Obesidad infantil y caries dental: La otra epidemia

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De 1980 a la fecha, México presenta un notorio cuadro de obesidad; la proporción de personas con sobrepeso y obesidad se ha triplicado con respecto al total de la población (prevalencia), específicamente en las personas adultas: 39.5% (hombres y mujeres) tienen sobrepeso, y 31.7%, obesidad. Es decir, aproximadamente 70% de la población adulta padece esta enfermedad; epidemia que además, reporta una tasa de crecimiento elevada entre los niños, pues presenta un incremento en el número de casos con sobrepeso y obesidad entre la población preescolar (2 a 5 años) y escolar (entre 6 y 11 años) del país, así como entre adolescentes (tabla 1),1 lo que nos ha llevado a ocupar el primer lugar mundial en obesidad infantil, con las consecuencias que a futuro puede provocar esta situación, ya que es un factor común de riesgo para patologías crónicas propias de la edad adulta como diabetes, hipertensión arterial, enfermedades cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer, entre otras.


En la actualidad, surge una asociación interesante con otra enfermedad crónica propia de la infancia: la caries dental. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en las conclusiones del informe mundial sobre salud bucodental, se estima que, en el planeta, cinco mil millones de personas han sufrido caries dental, por lo que se encuentra la mayor incidencia (número de casos nuevos en un periodo determinado) entre 5 y 12 años, mientras que la mayor prevalencia (número de casos en un momento determinado) se observa en el grupo de personas entre 18 y 25 años.2 En México, la prevalencia de caries dental en la población es de 97%, lo que la convierte en un serio problema de salud pública. Hoy día, la obesidad y la caries dental son los trastornos nutricionales más frecuentes en la etapa escolar y la adolescencia.


La principal bacteria causante de la caries, Streptococcus mutans, se suele transmitir de la saliva de la madre o nana al niño durante sus primeros treinta meses de vida.

Obesidad infantil 

Es la acumulación excesiva de grasa corporal, fundamentalmente del tejido adiposo (grasa), sobre el cual se observa un aumento mayor a 20% del peso corporal ideal, según edad, talla y género del individuo.

Para calcular el peso ideal de un niño entre dos y seis años de edad –de manera aproximada– hay que multiplicar la edad en años por dos más ocho. Ejemplifiquemos con un niño de cuatro años: se multiplica la edad (4) por 2 y se suma 8, y obtendremos 16 kg: es decir, 4 x 2+8=16. Conviene precisar que este método no es exacto, sin embargo, es útil para hacer un cálculo rápido. Por supuesto, hay un método que recurre a indicadores más precisos, como el índice de masa corporal (IMC), el cual equivale a peso/talla (kg/m2),2 y se apoya en tablas de valores específicos.

La mayoría de las veces se hace a un lado la importancia de esta condición que se atribuye sólo a la falta de voluntad de las personas obesas para controlar su apetito, pero la obesidad es una enfermedad muy compleja, de larga evolución y relacionada con diversos factores como hábitos alimenticios inadecuados, falta de ejercicio, problemas de conducta, nivel cultural, estrato socioeconómico, trastornos genéticos y/o metabólicos, así como la ingesta de fármacos que propician la acumulación de grasa y, en algunos casos, a enfermedades endocrinas. En cualquier caso, este problema suele iniciarse en la infancia y la adolescencia.

Niños con sobrepeso

Para muchas familias, el tener un hijo gordito es todo un logro, un indicador de que está lleno de salud; criterio equivocado, según los especialistas en nutrición infantil, pues lo que importa no es si el niño está gordo o delgado, lo verdaderamente importante es que esté sano; por lo que surgen las preguntas, ¿cuánto debe comer un niño? y ¿qué debe comer? La respuesta para la primera cuestión es que no existe una cantidad exacta de comida que deba ser consumida, ya que cada niño es diferente y sus necesidades son muy particulares. La respuesta a la segunda pregunta es: los niños deben comer de todo, pero de manera balanceada y en su justa medida, es decir, sin abusar de determinados alimentos; lo conveniente es dosificar y administrarlos de manera conveniente y balanceada.

