Huesos y calaveras: ética y estética de la muerte en la cultura heavy metal

César Rebolledo González



Estructura teórico metodológica

“Morir de vida, vivir de muerte”
Heráclito







El problema sobre la representación de la muerte en la cultura metalera nos posiciona en dos niveles de interrogación. El primero se circunscribe alrededor de las ideas sobre la muerte y los motivos de portabilidad estética entre los metaleros. El segundo es de carácter contextual; la muerte como un conjunto de ideas y actitudes socialmente extendidas en Occidente, con los bemoles que esta imagen pudiera tener específicamente en México. 

Para abordar este tema, en los siguientes apartados se analizarán dos factores que se consideran relevantes para exponer las significaciones expresadas por los entrevistados: La alianza y la demarcación, y ¿El ser para la muerte? Cabe mencionar que tanto las ideas asociadas a la muerte como a las identidades fueron trabajadas por separado en la tesis de maestría y doctorado del autor, respectivamente, y sus referencias se encuentran citadas en la bibliografía. Así, en el presente artículo se muestran de manera sintética algunos hallazgos de esas investigaciones y se actualizan frente a los testimonios de los entrevistados. 

Para este trabajo se hicieron un total de seis entrevistas alrededor de la pregunta ¿qué significa para ti la imagen de la muerte? En algunos casos, las respuestas fueron muy similares y se optó por mostrar sólo una versión de éstas. En otras ocasiones, nos pareció interesante contrastar las opiniones de los entrevistados y resaltar distintas acepciones de su representación. 

En cuanto al análisis de los testimonios, su interpretación se hizo a partir de una hipótesis compuesta: las teorías de la identidad exponen la importancia de la estética en los procesos de interacción social, puesto que en ella se significan las posturas éticas de los grupos y se anticipan las maneras de interrelacionarse y reconocerse. La portabilidad estética de la muerte constituye una posición con respecto a lo social; un estatuto diferenciante y provocador que acentúa una serie de actitudes que han sido motivo de interés por parte de las ciencias sociales: negación, inhibición o rechazo. 

Alianza y demarcación

Para Omar (diseñador gráfico, 37 años), llevar puesta una playera con la imagen de la muerte por primera vez cuando era adolescente significaba, ante todo, rebeldía. En su testimonio insiste una y otra vez en que se trataba de una afirmación de independencia, de originalidad y también de una provocación; aunque al final resalta que la compra resultó de una casualidad: 

La primera playera con algo de la muerte que me compré fue cuando estaba en la secundaria. Era un diseño de portada del grupo Cannibal Corpse. En verdad era una playera muy fea, con bebés satánicos y tripas. Pero en ese momento me la compré porque tenía tres certezas importantes: 1) ya era un adolescente y no habría “chancla” en mi casa por llevar ese modelo; 2) era una playera que nadie más usaría, por lo que me reafirmaría como un renegado; 3) el señor me la dejó en cincuenta pesos y era lo único que yo traía.

La respuesta de Omar subraya dos escenarios de rechazo que conscientemente anticipó: la casa y la calle. Dado que ya no se consideraba un niño, su adquisición marcó una especie de iniciación y de manera voluntaria se hizo portador de una imagen cuyo rechazo social conocía. 


Este fenómeno ha sido trabajado de manera profunda por teóricos como Edgar Morin (1970), Louis-Vincent Thomas (1975) y Philippe Ariès (1977), quienes sostienen que la actitud humana frente a la muerte ha sido históricamente de negación. Aunque los autores hacen hincapié en las diferencias históricas entre dichos comportamientos y aceptan que hay periodos en los cuales la idea de la muerte era mejor aceptada (como en la Edad Media, con todo y las epidemias mortales), reconocen que la muerte siempre ha sido un mito, un discurso resignificado con el tiempo, el cual siempre termina teniendo una solución (véase negación). 

Estos pensadores destacan, a su vez, las diferencias culturales en torno a la muerte. No es lo mismo hablar de ésta en África, que en Europa o en México. Los ritos y los procesos de muerte son distintos y podría decirse que, en algunos casos, son en apariencia más eficientes. 

La negación de la muerte no es propia de una cultura ni de un periodo, ésta es universal en el sentido de que no existe una cultura sin preocupaciones de muerte y sin rituales confeccionados para vencerla. El rechazo hacia ella engloba todas las actitudes de negación con las cuales el hombre moderno se constituye generalmente frente a la gran Parca. 

