¿Rechazar o aceptar la tecnología capaz de mejorar la raza humana?



¿Estaría dispuesto a que unos cirujanos le implantaran un microchip en el cerebro que mejorara su memoria? ¿Querría que un genetista editara el ADN de su hijo para eliminar mutaciones asociadas con enfermedades, o para hacerle más inteligente, alto o musculoso para poder correr como el viento? 

Ahora mismo nada de esto es posible. Pero algunos científicos y futuristas creen que las tecnologías de bioimpulso desarrolladas inicialmente para ayudar a personas enfermas y lesionadas estarán disponibles para mejorar a personas sanas dentro de un par de décadas. En ese momento, la sociedad se verá obligada a decidir si lo aprueba o no.

Esta semana, el Centro de Investigaciones Pew publicó los resultados de una gran encuesta que preguntó a adultos estadounidenses si estarían dispuestos a ser biomejorados. La conclusión: el público sigue estando reacio.

La encuesta preguntó a 4.865 personas si se sentían cómodas con tres mejoras que tienen muchas probabilidades de estar disponibles en un futuro próximo: la edición genética que dota a los bebés de unos riesgos "muy reducidos" de padecer enfermedades; un chip que se implanta en el cerebro para mejorar las capacidades cognitivas; y la sangre sintética que mejora significativamente la forma física.


El veredicto fue negativo en general. Más del 60% de los encuestados afirmaron sentirse algo o muy preocupados acerca de estas nuevas tecnologías, y en la misma medida dijeron que no querrían aplicar estas mejoras ni a su sangre ni a su cerebro. La opinión estaba dividida a partes iguales sobre la posibilidad de mejorar el ADN de los niños, con un 50% que se opuso y un 48% que afirmó estar dispuesto a hacerlo. Esto sea posiblemente porque la pregunta sugería que la tecnología sería empleada para curar enfermedades, no para mejorar a un niño ya sano.


Foto: El gráfico muestra las respuestas de adultos estadounidenses ante dos posibles mejoras de edición genética: la edición genética de bebés para reducir el riesgo de padecer enfermedades (izquierda) y un chip que se implantaría en el cerebro para mejorar las capacidades cognitivas (derecha). El gris claro representa el porcentaje de encuestados que contestaron que no sabían si estarían dispuestos a emplear la tecnología en cuestión, el gris oscuro representa las respuesta afirmativas y el negro representa las respuestas negativas. Crédito: Centro de Investigaciones Pew. 

Ciertamente, el público sólo es vagamente consciente de los avances de la biotecnología.Alrededor del 90% de los encuestados sabían entre poco y nada sobre la edición genética, mientras que un porcentaje aún menor sabía algo sobre las investigaciones de fase temprana de implantes cerebrales.

Pero su falta de conocimientos no les impidió expresar sus dudas. Estas incluyeron el temor de que sólo los ricos reciban cualquier cosa buena que salga de estas tecnologías; de que los "mejorados" se sientan superiores a los "no mejorados"; y de que estas mejoras sean moralmente indeseables.

La encuesta encontró que los estadounidenses religiosos registraron los puntos de vista más negativos respecto a estas mejoras, y que las mujeres se mostraron sistemáticamente más escépticas que los hombres. También revela que cuánto más supieran los encuestados sobre tecnologías como la edición genética, más probable era que aprobasen su uso, aunque se mostraron más cómodos con un cambio gradual en lugar de radical y querían poder activar y desactivar sus bioimpulsores.


Fuente: Technologyreview
Compartir en Google Plus

    Comentario Blogger
    Comentario Facebook

0 comentarios:

Publicar un comentario