Niños con caries

La caries dental es una enfermedad infecciosa, progresiva y multifactorial, caracterizada por la degradación del tejido duro (esmalte) del diente, en la cual inciden cuatro factores que favorecen su comienzo y progresión:

» El diente en su ambiente oral, dentro de la cavidad bucal.

» El tipo de alimentos (sobre todo una dieta rica en azúcares).

» Bacterias productoras de ácidos, entre las cuales, la principal es Streptococcus mutans.

» La persistencia de los tres factores mencionados durante un tiempo considerable (figura 1).3


Los dientes están recubiertos de un esmalte especial que los protege de cualquier agresión externa, pero las bacterias forman una película que se adhiere a la superficie del mismo. Con el paso del tiempo y la presencia de restos alimentarios –que sirven como nutrientes (azúcares o carbohidratos) a las bacterias– surge un producto secundario: ácidos –como el láctico y el fosfórico– que desmineralizan el esmalte de los dientes.

La principal bacteria causante de la caries, Streptococcus mutans, se suele transmitir de la saliva de la madre o nana al niño durante sus primeros treinta meses de vida, se almacena en la lengua y habita en los dientes. Antes de la aparición del primer diente, alrededor de la mitad de los niños de 6 meses ya está infectada. 4 Los factores relacionados que aumentan la problemática son la ingesta de bebidas cariogénicas (las que producen caries como: jugos artificiales o naturales, lácteos o refrescos) antes de dormir, compartir comida con adultos, y la presencia de una alta concentración de dichas bacterias en la boca de los padres.

Caries y otras enfermedades


La caries se inicia en los dientes, en principio, en forma de depósitos de placa dentobacteriana (masa blanda de gérmenes) y, si persiste, se convertirá en sarro (placa dentobacteriana calcificada), en tal caso, la consecuencia será la desmineralización del esmalte (desgaste), lo cual se hace visible en forma de “manchas blancas”, con posibilidades de progresar hasta causar cavidades o fracturas (figura 2). El deterioro se puede extender a los dientes contiguos y, una vez que principia, es cuestión de tiempo que invada y ataque toda la dentadura.

La caries dental también se asocia a otras situaciones, por ejemplo: durante el embarazo, debido a los cambios hormonales, existe un variación en la flora bacteriana de la boca, lo que, si se suma a una dieta rica en azúcares o hidratos de carbono –tan ligados a los “antojos”–, aumenta el riesgo de caries;5 las complicaciones durante el embarazo, incluyendo abortos y partos prematuros, pudieran ser consecuencia de la asociación entre la caries y gingivitis (la inflamación de las encías), debido a que las bacterias causantes de ambas enfermedades se encuentran en la boca, y podrían llegar al líquido amniótico a través de la sangre, produciendo una infección en el saco amniótico.6

Por otro lado, las personas con diabetes mellitus que no controlan los niveles séricos de glucosa y tienen el hábito de fumar, producen una disminución en el flujo de saliva y, además, presentan desmineralización e incremento de las bacterias causantes de caries dental.7

Los pacientes con insuficiencia renal crónica suelen tener menor producción de saliva como consecuencia de alteraciones en las glándulas salivales, deshidratación bucal por la respiración bucal, asimismo, debido a alteraciones en el metabolismo de calcio y fósforo, minerales esenciales del esmalte, lo que propicia la presencia de caries. 8

Quienes padecen diarrea crónica (con duración mayor a cuatro semanas), tienen una condición de desnutrición, sobre todo una deficiencia de magnesio que produce alteración de la mineralización del esmalte dental, además de que su sistema inmunológico se encuentra comprometido, lo que permite la aparición de caries.9 

Los pacientes asmáticos –con o sin tratamiento farmacológico– tendrían un flujo salival disminuido, ya que, por un lado, sucede que sin tratamiento, tienen una respiración bucal y, por otro, los corticoesteroides producen una disminución del flujo salival y pH oral.10

