Determinismo biológico y multiculturalidad: perspectivas de la moralidad



Introducción

En años recientes, se pueden encontrar trabajos que hacen hincapié en la importancia del origen biológico, enfatizando el aspecto evolutivo, al momento de hablar del origen de las características de los seres humanos. Está, por ejemplo, el caso de la neuropsiquiatra Louann Brizendine, quien, a través de dos publicaciones, The Female Brain (2006) y The Male Brain (2010), se ha encargado de popularizar que las diferencias existentes entre mujeres y hombres tienen su fundamento única y exclusivamente en la conformación particular del cerebro en cada género. Es común encontrar esta postura, denominada determinismo biológico, dentro de las discusiones biológicas contemporáneas, en las que se defiende el papel exclusivo de la biología en la comprensión del desarrollo de los organismos, pero muy especialmente de los humanos y sus “características distintivas”. Hay que dejar claro que con este concepto no se abarca exclusivamente la visión genocéntrica, que sostiene que son exclusivamente los genes los que producen la naturaleza humana, sino que se ha de hablar de lo que se conoce como adaptacionismo, concepto que considera únicamente la acción de la selección natural como la causa de la evolución de una característica (ORZACK y FORBER, 2012). 

Una de las discusiones recurrentes cuando se habla del desarrollo de los organismos es la relación entre su biología y el ambiente en el que se encuentran, misma que se suele caracterizar en inglés nature vs. nurture (en español, naturaleza contra crianza), una relación que plantea una dicotomía irreconciliable entre la genética de los organismos y todo lo que los rodea. Posturas como el determinismo biológico consideran que el ambiente tiene un papel muy limitado, a pesar de que una parte fundamental del proceso evolutivo es precisamente el papel que juega el ambiente, en el que hay diversos elementos que pueden influenciar de diferentes maneras a los organismos. 

El ser humano es un tema de discusión que reviste de mayor complejidad con respecto a otros organismos, por lo menos en el sentido de que el ambiente en que nos desarrollamos no se reduce exclusivamente a cuestiones como el clima, sino a un aspecto que para muchos autores es una diferencia fundamental con respecto a otros animales, como es la cultura. Esto último lo entendemos como: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social” (RAE), y es a partir de esto que queremos recuperar su importancia, no en el sentido de algo uniforme, sino desde su variedad, englobado en el concepto de multiculturalidad. 

En este escrito se pretende presentar, de manera breve, las discusiones que hay en relación al papel de la evolución, tanto biológica como cultural, en la explicación del desarrollo de la humanidad. Después, se explicará cuáles son las características principales de la propuesta de la psicología evolucionista como una de las disciplinas que mayor énfasis ha puesto en los últimos años en explicar desde una perspectiva biológica el origen de la moralidad humana. Posteriormente, se pretende establecer cómo se ha dado la discusión sobre la moralidad desde el campo de la evolución, tanto biológica como cultural. Finalmente, se planteará la necesidad de abordar estas discusiones desde un punto de vista incluyente, en el que el multiculturalismo, de manera consecuente, debe jugar un papel fundamental en la comprensión de la diversidad moral en las sociedades humanas. 

Evolución biológica y evolución cultural

Por evolución biológica se puede entender, de manera muy general, la descendencia con modificación. Esta noción abarca la evolución a pequeña escala (cambios en la frecuencia de genes en una población de una generación a la siguiente) y la evolución a gran escala (la descendencia de las diferentes especies con un ancestro común por muchas generaciones). La evolución nos ayuda a entender la historia de la vida y la diversidad de la misma. No obstante, la evolución biológica no se trata simplemente de una cuestión de cambio en el tiempo. Los ejemplos de evolución biológica son aquellos que implican descendencia a través de la herencia genética. La idea principal es que toda la vida en la Tierra comparte un ancestro común, y es así como el proceso de la evolución actúa en los organismos, originando la diversidad que se puede apreciar documentada en los registros fósiles y en la vida cotidiana. Así, “La evolución significa que todos somos primos lejanos: los humanos y los robles, los colibríes y las ballenas; así con cada organismo” (Understanding Evolution, 2015). 