La negación (véase inhibición) es un concepto clave para comprender la especificad del comportamiento contemporáneo frente a la muerte, pero su entendimiento no puede reducirse a eso hoy en día, pues sería imposible pensar en el temor a la muerte sin tener en cuenta los matices, las contradicciones (pasiones, deseos, desafíos) e incluso los paroxismos que lo rodean. 

En el caso de Omar, el temor a la muerte se traduce en una alianza que desafía a su entorno. Para él, usar una playera alusiva a la muerte le da identidad y lo diferencia del resto. Él habla de agallas, no sólo por portar una imagen macabra, sino por enfrentar a una sociedad que la considera tabú:

Lo que puedo decir, en mi caso, es que usar la imagen de la muerte me daba identidad. Yo era un bandolero con suficientes pelotas para no vomitarse por lo que traía puesto encima. Un bandolero con suficientes pelotas para aguantar la mirada de desaprobación de las mamás de los compañeros, del señor de la combi, de la señora de los pepinos con chile. Un bandolero con suficientes pelotas para escuchar dos canciones de esa música de mierda (o tal vez una).

La imagen de la muerte es uno de los símbolos de distinción más representativos en los atuendos y accesorios de la cultura heavy metal. Su representación es intimidante y provocadora, ya que se trata de una muerte descarnada que asoma de la oscuridad en forma de huesos y calaveras; de una parca violenta como aquella representada en el arte medieval y renacentista. Es una figura macabra y apocalíptica asociada a lo negativo y a lo demoniaco en la tradición cristiana (REBOLLEDO, 2007). 

En el testimonio de Omar también se hace referencia a una especie de pacto entre él y la muerte, a una postura que lo circunscribe en un terreno socialmente estigmatizado. El entrevistado dice sentirse cerca de la muerte, compañero de lo temible. Está de su lado y por lo tanto su percepción es distinta: 

Usar una imagen de la muerte me hacía sentir como si la muerte misma me acompañara. No era la muerte trágica, era más bien buena onda, como una muerte rocker, que usaba también botas de plataforma con los pantalones enrollados sobre los talones.

En esta respuesta sobresale una manera singular de pensar a la muerte que contrasta con la tradición cristiana: “Dónde está, oh, Muerte tu victoria” (SAN PABLO). En la tradición occidental, la muerte se asocia al mal y al enemigo, es una potencia destructiva y señal de peligro. Fue Cristo quien la venció al resucitar y trajo la evidencia de una vida eterna. Por ello, su representación más recurrente es violenta y furiosa. La muerte es una alteridad radical y podría pensarse que quienes están de su lado manifiestan una posición temeraria: 

Esa imagen también era un escudo frente a los matones de la escuela. Es decir, ¿quién querría meterse con un chato que trae calacas, bebés diabólicos y tripas como estandarte? Mi plan no funcionaba mucho, pero eso pensaba. Como sea, la imagen me daba algo de seguridad, me ayudaba a perseguir lo que quería.

Para el entrevistado, la imagen de la muerte puede servir como protección. Estas palabras nos hacen pensar en culturas juveniles como la punk y la chola, en las cuales precisamente la apariencia agresiva es un sello característico. El look de los metaleros se pretende desafiante y anuncia simbólicamente una oposición al tratarse de una imagen desalineada, con piercings y tatuajes, con ropa desgastada e impráctica –como dijera Octavio Paz (1950) sobre los pachucos. La provocación de la mirada del otro corresponde a una reacción frente a la exclusión (en este caso de tipo juvenil) y muestra de manera singular la necesidad de un reconocimiento social para existir, poco importa si esta última implica una forma de rechazo o de persecución. 

La manifestación de la divergencia a través de un look es una forma de transgresión con relación a los códigos simbólicos dominantes. Al enfrentar el canon, se le niega su legitimidad y, a su vez, se constituye un refugio de pertenencia grotesco a partir del cual los actores se hacen visibles. Los fenómenos de identidad divergente forman un profundo cuestionamiento sobre los paradigmas sociales, materializado a nivel estético en los atuendos y además hace evidente una lucha por el reconocimiento a la diferencia (REBOLLEDO, 2014). 

¿Ser para la muerte?