Finalmente, la lactancia materna y el uso de biberón o chupón son factores de riesgo bien conocidos. En el primer caso, porque la leche materna es una bebida que contiene azúcares, y para dormir al niño se le administra ésta, sin que posteriormente se realice un lavado dental;11 mientras que el uso frecuente de un biberón conteniendo algún líquido con carbohidratos fermentables como jugo de fruta comercializado, por ejemplo, o recurrir a la práctica de untar el chupón con azúcar o miel durante el sueño genera que los azúcares se fermenten produciendo una disminución del pH intraoral y, consecuentemente, la desmineralización del esmalte; resultado: caries. Afortunadamente todas las situaciones mencionadas pueden ser prevenidas con una higiene bucodental adecuada.

Caries dental y obesidad infantil

Bebidas y alimentos chatarra ayudan a las bacterias en la tarea de corroer el esmalte y al mismo tiempo, favorecen la obesidad.
Tanto la caries dental como la obesidad infantil tienen factores de riesgo en común. Por ejemplo, malos hábitos alimenticios, nivel socioeconómico y cultural, entre otros. El punto de encuentro es una alimentación rica en azúcares –sobre todo de bebidas y alimentos chatarra–, que ayudan a las bacterias en la tarea de corroer el esmalte y, al mismo tiempo, favorecen la obesidad. Además, la mala higiene dental, la ausencia de flúor * y la propia genética, provocan, como ha sido demostrado, la aparición de caries en niños y, si a esta situación se agregan factores como el sedentarismo por falta de ejercicio físico o el pasar muchas horas frente al televisor o la computadora, el resultado final es la aparición de caries dental y obesidad (figura 3).



El problema principal de la caries dental y la obesidad infantil radica en la falta de prevención y detección temprana. Podría parecer imposible que un bebé desarrolle tal problema, ya que siempre lo asociamos a niños mayores o adultos, con lo que las visitas al dentista infantil o al pediatra se demoran hasta que, a veces, resulta demasiado tarde. 

Los médicos generales a menudo no reconocen los primeros síntomas de esta asociación, en parte porque tampoco es su labor (ésta correspondería a médicos pediatras y a dentistas infantiles). Por lo que se debe crear conciencia en médicos generales y personas en general para alertar sobre esta situación. Los bebés y niños pequeños tienen una gran probabilidad de desarrollar caries también en sus dientes definitivos, y si se agrega el problema de sobrepeso, que sin la atención pertinente se convertirá en obesidad, el resultado es un problema bastante grave.

Prevención y combate


Es primordial que las personas que tengan a su cargo el cuidado de niños (familiares, nanas, profesores, amigos) sigan una dieta equilibrada y tengan una buena higiene dental para disminuir considerablemente el riesgo de contagiar caries, con lo que, de paso, se evita la obesidad infantil.

Una vez diagnosticada la caries y obesidad en un niño, el tratamiento debe ser de choque para detener su desarrollo y evitar las complicaciones, para lo cual, se recomienda:

» Usar una pequeña cantidad de pasta de dientes enriquecida con flúor (se ha demostrado que de 0.5 a 1 mg de flúor por litro reduce la aparición de la caries dental); pero, cuidado, el flúor en exceso puede causar fluorosis dental, cuyas consecuencias son la aparición de manchas, falta de brillo o cambio de color de la dentadura a amarillo o marrón.

» Realizar un cambio en la dieta, favoreciendo las dietas ricas en agua natural, frutas y verduras . 

» Incorporar nuevos hábitos personales, sobre todo fomentar el ejercicio físico y no pasar más de dos horas frente al televisor o computador, por día.

Asumir y difundir el problema


En el país, tanto la caries dental como la obesidad infantil son auténticos problemas de salud pública, por lo que la asociación de ambas enfermedades se convierte en un peligro real para la población infantil. Es indispensable tomar medidas de prevención dirigidas, principalmente, a los niños en edad preescolar, puesto que esta asociación se detecta principalmente durante la edad escolar y adolescente.

Crear y difundir una cultura de hábitos higiénicos y dietéticos sanos en la población permitirá enfrentar el serio problema que México padece en lo referente a este cuadro clínico de caries dental y obesidad infantil.

