El pensamiento durante el sueño

2015

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En el antiguo Egipto y Mesopotamia consideraban que los sueños eran espíritus, anunciaciones o premoniciones, casi siempre para saber sobre el futuro o el pasado. A través de los años los estudiosos del tema concluyeron que se trata de un fenómeno cognitivo ocurrido durante el descanso. Así, se puede definir como el pensamiento durante el dormir.

De acuerdo con Adrián Medina Liberty, profesor de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, en esta dinámica la mente no se desconecta, sino que experimenta una serie de cambios en el sistema nervioso que conduce a una dinámica mental diferente de la vigilia.

Qué ocurre en la relajación

En el estudio de esta área existen dos grandes vertientes: la primera, enfocada a la medicina, analiza fases y cambios ocurridos en el sistema nervioso, además de las partes que se activan, como el tallo cerebral. La segunda, más psicológica, está orientada al contenido; es decir, se intenta indagar cómo se asocian los eventos de la cotidianeidad de la persona con el contenido onírico y, muy particularmente, qué significa éste.

En la década de los 50, Eugene Aserinsky, neuro-fisiólogo, al intentar estudiar el sistema nervioso descubrió, casi por accidente, los movimientos oculares rápidos (MOR). A raíz de ese hecho supo que si una persona está en un descanso profundo los ojos se mueven debajo del párpado de izquierda a derecha a velocidades muy rápidas, y es cuando se presentan las experiencias oníricas más vívidas.

Por algún tiempo se pensó que sólo se soñaba durante esa fase, pero posteriormente los psicólogos descubrieron que, incluso en aquéllas donde existe ausencia de movimientos oculares, también ocurre actividad onírica.

Desde el punto de vista fisiológico existen cambios en el sistema nervioso. Por ejemplo, si el organismo está en alerta, la norepinefrina (uno de los transmisores neuronales) actúa, pero al dormir predomina la acetilcolina.

Paradójicamente, aunque en este momento el sujeto se encuentra en completa relajación es cuando se presenta la experiencia más vívida y ocurre tanto en las fases previas como durante los movimientos oculares.

En la segunda vertiente, el primero en incursionar fue Sigmund Freud, quien publicó en 1900 el primer libro sistemático aplicado en esta materia, titulado La interpretación de los sueños. La obra plantea que esta capacidad tenía un componente sexual y una noción inconsciente. Aunque hoy su ideología ha sido muy cuestionada por diversos investigadores, su trabajo es considerado uno de las más importantes en el área.

¿Qué me quiso decir ese sueño?

Con frecuencia, cuando una persona despierta se pregunta ¿qué significan las imágenes que vi mientras dormía? Pareciera que la historia la inventó alguien más, porque uno mismo no la entiende; muchas veces son secuencias bizarras, ilógicas, sin pies ni cabeza, pero analíticamente es menester reconocer que son producto del mismo soñante.

La interpretación es un desafío, añadió el científico. Regularmente, se tienen aproximadamente siete sueños durante una noche y pocas veces se recuerdan todos, con suerte sólo el último mantiene cierta vigencia previo al despertar.

Si el sujeto está atento, se encuentra susceptible a su entorno: visual, auditivo, perceptivo y gustativo; pero durante el descanso, esa información queda medio bloqueada y las partes del sistema nervioso más relacionadas con la actividad visual se prenden como las luces de un arbolito navideño.

Al indagar más sobre este fenómeno, el académico descubrió que los niños más pequeños no distinguen la realidad de las imágenes creadas durante el sueño, y a partir de los cuatro o cinco años logran diferenciarlas perfectamente.

Entre los tres y cuatro años generan narraciones oníricas sencillas que suelen describirse con frases cortas acompañadas de un verbo (estaba brincando o corriendo, por ejemplo); a medida que crecen esto cambia significativamente. 

En este contexto, especialistas coinciden que en la edad preescolar (de seis a siete años) se construye la capacidad simbólica y el infante representa una cosa por otra (por ejemplo, una escoba por un caballo).

En tanto, los adultos pueden crear historias complejas y bizarras. Suelen tener cambios drásticos de escenarios y la secuencia de ciertas acciones conlleva a situaciones ilógicas, inverosímiles y ridículas. Al despertar se percatan de que es algo irreal, pero mientras se está en la ilusión todo se vive, lo ven como algo verdadero.

Metáfora visual

Para Medina Liberty las imágenes presentadas durante el dormir son, esencialmente, la puesta en juego de las capacidades simbólicas. El sueño es una obra de teatro donde uno mismo funge como autor, actor, escenógrafo e, incluso, como público. Se trata de una representación que nos dice algo sobre nosotros mismos, nuestros deseos, temores, pendientes o problemas no resueltos.

Se trata de una representación o realidad virtual, una metáfora visual. De tal forma que cuando el individuo despierta, le es difícil identificar las semejanzas o analogías entre los personajes de la quimera y la realidad.

Para interpretar las ensoñaciones –particularmente de niños– el académico utilizó el modelo de análisis literario de Burke, que consiste en identificar personajes, escenarios, acciones desarrolladas y objetos presentes.

En varias ocasiones, explicó, “no pudimos descifrar las historias porque no logramos vincular la experiencia previa con lo descrito, pero en otras se identificaron metáforas que en principio no eran obvias. No todos los sueños requieren de análisis, del mismo modo que no toda frase pronunciada cotidianamente nos exige una interpretación profunda”.

Hasta el momento, es motivo de polémica identificar con precisión qué zonas del cerebro se activan al dormir, pero la mayor parte de los estudios prueban que el sueño proviene de la experiencia de los últimos tres días y, particularmente, del día anterior, concluyó.

Fuente: Investigación y Desarrollo
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