La muerte como certeza y destino democrático es otra idea presente en el discurso de nuestros entrevistados. Se dice que ésta no distingue y que ineluctablemente le llega a todos. Pero su arribo no significa un fin, sino una transición. Al igual que en el apartado anterior, la muerte es una aliada cotidiana, cuya imagen constituye un imperativo para disfrutar cada día (carpe diem). 

Leonardo (20 años, músico) sostiene que la imagen de la muerte “simboliza que todos somos iguales: no hay color de piel ni distinción de sexo”. Para él esta imagen es portadora de una enseñanza sobre humildad. En su discurso reflexiona sobre el significado del tatuaje en su brazo: “tenerla presente todos los días te hace vivir de otra manera, como que tratando siempre de aprovechar al máximo”. 

En el mismo sentido, Jairo (23 años, comunicólogo) describe que los cráneos y huesos que porta en la vestimenta representan la vertebra esencial de las personas, aquello que los soporta en la vida. Como si se tratase de un cimiento común, sus palabras señalan también la idea de una certidumbre universal: “transitar cada día con la muerte me recuerda la finitud de la vida, la única certeza”. 

De manera similar se encuentra la respuesta de Ximena (26 años, publicista): 

Recientemente me rayé un escarabajo con un cráneo. Para los egipcios el escarabajo representaba protección en la vida y posibilidad de resurrección en la muerte. Para mí este tatuaje representa, precisamente, la dualidad muerte-vida. También es lo que todos tenemos en común, sin importar lo que eres. La muerte me representa un pretexto para celebrar la vida que poseemos y la de las personas que ya no están en este plano, lo que hicieron y nos dejaron mientras respiraban el mismo aire. Y pues también me es significativo como una oportunidad de renovarnos diariamente hasta que la muerte llegue por nosotros.


En el testimonio anterior se encuentra de nuevo una referencia al carácter democrático de la muerte, al ciclo vida-muerte y a la adopción de una filosofía basada en el carpe diem. En relación con este último aspecto –arguye Edgar Morin–, el hombre (que se dice la medida de todas las cosas) no puede nada frente a la inconmensurabilidad de la muerte. “La muerte es la única cosa fuera del poder del hombre, la única frente a la cual él es impotente totalmente”. Como un cerrojo impuesto a su comprensión del mundo, la muerte es la terra incognita por excelencia y ésta constituye para el hombre una falta de sentido, una alteridad radical que penetra su espíritu y lo hace consciente de su carácter mortal (MORIN, 1950). 

Ante esta certeza, el hombre rechaza a la muerte y la hace retroceder. Para Louis-Vincent Thomas, el ser humano se caracteriza por buscar una solución de la muerte en el mito y la magia. Si hay seguridad y reconocimiento de la muerte es porque existe una promesa de continuidad, ya sea del más allá, del paraíso, del nirvana o de la reencarnación; la alusión al fin es transversal a las creencias sobre un cambio de estado, sobre una transformación. Para el antropólogo los ritos de muerte expresan y exorcizan el traumatismo de la nihilización, y con el fin de sobreponerse a la idea de la muerte, el hombre se acerca a ella en forma de mito, pues ahí encuentra su mejor mecanismo de defensa. (THOMAS, 1975). 

Conclusiones

Cuando se refiere entonces a la cercanía de los metaleros con la imagen de la muerte no se pretende de ninguna manera afirmar que éstos la aceptan mejor que el resto de los grupos sociales, sino que al utilizarla buscan expresar divergencia y neutralizarla. Pactar con la muerte y hacerla su acompañante cotidiana no significa necesariamente perderle el miedo, al contrario, es evidencia de un comportamiento neurótico singular. 

Tal como sucede con el estereotipo de la celebración de la muerte en México, en el cual ésta literalmente es edulcorada y representada de manera caricaturizada (muerte festiva, muerte familiar), su adopción en los metaleros constituye una manifestación de profunda inhibición. 

Para Sigmund Freud, la conciencia del hombre se cree inmortal, por ello la muerte es casi informulable, inimaginable, infigurable e inconcebible. En sus Ensayos sobre psicoanálisis, el psicoanalista muestra que, en el fondo, “nadie cree en su propia muerte o, dicho de otra manera, cada uno en su inconsciente está persuadido de su inmortalidad”. La muerte, dice, existe como accidente, como irrealidad e improbabilidad de concretización (FREUD, 1981).