La teoría de la evolución biológica ha tenido gran impacto tanto en la ciencia como en la sociedad desde sus primeras formulaciones a inicios del siglo XIX con el naturalista francés Jean Baptiste Lamarck, y posteriormente con los trabajos de los británicos Charles Darwin y Alfred. R. Wallace. Tiene tal relevancia que a mediados del siglo XX se abrió el debate sobre si era posible lograr un conocimiento sintético universal mediante este pensamiento iniciando las discusiones sobre temas relacionados con la naturaleza y el progreso humanos, así como el origen de su comportamiento incluyendo, por supuesto, la moralidad (KINGSLAND, 2001). Es en este contexto donde se desarrollaron diversas explicaciones alrededor de lo que hoy se conoce como evolución cultural, que, en palabras de Kenneth Reisman (2013), “se refiere a las diversas formas en que una perspectiva evolutiva puede aplicarse al estudio de la cultura y la sociedad”, tales como las teorías científicas, las normas sociales, las creencias religiosas, vocabulario, tecnologías, entre otras. 

Actualmente podemos encontrar una amplia gama de literatura relacionada con el concepto de evolución cultural en la que se utiliza el término de evolución relacionado a aspectos de la teoría de la evolución desde un punto de vista neodarwinista, en la que dos enfoques destacan: la memética y la teoría doble de la herencia. El primero propone que los genes tienen análogos culturales llamados memes y que éstos evolucionan mediante un proceso de selección natural, así como lo hacen los genes en los organismos biológicos. El segundo enfoque mencionado surgió de la práctica de la construcción de modelos matemáticos en la biología. Los teóricos que trabajan en esta tradición prueban modelos de evolución genética humana y cómo ésta influye en la cultura humana y viceversa (REISMAN, 2013). 

A partir de lo anterior, se pueden exhibir las problemáticas que conlleva la evolución cultural entendida en términos evolutivos, ya que ni la memética ni la teoría doble de la herencia explican en su totalidad el desarrollo de la diversidad cultural, una tarea en la que se han enfocado la antropología social y la etnología. En todo caso, existe una discusión sobre si deben relacionarse ambos tipos de evolución, o si deben entenderse de manera independiente. 

¿Qué es la psicología evolucionista?

Cuando se habla de estudiar al ser humano, se habla de entender lo que se consideran sus diferencias con respecto a otros organismos, como es el caso de la mente. A través de la historia se han planteado varias maneras de estudiar su funcionamiento, sin embargo, en los últimos años el estudio de las ciencias cognitivas ha tenido un auge, en especial por la inclinación y materialización de estos procesos, tomando en cuenta al cerebro como el origen del funcionamiento mental. Un intento de explicación científica es la que nos da la llamada disciplina psicología evolucionista (CARTWRIGHT, 2002) que tomó como estandarte la idea “biologizada” de la psique humana al tomar como referencia la síntesis biológica que hacía énfasis en la selección sexual propuesta por Charles Darwin. 

Entre los psicólogos evolutivos más influyentes se encuentran la psicóloga Leda Cosmides y el antropólogo John Tooby, quienes ponen énfasis en que más que un área de estudio de la psicología (como puede serlo el comportamiento social o el razonamiento), la psicología evolucionista es, sobre todo, un modo de pensar la psicología que se puede aplicar a cualquier tema dentro de ella (1997). Cabe rescatar que ésta es la ciencia que trata de explicar mediante mecanismos universales de la conducta por qué actuamos de la manera en que lo hacemos. Para lograrlo, intenta reconstruir los problemas que nuestros antepasados afrontaron en su entorno primitivo, así como los mecanismos que desarrollaron para responder a dichos desafíos, estableciendo las raíces comunes de nuestro comportamiento ancestral. Así, nos muestra cómo este comportamiento persiste actualmente en todas las culturas del planeta, a pesar de su variedad y dispersión. El objetivo de esta disciplina es, entonces, “entender el comportamiento humano, cuya principal función es adaptativa, es decir, la conducta humana ha sido programada por los propios genes para propagarse de generación en generación” (LUNA, 2013). 

Los psicólogos evolucionistas comparten dos ideas paralelas: una, la descripción de la estructura de la mente conformada por módulos; y la segunda, la manera en que debe proceder la investigación psicológica en la que otorgan un papel central a conceptos adaptacionistas en la formación de hipótesis psicológicas. Estas ideas pueden reflejarse en los siguientes enunciados, que son fundamentales en este enfoque (EZCURDIA, 2010): 


1. El cerebro es una computadora diseñada por la selección natural para extraer información del entorno. 
2. La conducta humana individual es generada por esta computadora en respuesta a la información que extrae del medio ambiente. La comprensión de la conducta requiere la articulación de los programas cognitivos que generan el comportamiento. 
3. Los programas cognitivos del cerebro humano son adaptaciones. Existen porque produjeron el comportamiento en nuestros antepasados que les permitieron sobrevivir y reproducirse. 
4. Los programas cognitivos del cerebro humano pueden no ser adaptativos ahora, pero fueron adaptativos en ambientes ancestrales. 
5. La selección natural asegura que el cerebro humano esté compuesto de muchos programas con un propósito especial y diferentes entre sí, y no una arquitectura general de dominio. 
6. Describir la arquitectura computacional evolucionada de nuestro cerebro que “permite una comprensión sistemática de los fenómenos culturales y sociales” (COSMIDES y TOBBY, 1997). 

