La pérdida de biodiversidad cruza la 'línea roja' en el 60% del planeta

Jul 2016

Los seres vivos están acorralados. La actividad humana está haciendo desaparecer especies a un ritmo entre 1.000 y 10.000 veces superior a lo que debería ser el ritmo natural. Cerca del 80% de los bosques originales que cubrían la Tierra hace 8.000 años han sido talados, dañados o fragmentados, según un informe de la Comisión Europea. El 30% de las casi 80.000 especies que evalúa cada año la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés) están consideradas como amenazadas por la extinción. Y la más peligrosa espada de damocles que se cierne sobre la vida en el planeta es la pérdida de hábitats y la degradación de los mismos, que afecta al 80% de las especies evaluadas.


Esta realidad es conocida por los científicos desde hace años y algunos de ellos ya reclaman que se actúe contra el problema de forma global con un acuerdo auspiciado por Naciones Unidas del mismo modo que se ha hecho contra el cambio climático. Ahora, un estudio revela que esta pérdida de fauna y flora por todo el mundo está alterando ya los ecosistemas de tal forma que podría poner en peligro también la continuidad de las sociedades humanas.

"Es la primera vez que se cuantifica el efecto de la pérdida de hábitats sobre la biodiversidad global con este nivel de detalle. Y lo que hemos visto es que la mayor parte de la pérdida de biodiversidad ya ha sobrepasado los límites de seguridad sugeridos por los expertos", asegura Tim Newbold, investigador del University College de Londres y autor principal del trabajo recién publicado en la revista Science.

El estudio ha analizado casi dos millones de registros de abundancia de más de 39.000 especies en 18.659 lugares diferentes. Sin duda es el análisis más amplio que se ha realizado hasta la fecha. Aunque la pérdida de especies varía mucho de un lugar a otro, los autores han podido concluir que la abundancia local de animales y plantas ha caído hasta alrededor del 85% de su valor original en ausencia de usos humanos del suelo.

Newbold y sus colegas buscaban poder comparar los datos de pérdida de biodiversidad resultante con una reciente propuesta realizada en un estudio publicado por Will Steffen en la revista Science que ponía la línea roja en no bajar del 90% de la densidad original para no entrar en territorio inseguro para la propia Humanidad. Los ecólogos proponen que a partir de ese límite de seguridad los servicios ambientales que proveen los ecosistemas y que permiten buena parte del bienestar de la sociedad humana -tales como agua potable, polinización, fibras para fabricar ropa, descomposición de residuos o alimentos- estarán críticamente amenazados. Y las conclusiones recién publicadas por Newbold y su equipo no indican nada bueno en este sentido. Según sus datos, el 58,1% de la superficie terrestre mundial, donde vive más del 70% de la población global, ha perdido tantos animales y plantas que ya ha rebasado ese límite a partir del cual podría ser incapaz de soportar a las sociedades humanas.

Los ambientes que más afectados se han visto por esta pérdida de especies son las praderas, las sabanas y los matorrales, pero según el trabajo 9 de los 14 grandes biomas terrestres han caído por debajo del límite de seguridad.

Si todo ese territorio ha cruzado ya la línea roja de la biodiversidad, ¿por qué aún no hemos notado muchos más ejemplos de los efectos negativos sobre el ser humano? Aunque los resultados del reciente estudio son incontestables y las cifras de pérdida de especies son muy elevadas, aún está en debate entre la comunidad de la Ecología la validez de esos límites señalados por Steffen (marcados en la pérdida de un 10% de abundancia de individuos o la extinción total de un 20% o más de las especies de un determinado lugar).

"Sabemos que la pérdida de biodiversidad afecta a la función de los ecosistemas, pero cómo lo hace no está del todo claro. Lo que sabemos es que en muchas partes del mundo estamos acercándonos a una situación en la que la intervención humana podría ser necesaria para soportar las funciones de los ecosistemas", explica Newbold.
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