La inhibición de la muerte hace alusión a un conjunto de mecanismos de defensa psicológicos socialmente integrados, los cuales impiden a la conciencia tenerla presente como finitud, pues esto la afecta sobremanera. La muerte no puede afrontarse más que en el mito, de ahí que sea necesario entenderla en los discursos generados a su alrededor, ya sea con una imagen socarrona, en el caso del día de muertos (interpretado como familiaridad y celebración), o bien con una amenazadora, por ejemplo, en caso de los metaleros (la cual funge como una alianza y símbolo de identidad). Para este grupo social, la muerte es una representación simbólica de una tregua con el enemigo (si no puedes contra él, únetele). 

Cuando E. Morin retoma la idea sobre la inhibición de la muerte, enfatiza la necesidad de desmitificarla si se pretende tomarla como objeto de estudio. Hay que rebasar la imposibilidad de su cuestión metafísica, pues es el hombre quien representa un problema para nosotros, no la muerte. Por ejemplo, Ana (25 años, productora musical) explicó que la imagen de la muerte representa una señal de vuelta al lugar de donde todos venimos e “indica el fin de un ciclo, hay que volver a la tierra”. Finalmente menciona: “los huesos expresan lo que no conocemos”. 

Lo que nosotros llamamos muerte es, por esencia, la conciencia que tenemos de ella y la idea que nos hacemos de una experiencia imposible de vivir empíricamente. De la muerte no podemos saber nada, afirmaba Epicuro (Carta a Meneceo), pues una vez que el “más temible de los males” llega nosotros, dejamos de ser. 

Esta reflexión fue revitalizada a través del tiempo por distintos pensadores. Para Emanuel Lévinas, por ejemplo, la muerte es un “signo de interrogación puro”, un enigma “sin respuesta” (LÉVINAS, 1973-1975). El hombre es incapaz de morir su propia muerte, incapaz de explorarla o de tener una experiencia sobre ella. 

En efecto, esta imagen no posee a la muerte en sí –sostiene Morin– está vacía como una nuez hueca: 

la idea de la muerte propiamente dicha es una idea sin contenido, o si se quiere, una idea cuyo contenido está vacío hasta el infinito. Ella es la idea más hueca de las ideas huecas puesto que su contenido es impensable, inexplorable, el no-sé-qué conceptual que corresponde al no-sé-qué cadavérico. Es la idea traumática por excelencia (MORIN, 1970).

Nada podemos saber sobre la muerte, es un enigma por excelencia. La única evidencia de ella es el cadáver y tal pareciera que la única forma de representarla –por lo menos de lidiar con ella– es en forma de esqueleto. Si la muerte es una interrogación sobre lo que no aporta ninguna posibilidad de respuesta, tenemos, por el contrario, la alternativa de observar (distinguir) las conductas rituales desencadenadas bajo su imagen en la sociedad contemporánea. 

En ese tenor, consideramos pertinente cerrar con las palabras de Francisco (36 años, periodista), quien abunda: 

la muerte es vacío, significa finitud. Eso le angustia a las personas, ver toda su grandeza reducida a restos óseos, reducida a nada. Y es que eso somos: nada. Las calaveras por doquier eso me dicen, que hay que aferrarse a la vida, al teatro. Hay que actuar como si nada fuera a pasar o como si eso no nos preocupara. 

Bibliografía

ARIES, Philippe, L’homme devant la mort, Paris: Editions du Seuil, 1977.

FREUD, Sigmund, Essais de psychanalyse, París, 1981.

LEVINAS, Emmanuel. Dieu, la Mort et le Temps, París: Grasset, 1975-1976.

MORIN, Edgar, l’Homme et la mort, París: Editions du Seuil, 1970.

PAZ, Octavio, El laberinto de la soledad, México: FCE, 1950.

REBOLLEDO, César, Le remythification de la mort dans la société contemporaine. Tesis de maestría, Université Paris 5 Descartes-Sorbonne, 2007.

________, Identidades: auto y hetero reconocimiento a partir del estigma en la devoción juvenil de San Judas Tadeo, Tesis de doctorado, Colegio Mexiquense AC., 2014.

THOMAS, Louis-Vincent, Anthropologie de la mort, París: Éditions Payot, 1975.

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