A partir de estos puntos, la psicología evolucionista ha ganado terreno en varias áreas. Particularmente se puede ver su impacto en la divulgación que se hace de posturas que se centran en defender aspectos biológicos desde una perspectiva determinista, que llega a extremos como considerar que cierta posición política está determinada por los genes, o como lo mencionamos al principio, que la identidad sexual depende únicamente de la conformación del cerebro. 

Es necesario señalar las limitaciones que la psicología evolucionista atribuye a la acción del ambiente, ya que dentro de su visión adaptacionista, mantiene que el ambiente pudo jugar un papel relevante en la adaptación de características cognitivas hace muchos años, en el Pleistoceno –época geológica que comenzó hace aproximadamente 2.6 millones de años y que terminó alrededor del 10,000 a.C.–, pero que en tiempos recientes no parece tener mayor importancia. En este sentido, hay que recordar que el ambiente es cambiante, con lo que las circunstancias en las que viven los organismos están a su vez en constante cambio. 

A pesar del intento de tener bases materiales para explicar varias de las conductas humanas, la psicología evolucionista ha tenido varias críticas en los últimos años debido a la falta de análisis de los conceptos e ideas que se maneja en esta disciplina (GARCÍA CAMPOS, 2010), ya que es en este tipo de trabajo en los que se basan las corrientes de pensamiento dentro de la sociedad, tomando parte de ideologías que se difunden por diferentes medios de comunicación dentro de la cultura. 

El determinismo biológico y la moralidad

Desde el surgimiento de la sociobiología propuesta por Edward O. Wilson con la publicación en 1975 de su obra Sociobiology: The New Synthesis, en la biología se han acentuado las posturas de autores que defienden un origen exclusivamente biológico para las características de los organismos, y en especial de las capacidades morales en el ser humano. Por ejemplo, Richard Alexander (1987) y Ernst Mayr (1997), quienes a partir de su interpretación de las ideas de Darwin han defendido que la moralidad es una adaptación biológica que actúa en beneficio del grupo, además de ser la diferencia fundamental entre los animales y el ser humano. 

Ante esto, se debe tener en claro el papel de la biología, y en particular de la evolución, cuando se habla del origen y desarrollo de características como la moralidad: como lo señala Krebs a partir de los trabajos sobre altruismo del biólogo Robert Trivers, es la perspectiva evolutiva la que brinda una respuesta mucho más apegada a los estándares científicos de lo que lo permiten los estudios psicológicos, ya que la evolución proporciona una historia completa desde el surgimiento de cualquier característica biológica, y sobre todo es algo que se puede evaluar científicamente (KREBS, 2011). Esto sirve, asimismo, para confirmar la importancia que tiene la biología, y en especial la evolución, en la comprensión de la vida. 

En este punto conviene también dejar claro lo que entendemos por moralidad, y dentro de la amplitud de definiciones que hay al respecto, hablamos, en términos generales, de los valores, normas, reglas y juicios de evaluación pertinentes a las formas de conducta que la gente considera buenas o malas y a las formas de carácter que la gente considera buenas o malas (KREBS, 2011). 

El problema surge cuando esas interpretaciones que resultan de las propuestas evolutivas se llevan al extremo de lo que se conoce como determinismo biológico, que ya se mencionó al inicio. Estos términos abarcan un conjunto de teorías que en términos generales sostienen que las raíces del comportamiento social de los seres humanos e incluso la personalidad de los individuos se encuentra exclusivamente en la biología, una postura que deja de lado la influencia de cualquier factor externo. Aquí es pertinente señalar la importancia que tiene una búsqueda de explicaciones pluralistas, en la que diferentes enfoques tienen cabida para una mayor comprensión de cualquier fenómeno observado. 

A partir de lo anterior, cabe preguntarse, ¿es posible explicar la moralidad desde un punto de vista estrictamente biológico? En ningún momento se puede negar el origen biológico de los seres humanos, en virtud de ser el resultado de un largo proceso evolutivo, y en esa línea, nuestras capacidades tienen ese mismo origen. 