Referencias

1. Acuerdo Nacional para la Salud Alimentaria. Secretaría de Salud México (2010). [http://portal. salud.gob.mx]

2. Organización Mundial de la Salud. Informe sobre el problema mundial de las enfermedades bucodentales. Gaceta Dental, (2004): p. 147.

3. B. Rosner, R. Prineas, J. Loggie y S. R. Daniels. “Percentils for Body Mass Index in US Children 5 to 17 Years of Age”. International Journal of Obesity and Related Metabolism Disorders, 25, (2001): pp. 1517-1524.

4. T. Matsumoto, M. Okasaki, M. Taira y Takahashi. “Inhibiting Action of Carbohydrates on the Growth of Fluropatite Crystals”. Caries Research, 34, (2000): pp. 26-32.

5. W. J. Loesche. “Role of Streptococcus mutans in Human Dental Decay”. Microbiology Review, 50, (1986): pp. 353-380.

6. C. Murphey y E. Fowles. “Dental Health, Acidogenic Meal, and Snack Patterns among Low-Income Women During Early Pregnancy: A Pilot Study”. Journal of Midwifery & Women´s Health, 55, (2010): pp. 587-592.

7. C. Bearfield, E. S. Davenport, V. Sivapathasundaram y P. Allaker. “Possible Association between Amniotic Fluid Micro-Organism Infection and Microflora in the Mouth”. BJOG: An International Journal of Obstetrics and Gynaecology, 109, (2002): pp. 527-533.

8. M. Jawed, S. M. Shahid, S. A. Qader, y A. Azhar. “Dental Caries in Diabetes Mellitus: Role of Salivary Flow Rate and Minerals”. Journal of Diabetes and its Complications, 25, (2011): pp. 183 186.

9. E. Morou, A. Elias, R. J. Billings, R. A. Burne, V. García, V. Brignoni y E. Suárez. “Urease Activity in Dental Plaque and Saliva of Children During a Three-Year Study Period and its Caries Risk Factors”. Archives of Oral Biology, (Asequible en línea 26 de mayo de 2011).

10. T. P. Rooney. “Dental Caries Prevalence in Patients with Crohn´s Disease”. Oral Surgery, Oral Medicine, Oral Pathology, 57, (1984): pp. 623-624.

11. F. Vázquez, E. M. Vázquez, M. D. Barrientos, J. A. Córdova, D. Lin, F. J. Beltrán, C. F. Vázquez, G. M. Martínez y A. H. Saldívar. “Dental Caries in the Primary Dentition of Mexican Children Relationship with Asthma”. Journal of Allergy and Clinical Immunology, 127, (2011): AB155.

12. G. Roberts. “Is Breast Feeding a Possible Cause of Dental Caries?” Journal of Dentistry, 10, (1982): pp. 346-352.

Autores

Héctor Martínez Menchaca es Cirujano dentista por la Universidad Autónoma de Nuevo León, posgrado en Odontología pediátrica y maestría en Ciencias de investigaciones dentales ambos grados obtenidos de Tufts University School of Dental Medicine en Boston, Massachusetts (ex becario Conacyt). Actualmente es el Director de Programa de Médico Cirujano Dentista en la Universidad de Monterrey, N. L., México. C. e.: hector.martinez@udem.edu

Gerardo Rivera Silva es médico por la Universidad Michoacana, médico pediatra por la UNAM, diplomado en Biología molecular por el Instituto Pasteur de París, Francia, doctor en Neurociencias por la Universidad de Salamanca, España (exbecario del Conacyt), y estudios posdoctorales en Biotecnología en la Universidad Laval, Quebec, Canadá. Científico invitado en el Instituto de Bionanotecnología en Medicina de la Universidad Northwestern, Chicago; actualmente es responsable del Laboratorio de Ingeniería Tisular y Medicina Regenerativa en la Universidad de Monterrey, N. L., México. C. e.: gerardo.rivera@udem.edu.mx


Fuente: CONACYT
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