenciar muchos de los proyectos científicos, y así éstos llegaran a la sociedad. Esa es la enseñanza que nos deja Alfonso Serrano”.

Gestor admirable

Otro amigo y condiscípulo del doctor Serrano Pérez-Grovas en la Facultad de Ciencias de la UNAM, David Ríos Jara, actual director del Instituto Potosino de Investigación Científica y Tecnológica (IPICyT), abunda sobre el desempeño del doctor Serrano como director adjunto de grupos y Centros de Investigación del Conacyt: “Alfonso tenía una inteligencia sobresaliente, se le ocurrían 20 mil cosas y era muy emprendedor. Él instituyó el proceso de auscultación a la comunidad académica para el nombramiento o reelección de directores de los centros públicos de investigación, cuando esto era una facultad del director general del Conacyt”.

El doctor Ríos Jara afirma que Alfonso Serrano fue un revolucionario gracias a su visión de largo plazo; un ejemplo de ello, aparte del GTM, es que él “trató de incubar empresas al interior de los CPI en la década de los noventa, con el gran riesgo que implicaba en esa época, pues fue hasta 2009 que esto empezó a prosperar, con la modificación respectiva a la Ley de Ciencia y Tecnología. Alfonso fue visionario, pues trató de generar este tipo de opciones que él sabía eran importantes para este país”.

Finalmente, el doctor Emmanuel Méndez Palma, maestro de Alfonso Serrano en la universidad, alrededor de 1970, y compañero de investigación en el INAOE en los últimos tiempos, dice sin ambages que “él hizo de la administración pública su propio laboratorio; creo que desentrañó la psicología de la administración pública, al entender por qué y cómo captar recursos económicos. Alfonso conocía las reglas, sabía convencer, y esto derivó en una capacidad muy grande para promover el proyecto del telescopio. No cualquier persona obtiene alrededor de 120 millones de dólares, aunque haya sido a lo largo de 16 años. Es una cantidad muy grande, en términos de aplicación, para un único proyecto; ese solo aspecto lo pinta claro. Nunca dejó de pelear por recursos y yo creo que murió buscándolos”.

La supernova que sigue generando energía 


Alfonso Serrano Pérez-Grovas, a quien nunca se le conoció una enfermedad seria, falleció el pasado 12 de julio, en la Ciudad de México, a los 61 años, víctima de cáncer pancreático, detectado apenas tres meses atrás. Antes de confirmarse tal diagnóstico, le fueron practicados numerosos estudios clínicos que, sin embargo, no arrojaron señal alguna de la enfermedad que acabaría con su vida. Sus allegados cuentan que él mismo decía, con su clásico sentido del humor: “Creo que voy a morir en perfecto estado de salud, porque yo me siento muy mal, pero los médicos dicen que no tengo nada”.



Con un rasgo de tristeza, el doctor Méndez Palma comenta: “Nos veíamos casi a diario aquí en el instituto. Ahora, lo primero que uno extraña es su voz, su sonrisa, su buen humor casi permanente, aún en condiciones complicadas. Quizás ese ánimo indomable y la convicción de que las cosas se pueden hacer mejor cada día es lo que echa uno de menos. Todo esto nos permitirá recordarlo siempre, no importa que ya no esté…”




ALFONSO SERRANO PÉREZ-GROVAS 1950-2011
» Estudió las licenciaturas de física y de matemáticas en la Facultad de Ciencias de la UNAM, en 1969; en 1973 cursó la Maestría en matemáticas aplicadas en la Universidad de Cambridge y, en 1978, el Doctorado en filosofía con especialidad en astrofísica, en la Universidad de Sussex, Reino Unido. Stellar Xray Sources fue su tesis de Maestría y The Chemical Evolution of the Galaxy, la de Doctorado.

» Inició su labor como docente en la Facultad de Ciencias e Ingeniería de la UNAM, en 1971, donde impartió más de 20 cursos en los niveles de Licenciatura y posgrado. En la dirección de Seminarios y Tesis de la misma casa de estudios, inició en la investigación a un buen número de estudiantes (dirigió 8 tesis de Licenciatura y 4 de Posgrado). Fue profesor de la Escuela Internacional para Jóvenes Astrónomos (UNESCO-IAU) en Holguín, Cuba.

» Era miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), nivel III, desde 1986. Fue investigador y jefe del Departamento de Astrofísica Computacional en la UNAM y Director General del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE), desde donde coordinó y dirigió el proyecto del GTM.

» En el Instituto de Astronomía de la UNAM fue investigador titular de tiempo completo, y se convirtió en su director, en 1987; lideró además, el Programa Universitario de Investigación y Desarrollo Espacial de esa universidad, en 1991.

» En 1997 fue nombrado Director Adjunto de Coordinación de los Centros SEP-CONACYT y, de 2001 a 2003, ocupó la Dirección Adjunta de Ciencia del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

» Entre los múltiples encargos que el doctor Serrano ocupó dentro de las organizaciones de la comunidad científica mexicana, sobresalen:

» Presidente: del Comité de Supercomputación de la Academia de la Investigación Científica, A. C., en 1989; del Consejo Asesor del Centro para la Investigación en Óptica; del Consejo Asesor para la creación del Centro Regional de Educación, Ciencia y Tecnología Espacial para América Latina y el Caribe.

» Se distinguió como árbitro en la evaluación tanto de proyectos de Investigación para apoyos internacionales del Conacyt, como de los Programas de Posgrado en Maestría y Doctorado del Instituto de Astronomía de la UNAM.

» Fue miembro del Consejo Directivo de la Sociedad Nacional de Investigadores, en 1995; y en 1996 lo fue del Consejo Directivo de la Asociación Mexicana de Directivos de la Investigación Aplicada y el Desarrollo Tecnológico (ADIAT), de la cual fue consejero desde 1995.

»Perteneció a la American Association for the Advancement of Science; a la International Astronomical Union; a la Union Radio-Scientifique Internationale y a la Royal Astronomical Society, así como a la ADIAT, de la cual fue socio numerario.

» Distinciones diversas: Seleccionado como uno de los cinco expertos del hemisferio para analizar las propuestas de cooperación presentadas por los estados miembros de la OEA, como responsable del área de desarrollo científico y transferencia de tecnología de la CENPES, en Washington, D. C.; Delegado mexicano para la Conferencia de Cooperación Regional de Ciencia y Tecnología de la APEC; representante mexicano ante la Comisión de Asuntos Culturales, Educación, Ciencia y Tecnología, del Parlamento Latinoamericano, con sede en Sao Paulo, Brasil.

» Realizó más de 70 publicaciones en libros y revistas de circulación nacional e internacional, y su trabajo recibió más de 1,250 citas en la literatura especializada. Se distinguió también como un divulgador de la ciencia por su amplia labor a través de diversas conferencias que ofreció como ponente o profesor invitado en más de 100 congresos nacionales e internacionales.

Hecho por:

Héctor Gerardo Sotomayor Serrano es Subdirector de Información de la Dirección de Divulgación y Difusión de Ciencia y Tecnología del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).
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