El multiculturalismo frente al determinismo biológico


Se puede ver que la explicación biológica por sí sola no es suficiente para explicar el desarrollo de la moralidad de los seres humanos. La psicología evolucionista, en la línea de los planteamientos de la sociobiología, pone un énfasis considerable en los procesos psicológicos derivados de explicaciones evolutivas que se sustentan en una postura adaptacionista. Esto, a la larga, resulta en una visión reduccionista en la que el comportamiento humano es algo fijo (KITCHER, 1985) que, por lo tanto, no está sujeto a ningún tipo de influencia ambiental. 

Este punto de vista parece un tanto complicado de entender, por lo menos en el sentido de algo que resulta evidente a nuestro alrededor, que es la diversidad cultural. Hay que recordar que en la actualidad existe una marcada tendencia hacia la globalización, es decir, hacia una especie de unificación cultural en la que se terminan por diluir las diferencias que pueden existir entre diferentes grupos humanos. Esta situación se puede ver, por ejemplo, en los tratados económicos y políticos que se dan cada vez con mayor frecuencia en diferentes regiones del mundo. 

En contrasentido, existen posturas que plantean que una defensa del multiculturalismo tiene que hacer hincapié en recordar que los individuos tienen derecho a vivir sus vidas de acuerdo con lo que dicte su conciencia, por lo que no debería existir ninguna justificación para imponer los principios de un grupo sobre los de otro (PHILLIPS, 2009). Además, como lo señala Lukes, desde una perspectiva antropológica se puede ver que las normas morales que gobiernan a un grupo determinado pueden variar en ocasiones de manera radical con respecto a otro (2008). Aquí habrá que considerar también lo que el teórico social Jon Elster menciona sobre las diferencias entre moral, cuasi-moral, normas sociales y normas legales, que sobre todo deben considerarse en términos dinámicos (ELSTER, 2007). 

Uno de los extremos en los que se puede caer al momento de defender el papel de lo cultural como el origen de la moralidad es lo que se conoce como relativismo moral. En términos generales se entiende que los juicios morales pueden ser buenos o malos en relación con algún punto de vista particular (como una cultura en un contexto histórico específico), y que no exista alguna visión privilegiada por sobre las demás (WESTACOTT, 2012). Esta posición ha sido duramente criticada a lo largo del tiempo, sobre todo desde la perspectiva que defiende que existe una unidad a partir de la cual todo puede explicarse, como sería, en este caso la moralidad, en la que los juicios morales seguirían una misma lógica independientemente del grupo humano del que se trate.

Los extremismos, en todo caso, no son la respuesta. La moralidad de los seres humanos es una característica que tiene una base biológica, en el sentido de que órganos como el cerebro nos permiten tener capacidades como el desarrollo de la misma. La cultura está presente en cada uno de los aspectos de la vida de cualquier ser humano, y es ahí donde habrán de desarrollarse día a día las costumbres y las formas de actuar, tanto individuales como grupales. Dado que no existe una sola cultura, será dentro de ese multiculturalismo que se desarrolle y se moldee la moralidad. Por lo tanto, es necesario entender que es a través de los conocimientos de diferentes disciplinas que podemos llegar a tener una visión amplia sobre la moralidad. 

Conclusiones

La moralidad del ser humano es una de las características más importantes de nuestra naturaleza, tanto que para muchos es lo que realmente nos hace humanos y nos diferencia de otros organismos. El estudio del ser humano es complejo, pero sobre todo controversial, por las implicaciones que cualquier estudio puede tener en la comprensión de nuestra naturaleza. En esta perspectiva, lo que cada vez resulta más necesario es un diálogo interdisciplinario, en el que los diferentes saberes y visiones puedan interactuar en la búsqueda de soluciones y explicaciones. No hay necesidad de llegar a los extremos para entender a la moralidad desde una perspectiva evolutiva. 

La psicología evolucionista parte de una perspectiva concreta en la que defiende lo que puede verse como solamente una parte de la explicación, al resaltar hasta sus últimas consecuencias el papel de la biología en la conformación de nuestra humanidad, y minimizando el papel del ambiente. Somos entes sociales y culturales, con una gran diversidad que no se puede pasar por alto, pues es el ambiente en el que vivimos cada día. Los estudios sociales deben ser una parte indispensable de los trabajos que involucran al ser humano, aun desde perspectivas científicas. La naturaleza humana no es reducible a unos cuantos factores. Es, más bien, la suma de esos factores lo que nos puede acercar a comprendernos cada vez más. 

Agradecimientos

Trabajo realizado como parte del proyecto PAPIIT IN404816, Bioética pragmática desde la biología evolutiva. 

Bibliografía

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Fuente: Revista UNAM

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